Esto no es un reportaje sobre Agustín Gómez Arcos (Enix, Almería, 1933 – París, 1998) y su obra (ya se lo dedicamos con mucha alegría hace un año y medio). Esto es una reflexión sobre cómo el trabajo riguroso, constante y honesto de pequeñas editoriales, productoras independientes y medios de comunicación alternativos abren la posibilidad de conocer creaciones y autores extraordinarios, incomprensiblemente (o quizás no tanto) olvidados.
Este es nuestro pequeño reconocimiento a los responsables de la editorial Cabaret Voltaire, que han ido recuperando toda la producción literaria de Gómez Arcos – incluido su teatro completo – traduciendo del francés sus obras siempre de la mano de Adoración Elvira Rodríguez, su traductora desde hace quince años; a la directora de cine Laura Hojman y su socio Guillermo Rojas en la productora Summer Films por empezar a amasar una bola de nieve que felizmente ha ido creciendo con su documental Un hombre libre; a los valientes de Imprescindibles y su incansable director, Marcos H. Bermejo; y a las salas de cine de barrio, como Cines Embajadores en Madrid, o plataformas de streaming nacidas libres como Filmin.
Una pequeña colmena cultural que no ha dejado de porfiar para dar a conocer a un autor reverenciado en Francia y totalmente olvidado en España, hasta desembocar en la segunda película como realizadora de Paz Vega adaptando la novela de Gómez Arcos Ana no, uno de los personajes femeninos más extraordinarios de la literatura contemporánea.
Portada de ‘Ana no’, editada por Cabaret Voltaire / Foto: Editorial Cabaret Voltaire
«Ana Paucha, que se llamaba a sí misma Ana no, era una mujer de mar, de sol, de dicha, prendada de su marido, pescador, y de sus tres hijos. El marido y los dos hijos mayores murieron en la guerra, el pequeño está preso. Ana no, a sus setenta y cinco años, cierra la puerta de su casa en un pueblecito almeriense y decide ir andando hasta la cárcel de su hijo, al norte de España, para abrazarlo y darle el pan de aceite que ha amasado con sus propias manos», explican en Cabaret Voltaire. Ya van por la tercera edición de esta novela imprescindible. Pero han tenido que pasar casi 40 años desde que Gómez Arcos la publicó en Francia para poder leerla en Español.
Por cierto: en Francia, en 1977, llegó a los 300.000 ejemplares, obtuvo los premios Prix du Livre Inter, Thyde Monnier y Roland Dorgelès y fue llevada al cine en 1985 por Jean Pra, además de ser traducida a doce idiomas. Es increíble que en España, el país de Gómez Arcos, su figura y obra haya quedado sepultada durante cuatro décadas. Que ahora Paz Vega la recupere en su segundo largo como directora con la gran Ángela Molina como protagonista, producida por Aralan Films, es muy buena noticia, pero también es una enorme anomalía arrastrada desde la Transición.
«A pesar de considerarme una persona bastante lectora, formo parte de toda esa gente que no habíamos oído el nombre de Agustín Gómez Arcos» – nos contaba Laura Hojman, cineasta y directora de Un hombre libre, en la entrevista que le realizamos -. «Y un día, una compañera, María Díaz Valderrama, periodista andaluza que vivía en París, me habla de un escritor español llamado Gómez Arcos. Me pica la curiosidad y me hago con uno de sus libros: El cordero carnívoro. Eso es lo primero que leo y me quedo maravillada, con la sensación de que nunca había leído algo así».
¿LAS POLÍTICAS PÚBLICAS EN LOS AÑOS ’80 BUSCABAN TAN DESESPERADAMENTE DAR UNA NUEVA IMAGEN DE ESPAÑA, MODERNA Y LIBRE, QUE SE OPTÓ POR HACER TABLA RASA CON LOS CREADORES QUE ATRAVESARON LA GUERRA CIVIL Y LA DICTADURA? ¿SE QUISO SEPULTAR TODA OBRA QUE RECORDARA EL SUFRIMIENTO, EL EXILIO Y LA OSCURIDAD TERRIBLE QUE IMPUSIERON CUARENTA AÑOS DE BARBARIE?
Hofman tenía muy claro que en su documental sobre Gómez Arcos quería revisitar el relato que se nos ha contado a toda una generación sobre la Transición como un periodo ejemplar. «Hoy creo que estamos en posición de poder revisarlo y hablar sobre aquellas cosas que no se hicieron bien. Creo que fue un error que el país no se construyera sobre la memoria y que perpetuara de alguna forma ese olvido que había impuesto la dictadura. Nos sigue afectando hoy: España es un país construido a base de muchísimos silencios, donde nos han faltado mucas voces, todas las disidencias».
¿Las políticas públicas en los años 80 buscaban tan desesperadamente dar una nueva imagen de España, moderna y libre, que se optó por hacer tabla rasa con los creadores que atravesaron la Guerra Civil y la Dictadura? ¿Se quiso sepultar toda obra que recordara el sufrimiento, exilio, oscuridad terrible que impusieron cuarenta años de barbarie? En el mundo del arte, especialmente la pintura, no son pocos los estudiosos que apuntan a esta dirección. Es posible que también sucediera en el ámbito de la literatura, unido a otro tipo de factores. Desde luego, la temática, el lenguaje, la herida que supura en muchos de los textos de Gómez Arcos le hacían firme candidato a no ser recuperado por el stablishment socialista de los ’80. «Toda la obra de Agustín es un ajuste de cuentas con alguien que no le quiso: España», reflexiona el dramaturgo Alberto Conejero en el documental de Laura Hojman, Un hombre libre.
En todo caso, recuperar su figura pero sobretodo su obra, excepcional desde cualquier punto de vista, era una asignatura pendiente para poder disfrutarla en toda su dimensión. Esta bola de nieve que está redescubriendo a Gómez Arcos la empezaron a redondear pequeñas iniciativas culturales, con la complicidad de lectores y espectadores, hasta llegar a los grandes medios de comunicación.
Laura Hojman y Guillermo Rojas, fundadores de la productora Summer Films / Foto: Summer Films
Ahora, faltan dos cosas. La primera, dar el salto definitivo y que los estudiantes españoles tengan a Gómez Arcos como lectura obligatoria igual que lo tienen los bachilleres franceses desde hace 40 años. Y dos: reivindicar hasta la extenuación el papel que los actores culturales independientes y alternativos realizamos para que la luz acabe ganando a la oscuridad.