El canto a la diversidad de ‘En mitad de tanto fuego’ recala en el Teatro del Barrio

En mitad de tanto fuego

Teatro

Hay obras de teatro que deberían gozar de varias vidas por los escenarios de nuestras ciudades para que nadie se quedara con las ganas de disfrutarlas. En mitad de tanto fuego, del dramaturgo y poeta Alberto Conejero, es una de ellas. Felices comprobamos que, tras su estreno en julio de 2023 en la Sala Beckett de Barcelona (dentro del Festival del Grec), una gira por España y por algunos países latinoamericanos y tras su estreno en Madrid en los Teatros del Canal, recala este mes de abril, en funciones alternas, en el Teatro del Barrio (del 12 al 14 y del 26 al 28).

En mitad de tanto fuego
Rubén Eguía, como Patroclo, en un momento del monólogo de ‘En mitad de tanto fuego’ /Foto: Teatro del Barrio

Núria Ribas / @nuriaribasp

El verbo de Alberto Conejero; la batuta de Xavier Albertí; el gesto y el cuerpo de Rubén de Eguía. La memoria. La otra versión, tan distinta siempre de la oficial. La diversidad, arrinconada desde el principio de los tiempos por la aplastante y mediocre uniformidad.

Todo esto es En mitad de tanto fuego (editorial Dos Bigotes), la última obra de Conejero que, siguiendo a la luminosa y extraordinaria El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, vuelve sobre los temas que configuran la mayor parte de su obra: conectar el pasado con el presente a través de la imaginación y una defensa a ultranza de la diversidad y la memoria para reivindicar, a pesar de todo, una cierta alegría, una posible luz.

En la obra de En mitad de tanto fuego el encargado de vehicular los engranajes de Conejero es Patroclo, «el más amado por Aquiles». El eterno secundario en la ideación que ha supuesto para la civilización occidental la Ilíada. Pero cuidado, porque este Patroclo no está aquí «para contar la guerra de Troya. Esta es la historia de mi carne, allí donde coincidieron la muerte y el amor».

Patroclo (excelente Rubén de Eguía) no nos cuenta la batalla histórica, ni las gestas de Aquiles: nos explica como el hombre, no el héroe, fue realmente feliz cuando pudo aislarse con su amado para recuperarse de las heridas. Este Patroclo hila el alegato antibelicista de hace más de tres milenios con las sucesivas guerras absurdas, tan heteropatriarcales, que han asolado a los inocentes desde entonces. El hilo lo lanza Homero, pero en el texto de Conejero lo recogen Safo, Lemebel, Anne Carson o Cernuda.

Y lo hacen a pelo: en un escenario desnudo (apenas una silla de madera y mimbre), con Patroclo-Eguía a solas con su gesto y su voz, asaetado por haces de luz desde ambos lados del escenario. Este es el espacio que propone Albertí, para que toda nuestra atención se centre solo en la palabra, en el cuerpo de este Patroclo que no es un guerrero, si no un amante. Representante de todos los centauros, amazonas, gorgonas y demás seres diversos que ya no encajaban hace 3.000 años y siguen sin hacerlo hoy, cuando este capitalismo salvaje y uniformador nos quiere a todos callados, iguales y sin memoria.

Decía Conejero hace poco que «una de las cosas que tenemos que pelear contra el capitalismo es su voluntad de dejarnos sin raíces. Como una mirada política. Yo no soy solo una fuerza que produce, no soy un bien de consumo o que es consumido».

Hasta el 28 de abril, en el Teatro del Barrio. No se la pierdan.

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