Antonio Crespo Foix, el tejedor de nieblas

Antonio Crespo Foix

ARTE/ESCULTURA

Hasta el próximo 12 de octubre, el Museo Municipal de Valdepeñas (Ciudad Real) acoge una nutrida muestra del trabajo de Antonio Crespo Foix (Valdepeñas, 1953), Levedades.

Una oportunidad inestimable para dejarse llevar por este artista siempre reconocible, siempre dejándote en el alma un regusto a hondura, a querer penetrar en el misterio de sus obras, a conocer sus intuiciones.

 

Antonio Crespo Foix

Agustín Laguna / @agustinlagunalopez

«Me gustaría que las brumas o nubes que planteo se entendieran como difusos espacios de niebla que suelen habitar y convivir en nuestro interior y que también acompañan a nuestra propia levedad».

Conozco la obra de Antonio Crespo desde hace muchos años. Encuentros fortuitos en Arco, en algún certamen internacional de arte, formando parte de alguna exposición… Y de nuevo la fortuna me ha llevado hasta él en sus piezas en Valdepeñas, su ciudad natal.

Cuando pensamos en escultura a menudo nuestra mente imagina algo pesado, de sólidos materiales impenetrables. Nada más lejos de Crespo, que contrapone esta visión tradicional con sus obras etéreas y evanescentes. Cierto que este concepto no es nuevo en el ámbito escultórico y, de hecho, hay otros autores que han trabajado y trabajan con el vacío, el aire y lo efímero, pero Crespo consigue sublimar lo liviano, la fragilidad.

Los  materiales que utiliza son mayoritariamente procedentes de la naturaleza y en su mayor parte de origen vegetal: madera, polen de álamo, rafia, vilanos o molinillos de viento… tan delicados y huidizos que necesitan de una osamenta que los sostenga con igual delicadeza y con capacidad para disolverse en la obra, desaparecer y volverse casi invisibles hasta que las entrañas y la epidermis se confundan, sean inseparables. Así, en sus marañas vegetales, el ojo atento percibe finos alambres, alfileres que construyen geometrías imposibles o elementos metálicos que cooperan a que sus piezas gocen de ingravidez.

Antonio Crespo Foix

Antonio Crespo Foix pone especial atención en los títulos. «La LEVEDAD es vocación común en todas mis obras», nos dice. Los títulos sirven  para desvelar la naturaleza poética de sus trabajos. Tejedor de nieblas es el título de una de sus piezas, y a la vez lo define a él mismo.

Nos cuenta que en la creación siempre existen espacios de inseguridad que hacen difícil su verbalización, por lo que siente la necesidad de preservar su poder de insinuación dejando que los trabajos hablen por sí mismos. Se trata de mostrar el misterio pero sin desvelarlo. Hay un predominio de las consideraciones visuales, sensitivas e intuitivas sobre el concepto. Lo que no significa, en absoluto, que sus piezas estén carentes de significado. Muy al contrario, su riqueza semántica es abierta y personal. Sus piezas nos hacen partícipes de la propia fragilidad.

Crespo nos confiesa que aún cree en el misterio y la magia. Quizá eso sea lo que le hace tremendamente atractivo. Describiendo metáforas de nubes, sombras, nieblas o atmósferas crea una «poética de lo esquivo»

En su proceso de creación interviene la ensoñación, la búsqueda, el azar y la incertidumbre que se van concentrando tímidamente y en silencio, superponiendo capas, laboriosamente, como un capullo de fino hilo de seda.

Silencio. Contemplación. Silencio. Meditación. Silencio.

La obra de Antonio Crespo no está hecha para consumirse a toda velocidad. Se necesita tiempo y una mirada recurrente. Así podremos descubrir una especie de niebla donde se intuyen las formas. Se huye de la desmesura y la grandilocuencia, buscando más la  intimidad, la quietud.

Crespo nos confiesa que aún cree en el misterio y la magia. Quizá eso sea lo que le hace tremendamente atractivo. Describiendo metáforas de nubes, sombras, nieblas o atmósferas crea una «poética de lo esquivo», de lo que se escapa, si las pudiéramos tocar sus obras se derramarían entre nuestros dedos o levitarían inaprensibles en el espacio.

A la vez busca provocar un conflicto con la geometría que describen sus redes metálicas, intentando que se pierda su carácter frio y racional para transformarse en algo orgánico y biológico que transcienda su materialidad.

En sus obras, que recuerdan en ocasiones a las crisálidas no hay peso. Hay evaporación, transformación, disolución de la realidad inaprensible. Es la búsqueda de la delicadeza extrema, del interior que se revela y finalmente vuela.

Hasta el 12 de octubre. Museo Municipal de Valdepeñas (Ciudad Real).

*Para saber más:

Antonio Crespo FoixAntonio Crespo Foix nace en 1953 en Valdepeñas (Ciudad Real). Licenciado en Bellas Artes, especialidad de Escultura, por la Facultad de San Carlos de Valencia. Hasta 2014, profesor de Dibujo en el IES Bernardo de Balbuena de Valdepeñas. Desde 1996, diseñador de las portadas de la revista Novática, que participa desde el año 2000 en el proyecto UPGRADE, revista digital promovida por CEPIS (Council of European Professional Informatics Societies).

 

 

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