Avión de papel: hojas ante mi verja

Simon Armitage

El pasado 17 de octubre La Plaza Invisible vivió un hito con la visita de Simon Armitage, que es, desde 2019, el actual Poeta Laureado del Reino Unido, cargo que implica altísimos honores pero también abrumadoras obligaciones (como escribir el obituario oficial en verso de la reina Isabel II).

El paseo por Madrid que lo trajo a nuestra plaza sirvió para presentar ese Avión de papel. Poemas escogidos 1989-2014 que ha publicado la editorial Impedimenta, una amplia retrospectiva de su obra en verso que ha sido traducida, prologada y anotada por el poeta y crítico Jordi Doce.

Simon Armitage
La internacionalización de La Plaza Invisible ha llegado de la otra orilla del Canal de la Mancha con Simon Armitage / Foto: J.M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

La entendamos como la entendamos, la realidad es algo que está siempre pendiente de explicación, y que, por más que no pensemos en ello (o por más que la demos, por definición, por supuesta), resulta siempre misteriosa. Basta con quedarse cinco segundos en completo y atento silencio, mirando alrededor, para comprobarlo: es todo muy extraño.

Y sin embargo, sea o no consciente de lo anterior, hay toda una caudalosa corriente de la poesía (o varias vetas de ella, en realidad, desde muchas fuentes y con muy distintos matices) cuya principal lección no sólo temática sino estilística es que casi nunca conviene complicarse tanto.

Frente a otras perspectivas que andan justificadamente obsesionadas con esos misterios evidentes pero inextricables que alberga lo que vemos, esta otra de la que hablaba decide desentenderse de todo lo que no sea concreto y abarcable y quedarse con lo tangible, con lo próximo, para tratar también de exprimirlo, de entenderlo, ya sea con actitud de protesta, o de homenaje, o de celebración…

Lo anterior no tiene nada que ver con la calidad literaria de nadie: hay de todo, y en todos los grados, en cualquiera de las posturas, y en cualquiera de las variantes de las mismas. Pero sí tiene que ver con, digamos, la filosofía de partida, el espíritu con el que se emprende un esfuerzo poético (y que muchas veces no se elige, o al menos no conscientemente). Por decirlo de otro modo, no mucho más claro ni preciso, aquí todos estamos al servicio de la vida, pero unos lo están al servicio de la Historia (la cual implica al presente, a la cotidianeidad de cada cual) y otros se entregan a la especulación, a conjeturas más abstractas. Y por ambos caminos puede uno perderse del todo o llegar a algún destino luminoso.

Simon Armitage

Simon Armitage (West Yorkshire, Inglaterra, 1963) es un poeta que, en ese sentido, ha llegado a sitios bastante relevantes, y no lo digo ahora por su prestigio o por el modo en el que ha sabido ser escuchado (lo cual, a su vez, lo ha llevado a los máximos reconocimientos en su país), sino por el éxito estrictamente interno de sus versos, que, nacidos a menudo de espacios sociales muy poco vistosos o muy mal ventilados, ha conseguido alumbrar y elevar esa realidad de la que hablábamos al principio.

Desde su primer libro, el poco menos que popular ¡Zum!, de 1989, Armitage es alguien que ha sido fiel a su propia vida, lo cual no pasa en su caso por retratar la propia intimidad sino por mirar y contar y cantar lo que se tiene al lado, lo que hace el vecino, lo que le pasó a la abuela o reproducir sin demasiada reelaboración un chiste que te han contado en el instituto. Y, eso sí, esa fidelidad a lo que uno mismo es y a lo que uno mismo ha vivido afecta de un modo determinante al lenguaje, que es, al cabo, la nave nodriza última de todos los problemas de la poesía.

Armitage consigue de algún modo expresar su propio mundo y dar cuenta de su propia mirada sin comprometerse directamente, sin exponerse en exceso, sin caer en el patetismo que casi siempre implica lo directamente confesional

Quiero decir que en los poemas de Armitage la Policía es «la pasma», el dinero es «la pasta» y no se duda ni un segundo en reproducir expresiones vulgares si de hecho son las que circulan en el entorno de quien, insisto, quiere ser un leal retratista de lo que hay, o de quien entiende que a la Verdad sólo se llegará a través de pequeñas verdades colectivas. Es toda una revelación que se pueda llegar a Poeta Laureado del Reino Unido (algo así como un pintor de corte pero no con los pinceles sino con la pluma) hablando de «mierda» o de «pastis» o narrándose episodios de enorme y arbitraria violencia, y no porque sea ésa la voz real de Armitage, sino porque él se la cede a los demás, que monologan así en sus versos. (y, por descontado, esos no son los temas de su poesía, sino la superficie, el modo inevitable de escarbar).

