‘Cosas asombrosas ocurrirán hoy’: Compartir la intemperie

Cosas asombrosas ocurrirán hoy

Desde hace unos pocos días hace muchísimo frío en La Plaza Invisible, pero hoy hemos escogido uno de esos libros que nos abrigan e incluso nos abrazan.

La vitoriana en Barcelona Carmen Berasategui ha tenido la amabilidad de acercarse al rincón más silencioso y secreto de Madrid para traernos un libro que, más que un título, luce todo un manifiesto: Cosas asombrosas ocurrirán hoy, publicado por la editorial zaragozana Olifante.

Cosas asombrosas ocurrirán hoy
Carmen Berasategui, posando en un rincón de La Plaza Invisible / Foto: J.M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Ni los niños jugando, ni el amor, ni una playa inmensa…: no hay mejor metáfora de la felicidad que un gran desayuno, y en este libro, donde también aparece todo lo demás (y, en algunos casos, sus reversos: niños que protestan, «una vida rota», un pájaro muerto entre las olas…), se desayuna bastante. Tengo muy comprobado que a la gente a la que le gusta desayunar es gente enamorada de la vida, y en este precioso libro, decía, no sólo se desayuna en varios poemas sino que en general se cocina y se come en muchos versos, por ejemplo «una ensalada de arroz gloriosa», aunque por otra parte sea verdad que «el hambre nunca cesa».

En un tiempo que, ya desde hace años, parece preferir los libros monográficos que las reuniones de poemas, conviene recordar que, en principio, la unidad de la poesía es el poema: ni la sección, ni la serie, ni el cuaderno, ni el libro ni desde luego el proyecto. Por supuesto que puede haber poemas que ocupen todo un libro o toda una vida, pero la unidad de la poesía es el poema.

A mí me hacen desconfiar los libros sobre algo (en realidad, de hecho, desconfío también de los poemas sobre algo: el tema de un poema es siempre el poema), y por eso me cae bien que Cosas asombrosas ocurrirán hoy, el nuevo libro de Carmen Berasategui (Vitoria, 1978), sea tan diverso, que contenga páginas de enfoques y formas tan diferentes.

Su metodología parece haber sido no la de decidir de qué quería escribir (en poesía, insisto, es mejor no decidir demasiado), sino escribir un poema y meterlo en una carpeta, escribir con el tiempo otro y añadirlo, y después otro, y… Y un día, de repente, escribir un último poema estremecedor en su potencia (lamento chafar el efecto final, pero hay que citarlo: «Quería bastarte») y saber que se tiene un libro, una reunión de poemas, textos muy distintos que dan cuenta de lo vivido y sentido y gozado y padecido durante algunos años, y en los que, haciendo balance, quiere adivinarse «una vida sin deudas».

Cosas asombrosas ocurrirán hoyDe este libro me ha gustado todo, desde lo importante hasta lo menudo, desde su espíritu hasta que Berasategui lo firme con su nombre (y no con ese seudónimo, Mara Carver, con el que presentó su debut: seguramente exagero, pero ante los alter egos siempre tengo la sensación de que hay cierta relajación en la responsabilidad), desde su mirada (lo que más cuenta en literatura) o, mejor, sus miradas, hasta la forma en la que se deja observar en algunos poemas…

Me gustan sus poemas deliberadamente narrativos y los más líricos, los muy extensos y los brevísimos, las elegías y los himnos; me gustan los títulos parciales; me gusta imaginarla bajo «un cielo aragonés desconocido» y, voyeurismos inofensivos aparte, también entrando en el mar, aunque sea para recoger el cadáver de un pequeño pájaro.

