‘Cristal y llama’: la luz artificial

Violeta Vaca Delgado

Sólo le falta pasar por la Academia de España en Roma para completar el Gran Slam, ya que Violeta Vaca Delgado (Huelva, 1991) fue becaria en la Residencia de Estudiantes de Madrid, pasó por la Fundación Antonio Gala de Córdoba y actualmente vive y escribe en Iowa, matriculada en su prestigioso Máster en Escritura Creativa en Español.

Tras ganar en 2019 el IV Premio Valparaíso de Poesía con su primer libro, Suave como el peligro, publica ahora el segundo en Madrid, en Libero Editorial, y lo hace con nuevo nombre (aunque sea el nombre real) y nuevos aires, con un pie en el pasado de la literatura y el otro en el futuro posible.

Violeta Vaca Delgado
La poeta Violeta Vaca Delgado (o Violeta Font en redes) trae el verano a nuestra Plaza Invisible / Foto: J.M

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Parecen dos pero son cuatro. Me refiero a las secciones en las que se divide Cristal y llama, el nuevo libro de Violeta Vaca Delgado (Huelva, 1991), y es que, aunque hay un poema de interludio (la sección II) que las separa, y un gran poema de salida (la sección IV) que lo remata todo, las partes I y III, de diecinueve y dieciséis poemas respectivamente, son tan poderosas y sobre todo tan distintas entre sí que no sólo lo dominan todo, sino que es legítima la intuición de que el título general del libro se refiere a ellas, y que cada uno de sus sustantivos, tan casi incompatibles, apuntan a un bloque.

No sé si esa secuencia de 19 + 1 + 16 + 1 contiene algún secreto (no hay que descartarlo, dado que Vaca Delgado tiene formación en Matemáticas), pero sí es obvio ese salto que intento explicar entre una mitad y otra. La segunda es mucho más experimental con el lenguaje (subversión de la puntuación, palabras que se desestructuran, juego con las cursivas, excursiones a otros idiomas, poemas en forma de cuestionario…), contiene algo de humor (no es mucho y no es nada estridente, pero a la vez es claro) y presenta un uso de la cultura muy diferente al de los poemas que abren el libro.

Si en éstos (que son los que responden a la preciosa ilustración de cubierta de la artista Erna Toepfer) hay un homenaje o mejor una reformulación explícita (aunque relativa y muy libre) de la Noche oscura del alma de san Juan de la Cruz, en los que siguen (no en vano precedidos de una cita de T. S. Eliot que habla de «un montón de imágenes rotas en las que el sol golpea», o tal vez «en las que el sol late») las referencias culturales adquieren forma de carnaval, con las que incluso, respetuosamente, se puede bromear.

Complejos, variados, divertidos, profundos, eufónicos y polisémicos, ‘Cristal y llama’ son, en realidad, dos libros, o por lo menos dos cuadernos, dos movimientos, dos proyectos o un proyecto que se bifurcó, que se dividió en dos provincias muy distintas pero vecinas

También hay cierta mitomanía, pero, una vez más, abordada más desde una actitud paródica que desde una filosofía friqui, como en el poema de la página 53, donde Vaca Delgado reproduce sin más, aunque de forma poemática, el monólogo con el que aquel amenazante trasto llamado HAL 9000 se despedía en la película 2001: una odisea en el espacio: «Sé que recientemente / he tomado decisiones / cuestionables», etcétera.

Volviendo a lo de la formación matemática de la autora, hay que observar que todo el libro está de algún modo recorrido por lo que, sin hostilidad alguna, podríamos llamar la sombra de la ciencia, es decir, momentos bien elegidos en los que se nos hace ver que esa aventura neo-mística de la primera parte o esa fiesta un poco metaliteraria de la tercera se desarrollan no sólo entre frondosos bosques y verdes espesuras bajo la luna sino en un contexto de «nodos», «circuitos», «descargas lumínicas», electricidad o incluso ese «sistema de cable de telecomunicaciones submarinos» del que se nos habla tan pronto como en el segundo poema.

Se trata, al fondo, de «un mar distorsionado», de una «luz artificial», aunque la superficie del texto pueda seguir siendo bucólica, más o menos acogedora, un locus amoenus bien conocido por los lectores: «Desnuda entre las ramas / pregunto a las criaturas / si tu gracia o hermosura / descansaron por tus valles. // Pero no conocen las fuentes tus labios, / ni las bestias de la noche tu olor. // De mis manos, al probar los frutos / recelan. Palidecen ante el deseo. / Huyen espantadas por tanto goce».

En 2019 Violeta Vaca Delgado publicó en Granada un premiado primer libro, Suave como el peligro, pero lo hizo bajo el seudónimo de Violeta Font, que por tanto (al menos de momento) no ha tenido más recorrido, más desarrollo, más vida editorial. Que para este segundo libro se recurra y se regrese al nombre real podría ser considerado una especie de repudio tácito de aquel libro de hace un lustro, pero por aquí preferimos entenderlo como un recomienzo, no una rectificación sino un reseteo: «Un destello basta para asegurar la vida».

Complejos, variados, divertidos, profundos, eufónicos y polisémicos, Cristal y llama son, en realidad, dos libros, o por lo menos dos cuadernos, dos movimientos, dos proyectos o un proyecto que se bifurcó, que se dividió en dos provincias muy distintas pero vecinas. «Todo silencio aguarda la llegada de un sol, / pero este cielo incauto que nos cuida / ha olvidado las costumbres de la naturaleza».

 

Violeta Vaca Delgado

Cómo sacar de este poema

algún azul

algún temblor

que me arrastre y lleve

fuera de mí

hacia un lugar más bello

en el que yo y yo

puedan encontrarse

 

*Ficha técnica: Violeta Vaca Delgado, Cristal y llama, Madrid, Libero, 2024.

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