Es algo así como un pacto del que sólo fuera consciente una de las partes: gentes a las que jamás se les ha pasado la posibilidad de escribir un verso (o que incluso despreciarían esa tarea, que, ya se sabe, es propia de holgazanes y de raritos…) consiguen expresar sus pequeñas alegrías, sus modestos descubrimientos o sus inmensas desesperaciones a través de los versos de Armitage, quien, a su vez, consigue de algún modo expresar su propio mundo y dar cuenta de su propia mirada sin comprometerse directamente, sin exponerse en exceso, sin caer en el patetismo que casi siempre implica lo directamente confesional.

No es un desdoblamiento en otros personajes por parte del poeta: es más bien, me parece, algo así como un acto de delegación (y delegar, es, según el diccionario de la RAE, «Dar la jurisdicción que se tiene por dignidad u oficio a otra, para que haga sus veces o para conferirle su representación»…).

Es algo que está por todas partes y de muchos modos en Avión de papel. Poemas escogidos 1989-2014, una contundente retrospectiva (más que una antología, palabra que cada día detesto más) de su obra, en la que, habiendo muchos registros o explorándose múltiples posibilidades, llama la atención que (salvo en sus más o menos recientes proyectos de traducción al inglés actual de poemas, cantares o baladas antiguas) no hay casi evolución en lo fundamental: todo lo que se ha podido ir diciendo de la poesía de Simon Armitage estaba ya en ¡Zum!, y a lo largo de sus muchos libros ha ido insistiendo en esas certezas, en ese modo de proceder, con cambios formales y probando aquí y allá algunas licencias, pero firme en la actitud de sus primeros versos.

UNA TRADUCCIÓN IMPECABLE

Y hablando de licencias, es necesario de todo punto aplaudir muy en serio el trabajo que en la traducción, el prólogo (excelente) y en las notas aclaratorias ha hecho el poeta Jordi Doce, digno del próximo Premio Nacional de Traducción, a pesar de la imposibilidad de trasladar la música de la métrica original o, me parece (apenas puedo leer en inglés) el tintineo de algunas rimas leves (ver, por ejemplo, el poema que reproducimos completo abajo) o de algunas aliteraciones.

La calidad de lo que ha hecho Doce pasa por aportar él mismo un considerable esfuerzo creativo, y en traducirlo todo no sólo a nuestro idioma sino a nuestro ámbito: así, un libro titulado Cloudcuckooland es aquí En Babia, o el Christian Aid ha sido transformado en Cáritas (p. 229). No son abusos por parte de Doce: es lo que había que hacer, y más, por todo lo que he dicho arriba, al tratarse de un poeta como Armitage, tan apegado a lo inmediato y a lo reconocible.

 

Simon Armitage

 

EL MENSAJE

Dejé un mensaje en casa de mi padre

escrito con monedas de céntimo ante la puerta delantera.

Ahí le decía qué estrella era mi próximo destino,

qué canal ver, qué botón apretar.

Tendría que haber esperado, haber dicho en voz alta

aquel mensaje, pero era joven y apuesto y tenía prisa.

 

Mientras estuve fuera, respondió con guijarros

y hojas ante mi verja. pero llegó una tormenta

del oeste y diluyó toda forma y sentido.

 

Guardé su mensaje roto en una lata

y lo vacié en el suelo del sótano, esperando

que formara una letra o incluso una palabra.

Y soy todo aflicción, y miro fijamente el negro espacio

para encontrar sus ojos, leer su rostro.

 

THE SPELLING

 

I left a spelling at my father’s house

written in small coins on his front step.

It said which star I was heading for next,

which channel to watch, which button to press.

I should have waited, given that spelling

a voice, but I was handsome and late.

 

While I was gone he replied with pebbles

and leaves at my gate. But a storm got up

from the west, sluicing all meaning and shape.

 

I keep his broken spelling in a tin,

tip it out on the cellar floor, hoping

a letter or even a word might form.

And I am all grief, staring through black space

to meet his eyes, trying to read his face.

 

*Ficha bibliográfica: Simon Armitage, Avión de papel. Poemas escogidos 1989-2014, Madrid, Impedimenta (col. Impedimenta Poética, 2), 2024. Traducción, prólogo y notas de Jordi Doce.

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