Elisa Fernández Guzmán, premio Nacional de Poesía Joven 2025

Elisa Fernández

Más que felices estamos todo el equipo de La Línea Amarilla y, especialmente, Juan Marqués, el alma mater de La Plaza Invisible, nuestra apuesta poética tenaz y persistente, con el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández 2025.

Felices porque ha ido a manos de una de las poetas rotundamente asombrosas en su debut y que reseñamos hace justo un año: Elisa Fernández Guzmán (Bonares, Huelva, 2000) y su Después del Pop (Rialp).

Lo celebramos re publicando la reseña que le dedicamos, en la que Juan Marqués apuntaba que «es la demostración de que un libro de amor post-contemporáneo sí puede ser irresistible y literariamente autoexigente, tan tierno y naíf como redondo».

‘Después del pop’: niñas adolescentes que se miran

Para arrancar la tercera temporada de La Plaza Invisible no sólo con calidad poética sino de un modo bonito hasta la militancia, nos ocupamos hoy de Después del pop, el primer libro de Elisa Fernández Guzmán (Bonares, Huelva, 2000).

Publicado en Madrid por Rialp por haber sido accésit del último Premio Adonais, este libro es la demostración de que un libro de amor post-contemporáneo sí puede ser irresistible y literariamente autoexigente, tan tierno y naíf como redondo.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Elisa Fernández
Abrimos temporada en La Plaza Invisible con la poeta onubense Elisa Fernández Guzmán y su primer poemario / Foto: J.M.

Somos todos muy listos y sabemos que, en teoría, en absoluto es superior en términos literarios un poema que exprese buenos sentimientos o defienda causas objetivamente justas que otro que afirme o reivindique verdaderas barbaridades. No conviene ir explicando estas cosas por los institutos (ya se enterarán si quieren…), pero un ditirambo a Gandhi, en lo que a la poesía se refiere, no es automáticamente mejor que una apología de Hitler, que será, seguro, más inmoral, pero tal vez no peor. Será impublicable, claro, y debe ser censurada e impedir que circule, pero acaso sea magnífica, pues la ética y la literatura responden ante tribunales muy distintos. Y sin embargo…

Sin embargo, dando una buena patada a la teoría, y aun teniendo asumido lo dicho arriba, todos sabemos que no hay nada mejor, o al menos más irresistible, que lo bonito, que lo bondadoso, que lo tierno o incluso que lo cursi, cuando esta cursilería es militante, consciente, asumida… aunque también genuina. La nobleza que impulsa un poema se percibe, y lo mejora. No será muy científico ni muy filológico, pero es irrebatible: la unión de bondad y talento crea milagros.

Hace pocos meses Berta Garcia Faet y Juanpe Sánchez López pusieron sobre la mesa Estrellas vivas. Antología de la poesía cursi, en cuyo prólogo, formidable, plantean algunas cosas cruciales para entender un buen porcentaje de la poesía última. Eso de pensar la cursilería no es algo nuevo, pero vuelve a ser necesario a la luz de muchas cosas que pasan, pues el asunto se ha renovado, dando lugar a una, digamos, neo-cursilería que probablemente proceda de la música, donde, por una vez, se nos han adelantado.

Pensemos, pues, en la música (algo que, por otro lado, parece exigir el título del libro de hoy). Para explicarlo rápido, la diferencia entre la cursilería rancia y la cursilería de calidad es la misma que hay entre Álex Ubago y La Casa Azul. Quiero decir que, por ejemplo, los de La Oreja de Van Gogh no tiene ni idea de que son cursis, y de hecho se enfadan si se lo explican: lo son de un modo natural, integral, familiar, innato, genético…, y por el contrario La Bien Querida, por ejemplo, es un poco cursi pero de un modo activista, intelectual, literario, elegido…

No es que esta segunda variante de la cursilería no sea sincera, pero está más meditada y contiene algo de humor, de auto-ironía, lo cual es imprescindible para entender la post-cursilería o hasta la trans-cursilería. Pero la diferencia es determinante: no es lo mismo nacer cursi que hacerse cursi, y por una vez lo artificioso vence por goleada a lo esencial. De hecho García Faet y Sánchez López no llegan a abrir lo que podríamos llamar el melón de lo malo, esto es, esa poesía que incluso se atreve a ser, a conciencia, decididamente mala, y así consiguen que sea curiosamente buena, o al menos considerable, significativa, muy digna de ser leída y pensada. Pero eso lo dejamos para otro día.

‘Después del pop’, el primer libro de la poeta Elisa Fernández Guzmán, es un banquete maravilloso. Es el libro más golosa y radicalmente bonito que se ha leído por aquí en mucho tiempo

Porque retrocediendo algunas líneas, y volviendo a lo de la poesía de alta calidad, resulta que Después del pop, el primer libro de la poeta Elisa Fernández Guzmán (Bonares, Huelva, 2000), es un banquete maravilloso. Es el libro más golosa y radicalmente bonito que se ha leído por aquí en mucho tiempo, y está hecho de bondad, de declaraciones de amor híper-tiernas, de miradas inocentes y a la vez perfectamente maliciosas, de esa mezcla inimitable de ingenuidad y atracción por lo prohibido que salta al escapar de la niñez, y que destroza de repente toda la irrelevante Historia de los hombres para centrarse en la incomparable y luminosa nueva historia particular: «el momento cumbre de la sociedad occidental / son dos niñas adolescentes que se miran».

