Alberto Ballesteros regresa a Libertad 8 con su último acústico en directo

Alberto Ballesteros
El cantautor Alberto Ballesteros (Madrid, 1983) regresa este sábado 18 de diciembre a la mítica Libertad 8 junto al violinista Manu Clavijo, un fijo en casi todos sus conciertos. Regresan para celebrar que han conseguido superar el crowdfunding que lanzaron para editar su último disco, La fiesta en paz, y para despedirse de los directos acústicos. «Tal y como está grabado este último trabajo, mi idea es tener una banda más completa y empezar a girar por otro tipo de salas, tipo Sol o Costello», anuncia.

Gema L. Albendea / @GemaLAlbendea

Alberto Ballesteros
Alberto Ballesteros, en un momento de la entrevista / G.L.A.

Quedo con nuestro entrevistado en una de sus zonas favoritas de Madrid: la plaza de Ópera, un lugar cargado de historias de las que le gustan al cantautor Alberto Ballesteros. Son estos rincones antiguos de la capital los que le han reconciliado con la urbe después de pasar parte de la pandemia en el pueblo de sus padres, en la Cuenca vaciada, su otro lugar favorito del mundo. Allí ha aprovechado para escribir sus primeros versos poéticos sin música, que ha podido plasmar en el libro El verano más largo.

«La paternidad me ha ayudado a reencontrarme con la poesía»

«Mi relación con la poesía desde el punto de vista literario es de aficionado total. Los clásicos en castellano siempre me interesaron, aunque poco a poco los fui dejando de lado. Hasta hace tres años, cuando me convertí en padre y mi tiempo de lectura se redujo al mínimo. Como no podía seguir el hilo de ninguna novela, volví a reencontrarme con la poesía: tenía siempre a mano algún libro para ir leyendo poemas poco a poco en mis momentos de escape». Así que es literal cuando Ballesteros asegura que «la paternidad me ha ayudado a reencontrarme con la poesía».

Por otra parte, reconoce haberse visto muy influido por su amistad con el escritor y poeta Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976). «Nos conocimos hace diez años, cuando yo pensaba que todos los poetas estaban muertos», explica entre risas. «Y éste no sólo estaba vivo, sino que salía conmigo de fiesta y nos divertíamos un montón juntos. Es un gran referente por los textos que escribe y por las recomendaciones que me da».

Como buen amigo, Pérez Azaústre ha sido el encargado de hilar el cariñoso prólogo de El verano más largo, de la misma forma que Ballesteros creó un disco a partir de su Canción del Jinete Eléctrico (Premio Jaime Gil de Biedma 2013). «Él me prestó sus poemas y yo los ‘rompí’ para hacer canciones».

De la urbe al pueblo…

Con este ejercicio de escritura, que ha terminado transformándose en un libro de textos sencillos, Ballesteros ha querido transmitir sus vivencias pandémicas en el pueblo de sus padres. «He ido muy a menudo desde que nací, pero con un concepto diferente: el pueblo había sido siempre un lugar de vacaciones al que iba con mucha ansia, donde vivía muchas cosas muy rápido, y del que volvía llorando de la pena que me daba dejarlo atrás al llegar septiembre. Pero el año pasado no volvimos, nos quedamos en familia alargando el verano. De ahí el título del libro».

«De repente estás en un sitio que se vacía, con muy poquita gente, y tienes más tiempo para paladear lo que ya conoces, para verlo de otra manera, escuchar historias de corrales, de plantas, de los ciclos de la agricultura, del cambio de colores que ofrece el otoño… Una experiencia que a mí me conmovió y que me empujó a escribir, pero de una manera diferente a como lo hago para hacer canciones, necesitaba toda la libertad del mundo, sin pensar en rimas ni dobles mensajes», explica.

De esta manera, Ballesteros fue escribiendo un poema cada noche, según acostaba a sus hijos. «Primero rápido, de una forma poco reflexiva. Y después, cuando vi que aquello me iba gustando, le fui dando vueltas a los textos, pero siempre con un lenguaje muy sencillo, sin pretensiones intelectuales. Algo muy personal pensado para la gente que más me conoce».

…Y del pueblo a la urbe con nuevo disco

Aunque el nivel de arraigo con su pueblo es grande, una vez que se empezaron a abrir las puertas en Madrid, el cantautor volvió a las callejuelas del centro para dar forma y empuje a un disco que ya estaba casi cocinado antes del encierro: La Fiesta en Paz. Para quien no lo conozca, Ballesteros lleva más de una década sembrando sus canciones por multitud de salas madrileñas.

«tengo muchas influencias y muy variadas. Aunque hay un referente al que no me parezco y del que he bebido mucho: rosendo»

Sobre todo, en La Fídula, donde ha vuelto a tocar recientemente por primera vez en mucho tiempo, y en Libertad 8, donde le podremos escuchar el 18 de diciembre en formato acústico matinal junto al violinista Manu Clavijo, un fijo en la mayoría de sus conciertos. «Con él queremos celebrar que hemos conseguido el objetivo del crowdfunding que tenemos en marcha para que el disco pueda ver la luz en formato físico. También es una casi despedida de los directos en acústico, porque tal y como está grabado este último trabajo, mi idea es tener una banda más completa y empezar a girar por otro tipo de salas, tipo Sol o Costello».

Hablamos de canciones más roqueras, que huelen a Bob Dylan, a The Beatles, a Rolling Stones, pero también a Calamaro, a Coque Malla y a Duncan Dhu. «Tengo muchas influencias y muy variadas. Aunque hay un referente al que no me parezco y del que he bebido y aprendido mucho, sobre todo en la manera de hilar las frases, y ese es Rosendo. Es el que más me gusta y creo que es algo que se nota en mis canciones. De hecho, en el último disco hago una referencia muy clara como homenaje. Espero que no parezca que le estoy robando», avisa entre risas.

Entre los colaboradores que han trabajado con él en este último trabajo están el batería Pedro Cuevas; Ángel Pastor y Javi Martín a las guitarras; a los coros Esther Zecco y Patricia Lázaro, «con la que canto una canción a medias»; el también cantautor Kike M y el productor Kike Izaguirre, que además ha grabado los bajos; y Manu Clavijo al violín, «que es como un hermano, con él llevo tocando toda la vida en acústico».

Alberto Ballesteros
Ballesteros, con un ejemplar de su último libro, ‘El verano más largo’ /G.L.A.

«Todos ellos son grandes amigos. En realidad, este disco ha surgido muy de la amistad y de esa necesidad de reencontrarnos. Llevábamos mucho sin vernos y, de repente, estábamos todos juntos tocando mis temas, con muchos de esos amigos a los que más ganas tenía de ver. Yo creo que ha sido por eso por lo que ha quedado tan chulo».

Nos despedimos en el Café del Real, junto a la calle de la Escalinata, una de las más castizas que se pueden encontrar por el centro, en la que aprovechamos para hacer unas fotos. «Siempre me ha gustado esta zona y todo lo relacionado con la historia. La he visto a través de las novelas de Galdós, o de los artículos de Larra. Me encanta prestarles atención a las cosas del pasado, las tradiciones y las anécdotas. Y aunque mi pueblo me guste, no puedo despegarme de estas calles». Y ahí le dejamos, pegado a una de ellas.

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