Decencia

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Decencia                                                                                               

«Hay cosas que no se enseñan. Naces con ellas y te las tapas»

‘Afuerismo’ de Carmen G. Aragón, alias Jean Murdock. Ilustración de Germán Gullón.

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Iniciamos hoy, terminado por Real Decreto el estado de alarma – decreto más irreal que real, ya que el COVID-19 sigue estando entre nosotros-, la serie de ‘Afuerismos’ imaginados por Jean Murdock e ilustrados por Germán Gullón. Un lujo que, esperamos, pronto pondremos a vuestra disposición en formato láminas coleccionables.

Editorial / La Línea Amarilla

Lo que estamos presenciando estos meses de pandemia en los círculos de poder es que la ética de la responsabilidad de Max Weber, es decir, tomar decisiones teniendo en cuenta principalmente las consecuencias que estas tendrán sobre la sociedad cuando ejercemos el poder legislativo y/o ejecutivo, brilla por su ausencia hace tiempo en hemiciclos varios y contubernios jurídicos diversos.

Aprovechar el COVID-19 para intentar tumbar a un gobierno legítimamente escogido en las urnas o para barrer para casa desde minúsculos terruños dentro de una pandemia global, no parece muy decente. Tampoco lo es que cierta (por no decir toda) prensa se haya apuntado al carro, algunos disparando «fuego amigo».

Las coaliciones, que por supuesto, no tienen por qué ser decentes por el hecho de serlo, son mal asumidas por los indecentes que no quieren que el poder se mueva de donde ha estado los últimos 200.000 años. La ética de la responsabilidad no le daría ni un aprobado pelado a esta táctica de guerra sucia, soterrada, acusatoria y «cloaquera». Porque las consecuencias para la sociedad (como tal, también para la élite, aunque crean que no) serán terribles.

Hablando de Weber, se cumplen esta semana los 100 años de su muerte, justo a causa de una neumonía derivada de la «gripe española» de 1918 (mal llamada «española», como ya sabemos, porque se originó en los EE.UU. y la trajeron a Europa, parece, los soldados estadounidenses que vinieron a luchar contra la Triple Alianza en la Gran Guerra. Las trincheras hicieron el resto. Y aunque tardó mucho más en expandirse que nuestro globalizado COVID-19, esa gripe causó nada menos que 50 millones de muertos. Y eso que entonces, EE.UU. no tenía al frente un indecente que prefiere sacrificar a los más débiles engañándolos con baños de lejía a pausar la economía del país unos meses.

Poner la economía por encima de la salud también es una de las indecencias que estamos sufriendo estos días. La frase escuchada repetidamente de «no nos moriremos del COVID-19 pero moriremos de hambre» se ha repetido como un mantra en distintas versiones desde los barrios más empobrecidos de nuestras ciudades (populismo) hasta los pasillos de la CEOE (elitismo).

Decencia es haber resistido la presión de esta falsedad, que no por repetida hasta la saciedad se convierte en verdad. No es lo mismo aprobar una renta mínima en plena crisis económica que una reforma laboral restrictiva con los derechos de los trabajadores. Cada cual que decida cuál de las dos medidas es más decente. Cuál de las dos es más weberiana.

Y si nuestra idiosincrasia nos hace escoger la segunda, bueno, pues siempre estamos a tiempo de reflexionar y, en un ejercicio ilustrado, taparnos las vergüenzas y rectificar. Que eso, rectificar, sí que es decente.

#editorial #opinión

 

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