Me gusta también cómo se describe en cierto poema como «una furia alegre» (y exactamente así, sin apenas conocerla, es como la percibo: una mujer muy activa y enérgica, e incluso con, digamos, un excedente de energía que sin embargo ha acertado a encauzar bien, hacia lo creativo, lo protector para todos, lo familiar, los niños, lo edificante…, centrándose en lo bueno y no en los vaivenes o en los saltos de mata; una persona que tiene una multitud de voces dentro, pero que ha sabido centrarse y construir espacios hospitalarios, llenos de cariño y de cuidado; plural pero no dispersa, excesiva pero no intensa, tal vez un poco agobiada por su propia cantidad de ideas y de impulsos pero no agobiante para los demás…, lo cual no apunto porque crea en absoluto que sólo se puede escribir buena poesía desde la bondad, sino porque sí creo ingenuamente en la bobada de que lo bueno, si bondadoso, dos veces bueno).

me gusta, en ella, lo experimental y lo prosaico; me gusta su alegría y, si se me quiere entender, me gusta su tristeza

Me gustan los poemas basados en enumeraciones y me encanta ese poema final ya citado; me gusta, en ella, lo experimental y lo prosaico; me gusta su alegría y, si se me quiere entender, me gusta su tristeza y me gusta sobre todo cómo las escribe y cómo, en el fondo, las celebra, cómo entiende que la vida es una, y la vida es todo, y que la vida manda, totalitaria, sin que podamos hacer distinciones y apartados, sin poder renunciar ella a nada, sin querer ya rebelarse demasiado ante lo que en el fondo toca, lo que hay, y, por tanto, acertando a agradecerlo con una retorcida felicidad, una felicidad que, como perfectamente sabe, a veces duele mucho.

Me gusta suponerla o saberla contenta ante esto que ha escrito, un libro con el que da de nuevo a luz, con el que engendra un poco más de calor.

En Cosas asombrosas ocurrirán hoy hay arranques casi epigramáticos y sapienciales («Afanarse / en ser amado / es un despropósito. // Tú ama. / ¡Ama! // Ése es el motor») y largos poemas de estirpe más social en los que sufre con las noticias (como en «Poesía o denuncia», sobre la violencia contra las mujeres) o en los que, más que dar consejos, hace algún recordatorio necesario a las madres, que han de cuidarse no para poder cuidar aún más sino porque sí, por ellas.

Hay poemas de viajes o, mejor, de estancias en islas de postal, pero hay cotidianidad por todas partes (e incluso se logra expresar la cotidianidad conseguida en una isla remota). Hay poemas lacónicos y poemas desbordantes, poemas contenidos y poemas excesivos, poemas de amor conyugal o de amor a los hijos y poemas lastimados en lo más profundo, heridos hasta lo indecible, aunque ella consiga decirlo.

‘Cosas asombrosas ocurrirán hoy’ es, en verdad, un gran libro, un ejemplo de cómo la poesía es esa compañía con la que se puede contar y vivir siempre

No hay muchas poetas dentro de Carmen Berasategui, más bien es que ella tiene muchos registros, muchas voces o, mejor, es que ella no calcula, escribe desde la necesidad, desde la euforia, desde el dolor, pero todo sincero, todo es aquí verdad porque lo era, de una forma extrema, en el momento de la escritura. Y Cosas asombrosas ocurrirán hoy es, en verdad, un gran libro, una lección involuntaria, un ejemplo de cómo la poesía es esa compañía con la que se puede contar y vivir siempre.

LLUVIA OBSCENA

Cuando los mangos caían

bajo el cielo sereno

e invadían con gran estruendo

el tejado de nuestra cabaña

pensé: la vida es endiabladamente

hermosa.

 

Y arbitraria.

Por qué nosotros.

Por qué.

Reinaba la perfección

en aquel punto de la Tierra.

Y de pronto,

sin merecerlo,

los mangos llovían

sobre nuestra guarida.

Mangos carnosos

para nuestras bocas

hambrientas.

Hambre de ansia,

de juventud,

de regocijo.

Rezumábamos abundancia.

Ahora, a por otra vida

–como dijo una poeta–,

una vida sin deudas.

Ficha técnica: Carmen Berasategui, Cosas asombrosas ocurrirán hoy, Zaragoza, Olifante, 2022

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