Daniel Abreu: «La danza es una profesión de gente que lucha todo el rato por hacerlo mejor»

Daniel Abreu
Daniel Abreu
Daniel Abreu / Foto: Miguel Barreto

Daniel Abreu (Tenerife, 1976), bailarín y coreógrafo, es un descubridor. Atrapa ideas y las moldea, hasta conseguir que la obra «que ya estaba ahí» cuaje en su cabeza. Sus procesos de creación son pausados, como quien recorre un camino por el que encuentra movimientos. Algunos se quedarán, otros se perderán. Pero todos conforman el proceso. Premio Nacional de Danza 2014, atesora más de 60 montajes con la compañía de danza que fundó en 2004. Sus dos últimas creaciones, La desnudez y Abisal, fueron premiadas con diversos galardones. De hecho, La desnudez fue Premio Max 2018 en tres categorías: mejor espectáculo de danza, mejor coreografía y mejor intérprete masculino de danza.

Recuperamos la entrevista que realizamos a Abreu hace ya dos años. Lo hacemos al hilo de su participación en el festival Danza en la Villa (del 15 al 25 de junio en el Teatro Fernán Gómez de Madrid) en el que vuelve a mostrar La desnudez.

Hablamos de la danza como oficio, de cómo de mal explicada está en nuestro país y del proceso de creación de esta joya que es La desnudez.

Núria Ribas / @nuriaribasp

P: Este mes de octubre retoma la gira con La Desnudez por varias ciudades españolas. Desde su estreno hace ya tres años no ha parado de dejar boquiabierto al público. ¿Qué tiene este montaje que arrasó en los Max 2018?

R: Bueno, la obra habla sobre el mito de la pareja, sobre eso que hace que dos personas se mantengan unidas durante mucho tiempo. Nosotros lo hacemos desde el punto de vista de una relación de pareja, en este caso de un hombre y una mujer, pero habla del mito de la unión, ya sea como amigos, como familia… En La Desnudez hay una tensión entre dos personas que se provocan continuamente. Y alguien les observa. Porque, para mí, podemos hablar de intimidad cuando hay un tercero que la observa. Dacil González y yo estamos en escena, representando esta relación desde el punto de vista de la danza. Y luego tenemos al observador, que es Hugo Portas, un tubista que toca un repertorio maravilloso del Barroco. Ahí convivimos los tres en estas escenas de tensión.

P: ¿No existe intimidad si no hay un tercero?

R: Sí que existe, pero creo que no podemos hablar sobre ello hasta que no entra un tercero a verlo. Lo que pasa en una casa, lo que pasa en una pareja. Poder describir la intimidad de otros… En realidad, es una obra que tiene muchas lecturas. Primero porque se juega mucho con el color, con los contrastes, con lo simbólico. Construimos y destruimos todo el rato. Si tú ves el comienzo y el final del espectáculo, te parece que son dos obras distintas. Es una obra que se abre, que la puedes leer lineal o incluso en flash back. Eso la hace muy rica, porque dentro del viaje hay otro viaje del espectador que puede conectar con lo que estamos contando.

Un momento del espectáculo ‘La Desnudez’, en los Teatros del Canal

P: Estuvieron dos años en proceso de creación

R: Sí, dos años. Pero no son dos años las veinticuatro horas del día ensayando, si no que nos encontrábamos unos días seguidos, probábamos, dejábamos que reposara y luego veíamos qué pasaba con ello. Para transformarse, una idea necesita su tiempo, coger otra movilidad, otra manera de estar. Y también que las ideas se plasmen en el cuerpo, esas ideas acerca de la pareja tenían que plasmarse en el cuerpo. Para hacerlo de una manera poética, necesitan tiempo.

P: En La Desnudez compartís escenario nada menos que dos Premios Nacionales de Danza. Y con su compañía lleva más de 60 espectáculos sobre las tablas. Con todo este bagaje, su perspectiva sobre la danza en España debe ser muy amplia. ¿Sigue siendo el patito feo de la cultura? Más allá de la coyuntura que vivimos con la pandemia…

R: La verdad es que este posicionamiento de patito feo nos sitúa en una posición muy frágil, francamente. Así que voy a dar otro punto de vista. En España, si en algo tenemos que ser rotundos, es que hay mucho talento. La danza es una profesión de talento, es una profesión de gente que lucha todo el tiempo por hacerlo mejor. Si aquí no lo haces bien, no llegas lejos. Y hay muy buenos bailarines y muy buenos creadores en todo nuestro panorama, eso es indudable. Otro tema, es la promoción. Si uno no promociona la danza en el sentido que es…

«A la danza no se le perdona presentar un espectáculo malo, cosa que no pasa con el cine»

P: ¿A qué se refiere?

R: A promocionarlos como lo que son, espectáculos que conmueven, que necesitan otro tipo de percepción que no es el oído. Y cómo uno va comprendiendo y asimilando todas esas escenas, que no te cuentan por la palabra pero que te lo dicen todo desde otro sitio. Claro, si nos falta esto, evidentemente es como intentar entender el chino desde el español.  Y una tercera parte tiene que ver con la política. ¿Qué hace la política con la cultura? Pero entonces ya no estamos hablando de que el problema lo tenga la danza, el problema lo tiene la política.

P: Eso está claro. El problema no es que el nivel de la danza en España no sea alto. Yo le preguntaba por lo que usted ha enmarcado en la pata política

R: En eso estamos de acuerdo. Efectivamente, no existen espacios que acojan la danza con normalidad. Y es cierto, además, que a la danza no se le perdona presentar un espectáculo malo, cosa que no pasa con el cine.

«La danza tiene su propio lenguaje, que mueve y conmueve»

P: ¿Por qué sucede esto? ¿La percepción de la ciudadanía sobre la danza contemporánea es ‘no lo entiendo’?

R: Sí, completamente de acuerdo. Creo que la percepción general es que la danza es inaccesible para el gran público. Pero creo que esto sucede un poco por lo que comentaba antes: con la danza nos acercamos a otro tipo de lenguaje, a un lenguaje corporal, no desde esa área muy pequeña del cerebro que tiene que ver con la palabra. Claro, si partimos de la premisa: «Pero, ¿qué significa cuando levantamos los brazos?», vamos mal. No significa nada levantar los brazos. Nosotros trabajamos desde el gesto, pero no hacemos gestos para que cada uno de ellos se tenga que traducir a una palabra. Son recorridos. Es ver las cosas dentro de un contexto mayor. Y muchas veces no tenemos la paciencia para recorrer ese camino. La danza tiene su propio lenguaje, que mueve y conmueve. La clave es cómo se afianza en la sociedad este lenguaje.

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