Demagogia

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«Al ver que coincidía en demasiados puntos con su adversario, el demagogo, aterrorizado, pasó a usar comas»

‘Afuerismo’ de Carmen G. Aragón, alias Jean Murdock. Ilustración de Germán Gullón.

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Demagogia, segundo ‘Afuerismo’ de la serie iniciada con Decencia. Imaginados por Jean Murdock e ilustrados por Germán Gullón, dos de las mentes más preclaras, eclécticas y divertidas de nuestra particular galaxia cultural. Un lujo que, pronto, podréis coleccionar en formato impreso e inesperado…

Editorial / La Línea Amarilla

Desde el estallido de la pandemia del covid-19, el uso del lenguaje bélico ha sido constante. Y estamos en guerra, es cierto, pero no contra el Covid-19. A la pandemia nos enfrentamos con la ciencia, no con pistolas. En lo que estamos es en una guerra de valores. Ya había empezado antes del covid-19, por supuesto, pero la pandemia la ha agravado, la ha puesto sobre la mesa sin complejos. La guerra civil sobre la que se construyó Europa (la otra pata fue la guerra expansiva), y que frenó la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, germen de lo que sería la Unión Europea, ha vuelto.

Santiago Alba Rico describe muy bien esta guerra civil.* Es la guerra de Servet contra Calvino, la de Simone Weill contra Vichy o la de Machado contra Franco. La de la cultura contra la barbarie, en definitiva. Ahora, es la guerra de la democracia liberal, la del Estado Social y de Derecho, con todas sus imperfecciones, contra los que lanzan este mensaje: «Derogad la Ley de Memoria Histórica. Primer aviso». Vox.

La lucha de valores que construyó durante siglos nuestra Europa, y que fue neutralizada al lograr compartir un interés económico, comercial y de desarrollo de derechos fundamentales tras la Segunda Guerra Mundial, ha vuelto con toda su ferocidad. No se trata solo de Vox en España, por supuesto. Estamos hablando de nacionalpopulismos que campan a sus anchas (desde, hasta hace bien poco, Trump hasta Salvini, pasando por Erdogan en Turquía, Orbán en Hungría, Andrzej Duda en Polonia o Bolsonaro en Brasil).

Como apunta Francis Fukuyama en Identidad**, lo primero que hacen todos estos personajes es desacreditar y debilitar a las instituciones que pueden controlarlos (desde las cámaras legislativas hasta la Justicia, – sobre todo la Justicia -, pasando por las instituciones internacionales que no concuerdan con sus políticas nacionalistas y proteccionistas).

Los nacionalpopulismos europeos, además, siguiendo las directrices del que fuera gurú ideológico nada menos que de Trump, Steve Bannon, tienen la cara dura de apelar «a la defensa de los valores judeocristianos europeos». Lo dicen los descendientes de los que provocaron el asesinato de 6 millones de judíos en los campos de exterminio nazi. Y respecto a la parte «cristiana» del adjetivo, desde luego se refieren a la rama defendida por Juan Pablo II y no a la del Papa actual, el pontífice menos inquisitorial de la época moderna.

Lo segundo que llevan a cabo es crispar al máximo la vida política, polarizar todo lo posible la vida social hasta volver a los dos bandos, al blanco o negro, al conmigo o contra mí. Crisis económicas como la que ya está provocando el covid-19 les viene de perlas: los ánimos están encendidos, los bolsillos vacíos y las mentes poco dispuestas a usar el pensamiento crítico. La llamada post-verdad, multiplicada por las redes sociales, echa más leña al fuego. El bidón de gasolina que lo puede hacer explotar todo es la mediocre ceguera de nuestra clase política.

La demagogia es una de las mejores herramientas para esta estrategia de bandos, para enterrar el pensamiento crítico, la colaboración entre diversas opciones en las que cada una de ellas aporta su visión de la realidad. Lo hacen ignorando al otro, sin darle ni siquiera la cualidad de interlocutor válido.

Y si en algún momento los argumentos coinciden, el demagogo, rápidamente, se desdice de lo dicho hace cinco minutos para poder seguir teniendo un enemigo contra el que lanzar a la masa.

El resultado es que se ningunea al contrario, sin ni siquiera tenerlo en cuenta como interlocutor válido. Eso no es democracia, claro. Todos lo sabemos.

*Alba Rico, S. (2020) Los valores europeos: guerra civil y guerra expansiva. Dentro de Europa frente a Europa, Perejil, D. (ed.). Madrid. Lengua de Trapo.

**Fukuyama, F. (2019) Identidad. Barcelona. Editorial Deusto

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