Tanto en los poemas de plenitud, donde se celebra el amor correspondido, o los encuentros físicos, o la adoración secreta pero feliz…, como en los poemas de desamor, de admiración furtiva o prohibida, el tono es precioso. Hasta aquellos en los que late cierto rencor o un claro distanciamiento están llenos de belleza de la buena: «No voy a ir a tu cumpleaños / espero que lo entiendas / me alegro mucho / de que ya tengas veintidós / espero que llegues / a todas las edades / que antes daban miedo / y que ahora sólo son / una oportunidad / de dejar de parecerte a mí».

A veces las muchachas consiguen juntarse con la excusa de estudiar algún examen, y se hacen «las diez y media / no sé dónde he dejado / la boca no sé dónde terminan / mis manos y empieza tu vientre». Y otras, por lo mismo, por aquello de la edad, toca estar separadas y echarse de menos, pero «cuando no estás conmigo cocino / porque es lo más parecido a amar».

‘Después del pop’ es, en su pequeñez, en su brevedad, en su modestia, en su tono… una verdadera joya llena de brillantes pequeñitos, diminutos, impagables

Sé a ciencia cierta que hay gente que ha llorado leyendo alguno de estos poemas (concretamente ese que reproducimos completo abajo), pero ha llorado de alegría bonita, de alegría triste, de tristeza feliz. Eso es parte de lo que el libro transmite: a pesar de la juventud de la autora, ya están aquí los primeros desgarros, los muchos silencios, las inevitables decepciones. Y aquí se consigue dormir juntas, sí, gracias a la pandemia, pero lo que sobre todo ocurre es que se sueña, sola en la cama, con las otras, y en esa distancia, de nuevo, hay algo frustrante y algo hermoso, algo insatisfactorio y algo prometedor.

Otra de las máscaras que utiliza Fernández Guzmán es la del supuesto anti-intelectualismo, o el de la falsa inmadurez, un rasgo bastante habitual en este tipo de cursilería al menos desde Laura Pausini («por culpa del trabajo y otras tonterías / te han llevado lejos»…). Aquí las clases, los exámenes, la cultura o estar informada sobre lo que pasa en el mundo son cosas que se ven con incredulidad, aparentándose que se es incapaz ni de empezar a entenderlas: «te manchas de vino la ropa / alison y carmen se ríen de ti / yo pienso por qué alguien querría / escribir de política o historia / si existes tú empapada de vino / a las seis y media de la tarde»… Es un ejemplo entre veinte.

este libro sólo dejará fríos e indiferentes a aquellas personas frías e indiferentes que se merecen todo el frío y toda la indiferencia

Todas las reseñas de La Plaza Invisible constan de diez párrafos, y aquí ya estamos en el número 11, de modo que corro y cierro para decir que Después del pop es, en su pequeñez, en su brevedad, en su modestia, en su tono… una verdadera joya llena de brillantes pequeñitos, diminutos, impagables. Un libro que, por sí solo, basta para demostrar que sí era posible una poesía sencilla, bastante prosaica, inteligible, directa y adolescente que presenta un talento capaz de desarmar a cualquiera. Pues este libro sólo dejará fríos e indiferentes a aquellas personas frías e indiferentes que se merecen todo el frío y toda la indiferencia.

Elisa Fernández

ESTOS SON LOS POEMAS QUE TE HE ESCRITO

Me gustaría mucho publicar este libro

de poemas para ti

Paula Melchor

 

Me preocupa no haberte explicado bien,

que crean que eres otro tipo de persona.

Alba Flores Robla

 

no son buenos ni importantes pero son

los poemas que he podido escribirte

 

a decir verdad me hubiera gustado

haberte hecho mejor un par de fotos

que al verlas la gente

no pensara en sus primeros amores

ni en el quiosco de sus pueblos

me gustaría

que olvidaran a sus vecinas

hijos y rupturas

y en su lugar te vieran a ti

 

con el pelo brillante y recogido

los últimos días de agosto

dejando el móvil en la orilla

para bañarnos en el mar

 

que al pasar el tiempo

y estés enferma y estés casada

y estés tal vez

a punto de morir

te veas

con el jersey de punto celeste

sentada al fondo del autobús

viajando de noche para verme

 

cuando tu hija mayor te pregunte

por este libro pequeñito

espero que le digas

‘no es nada cariño

fui tan guapa siendo joven

que una amiga de hace tiempo

escribió cursiladas sobre mí’

 

*Ficha bibliográfica: Elisa Fernández Guzmán, Después del pop, Madrid, Rialp (col. Adonáis, 694), 2024.

DEJA UNA RESPUESTA

Deja un comentario!
Por favor introduce tu nombre