Cristina García Rodero: «A mí lo que siempre me ha interesado ha sido el ser humano»

Cristina García Rodero

ENTREVISTA / FOTOGRAFÍA

Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949) nos recibe en la Galería Seltz by Ritter horas antes de la inauguración de este nuevo espacio para el arte contemporáneo en Barcelona.  Se estrenan nada menos que con la primera exposición monográfica de García Rodero en la capital catalana, Con la boca abierta.

Mujer menuda, afable, agradecida y empática, Cristina García Rodero es uno de los referentes en el arte de la fotografía también para el gran público: más de tres horas estuvo firmando, en el pasado Sant Jordi (la fiesta del libro que cada 23 de abril inunda Barcelona), su ya imprescindible libro La España oculta. Estaba previsto que solo fueran dos horas, pero García Rodero quiso dedicar varios minutos a cada persona que, como ella nos cuenta, «le vino a dar cariñito».

Hablamos con la que sin duda es una de las grandes de la fotografía española: con multitud de premios en su haber, fue la primera española en formar parte de la Agencia Magnum.

Cristina García Rodero
La fotógrafa, primera española en formar parte de la Agencia Magnum, ante una de sus obras. / Foto: Margarida Gual

Margarida Gual / @margarida_gual

P: ¿Qué recorre su trabajo Con la boca abierta?

R: Recorre el amor, el placer, el dolor, la risa, el grito, la sorpresa… Es un recorrido por todas estas emociones. Es como el niño que se queda con la boca abierta al ver el pecho de Ariadna dormida en el Museo del Prado o la niña que se come el bocadillo en el camino del Rocío. Por la boca salen nuestras emociones.

P: Los niños dan mucho juego…

R: Sí, a mí me parece que la infancia es la etapa más hermosa de la vida y los niños son naturales, espontáneos, felices. O lloran y berrean a lagrima viva y también son fotogénicos en ese instante, pero en general la infancia es la fantasía. Me gusta lo bonitos que los ponen las madres en las fiestas, con unos vestidos que parecen muñecos de lo perfectos que van. Es un placer poder sacar toda esa gracia y toda esa espontaneidad que tienen. Y esa gracia la van a perder rápidamente porque la infancia es corta, desgraciadamente es corta.

P: ¿La fotografía nos ayuda a entender la vida?

R: Absolutamente. La fotografía te hace observar, te hace prever, te hace intuir, te hace generar una idea. Y esa idea te lleva a los sitios donde tú tienes que estar y vas aprendiendo de todos ellos, te pone en contacto con la vida porque muchas cosas no las vivirías, ni irías nunca a algunos sitios… A veces sitios que son muy duros.

P: En efecto, muchas de sus fotografías reflejan una fuerte carga emocional.¿Cómo logra conectar con las personas que fotografía para captar esa autenticidad?

R: Muchas veces ni me ven, están tan metidos en lo que están haciendo que ni me ven. Otras, lloras con ellos ríes con ellos, bailas con ellos, te lo transmiten y más si eres una persona sensible como somos los creadores. Sabes ver las cosas que hay y no pasar por encima, sino meterte en ellas y disfrutar o penar de cada cosa que va pasando y filtrarla a través de tu corazón, de tu inteligencia. Es el ansia de querer hacer algo que merezca la pena, el esfuerzo por hacer un buen trabajo o por tener una trayectoria de calidad porque es tu obligación. Tu obligación y tu devoción.

Cristina García Rodero
García Rodero posa tras la entrevista con La Línea Amarilla. / Foto: Margarida Gual

P: ¿Cuál ha sido la fotografía que más le ha costado hacer?

R: Es una fotografía de mi trabajo Entre el cielo y la tierra, en Georgia, un trabajo que me encargó Médicos Sin Fronteras. Habían pasado una guerra. Es la fotografía de un niño de ocho meses muerto, con su madre despidiéndose de él.

Me dijeron que había fallecido un bebé y quise ir porque ya había estado en otros entierros y sabía la cantidad de gente que iba y lo importante que era para la comunidad participar en la muerte de alguien. Y fui, me encontré con un bebé precioso, la madre se iba a despedir, era ya el momento en que iban a cerrar la caja, la madre le fue a dar el último beso y en ese momento oyó el ‘clic’. En ese momento me miró con ese dolor que tenía y su mirada se juntó con la mía, pasó y siguió despidiéndose de su niñito. Yo creo que es una foto en la que yo sentí que no debía estar ahí aunque tuviéramos su permiso, porque era un momento de intimidad, un momento para ella, para estar con su niñito y darle el último beso. Pero por otro lado, qué feliz era yo por haberme consentido estar allí, yo lo agradeceré siempre.

P: Esto es trabajar desde el respeto y la empatía…

R: Sí, lo que pasa es que a veces tienes que estar en medio de donde sucede algo porque si no, no puedes contar lo que allí está pasando, yo he aprendido que hay que ser rápido para no molestar. Ser fotógrafo es toda una profesión y mucha gente, la que más molesta, son gente que no tiene ni idea de lo que es la fotografía ni lo que es el trabajo de un fotógrafo. Te encuentras mucha gente torpe, a veces fotógrafos con mala idea, pero sobre todo gente torpe y gente egoísta.

«Se te quedan grabados los fracasos, más que aquello que has sabido fotografiar, que has intuido, que te has adelantado y has sacado una gran foto. Lo que no has sacado se te queda grabado»

P: ¿Cuánta frustración hay en el trabajo de un fotógrafo?

R: ¡Mucha! Siempre digo que un fotógrafo documental, un reportero, es frustración, frustración, frustración, porque tienes que prever lo que va a suceder, estar allí, apretar el disparador en el momento oportuno, que no te pase nadie por delante, que no se te vaya el motivo que tú quieras captar… Es terrible, porque en fracciones de segundo se te ha ido y no puedes llegar por más que corras. Tienes que aprender a vivir con todo lo que se te escapa. Se te quedan grabados los fracasos, más que aquello que has sabido fotografiar, que has intuido, que te has adelantado y has sacado una gran foto. Lo que no has sacado se te queda grabado.

P: Cuando dice «estar en medio de donde sucede algo» está claro que implica, a menudo, meterse en medio de una masa de gente. Pero sus fotografías son en su mayoría primeros y medios planos. ¿La cercanía con los sujetos fotografiados es esencial para usted?

R: Es muy importante. Fíjate que, efectivamente, me muevo siempre entre las masas pero no quiero planos generales. Siempre son medios planos o retratos, porque a mí lo que siempre me ha interesado son los seres humanos. En la masa todo se diluye, lo tienes que gestionar muy bien para que en una masa de gente logres captar algo que a ti te emocione. Es por eso que casi siempre son individuos o un grupo de pocas personas.

P: ¿Para ser buena fotógrafa te tiene que gustar la gente?

R: Yo creo que sobre todo te tiene que gustar tu trabajo y sentirte cercana a la gente, si no te aburrirás. Si no estás con ellos serás un ajeno, serás como una judía en un cocido, no entenderás lo que está pasando, no reirás con ellos, no llorarás con ellos. Creo debes tener sensibilidad para respetar aquello que no entiendes porque el conocimiento te hace amar las cosas. Si tú no intentas entender, no te vas a enterar de nada, no lo vas a amar nunca y no vas a transmitir todo lo que tú estás sintiendo.

«En la masa todo se diluye, lo tienes que gestionar muy bien para que en una masa de gente logres captar algo que a ti te emocione»

P: Además de esta cercanía, en su obra predomina el uso del blanco y negro. ¿Qué importancia tiene esta elección estética en la transmisión de lo que quiere contar?

R: Yo creo que el blanco y negro es más sobrio, está más lejano a la realidad, porque es todo en dos tonos y sus medias tintas. Puedes soñar, puedes imaginar, no tienes tanto elemento como te da el color, es más difícil. Por otra parte, en el blanco y negro tienes que ser más eficaz, pero al mismo tiempo es más sugerente. En mi época el revelarte tú las fotos era una parte importantísima a la hora de cómo querías que la foto saliera y en ese sentido a mí me ha venido muy bien haber estudiado Bellas Artes, porque se cómo entonar una fotografía, se cómo destacar algo, simplemente por dar más tiempo o menos tiempo. Un detalle puede pasar desapercibido porque lo ennegreces, lo oscureces dándole más tiempo, ennegreciendo las sales de plata por la acción de la luz debajo de la ampliadora.

Cristina García Rodero
Imágenes de Cristina García Rodero en su trabajo ‘Con la boca abierta’. / Foto: Margarida Gual

P: Ahora que menciona sus estudios de Bellas Artes, ¿el hecho de estudiar pintura le ha beneficiado en su trabajo como fotógrafa?

R: Me ha beneficiado muchísimo porque mucha gente no es consciente de que hacer con sus imágenes. Conozco a fotógrafos que son buenísimos, que ves sus fotos y dices «ojalá fuese mía esa foto». Pero no saben qué hacer con ellas, sus libros son Los 40 principales, las cuarenta buenas fotos, no hay un proyecto detrás. Los que hemos hecho Bellas Artes sabemos que tu obra es tu proyecto y que tienes que darle un sentido. si un fotógrafo quiere ser un autor tiene que demostrarlo con un trabajo coherente, no repetirse, aunque tengamos tendencia a repetirnos. Cada trabajo tiene que tener la ambición de ser un nuevo proyecto, un nuevo riesgo, una nueva forma de crear, algo nuevo que ofrecer. Para mí la forma de comunicarme es el ensayo sobre un tema concreto. Sobre un país, sobre una situación, sobre algo que me interesa que me da el ánimo y el valor para volver año tras año.

Es lo que me pasó con Haití, lo encontré tan interesante que salió un libro. O lo que me paso con María Lionza, era tan espectacular el espiritismo en mitad de la selva, en la noche, solo alumbrado por velas oyendo los gritos de esas personas que necesitaban esos rituales para sanarse. En India, sus fiestas, son increíbles no te lo puedes ni imaginar, pues tienes que volver, no vas a hacer un libro con cuatro fotos, con cuatro fiestas, tienes que volver.

P: Uno de esos proyectos, La España Oculta, es ya un clásico de nuestra fotografía. ¿España sigue igual de interesante para fotografiar que antes de la transición?

R: Yo creo que todo se va complicando, todo se va masificando. Yo cuando empecé iba a muchos sitios que no tenían ni idea de que era una reportera, era la primera vez que iba un fotógrafo y no entendían que hubieras hecho 400 o 600 kilómetros para fotografiar una máscara. Te decían: «Pero, ¿cómo viene usted a ver el Zangarrón?». No podían creerse que fueras a su pueblo sin tener allí ni familia ni amigos ni un sitio donde dormir y te daban cobijo en su casa y te salían a despedir al autobús como si fueras un familiar y te daban un bocadillo porque sabían que en la madrugada tendrías hambre. Ahora las celebraciones están cada vez más masificadas, ponen protecciones y te tienes que acreditar, aunque no te vale de nada porque tienes el tiempo contado sin posibilidad de trabajar bien.

P: Esta es su primera exposición monográfica en Barcelona, ¿no le parece una anomalía que se haya tardado tanto en realizarla?

R: Bueno, nadie tiene obligación de tener que exponer nada, aunque sí creo que con la seriedad que he tenido a lo largo de mi vida y con el trabajo que he desarrollado, que ha sido mucho, este trabajo merece ser expuesto, no solamente en Barcelona si no en cualquier sito. Pero es cierto que yo tampoco he sabido ir a los sitios a pedir que me expusieran y cuando lo hice, pues a lo mejor no ha interesado por lo que fuese, porque hay otras corrientes de arte que a lo mejor les interesan más y la fotografía documental la dejan en segundo lugar. O no valoran la fotografía porque creen que al haber algo mecánico intermedio ya no es arte. Yo desde luego abogo y defiendo que la fotografía es arte y que puede haber exposiciones que conecten con la gente.

Inauguración de la exposición monográfica ‘Con la boca abierta’ / Foto: Margarida Gual

P: ¿Qué deja a Cristina García Rodero con la boca abierta?

R: Todo lo bien hecho y todo lo sentido, toda la verdad. Las cosas sencillas. La gente que en masa son capaces de crear una obra que va a durar una hora o unos segundos y que están ahí con su esfuerzo para dárselo a los demás porque son parte de ese pueblo, trabajan durante todo el año para poder ofrecer aquello que es tan hermoso y que los demás se emocionen. Ya que estoy aquí en Cataluña, en Barcelona, te diría que los castellers, que es una comunidad de gente muy unida, que tienen que aprender una técnica, que lo hacen porque forman parte de un pueblo y que se esfuerzan continuamente y que corren un riesgo

* ‘Con la boca abierta’. Cristina García Rodero. Hasta el 21 de junio en Galería Seltz by Ritter, Barcelona

 

 

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