El Premio Nacional de Periodismo Cultural de 2013 no es sólo periodista, y ni siquiera, pensamos, es eso principalmente. Antón Castro (Santa Mariña de Lañas-Arteixo, La Coruña, 1959) es ante todo poeta, y siempre lo fue, aunque sobresalte comprobar que no publicó su primer libro de versos hasta 2010, recién cumplido su primer siglo de vida.
Porque es la poesía lo que claramente ha desbordado siempre en sus reportajes, sus entrevistas, sus semblanzas, sus crónicas, sus cuentos y sus novelas. Y con su séptimo libro de poemas, En el centro del jardín, el gallego más aragonés de la Historia (o viceversa) ha querido acceder hasta el mismísimo centro de La Plaza Invisible.

Juan Marqués / @jmarquesmartin
Con la obra de Antón Castro (Santa Mariña de Lañas-Arteixo, La Coruña, 1959) sucede algo llamativo. Si sus novelas, cuentos, artículos, necrológicas, reportajes, viajes, semblanzas o incluso entrevistas han estado desde el principio llenas de poesía, sus poemas son vocacionalmente narrativos: a veces cuentos en verso (o directamente en prosa), pequeños recuerdos, ensoñaciones o fantasías, perfiles de gente querida o recordada, homenajes a sus amigos.
Todo lo cual es incontestablemente poesía, y buena poesía, pero no exactamente lírica sino un discurso muy suyo hecho de palabras encendidas y apegadas a una bonita épica personal, a esa pequeña grandeza de los soñadores, los trotamundos, los nostálgicos, los iluminados, los caballeros andantes, los ungidos de toda suerte de misticismos, los mitómanos, los magos bondadosos y los enamorados.
Quien no lo conozca o no lo haya leído pensará que el párrafo anterior es ridículo. Quien sí ha pasado por sus libros sabe que tengo razón, que hay mucho de eso, siquiera como proyección, como ensoñación, sabiendo que sin una imaginación voluptuosa y una generosidad total la vida ha de quedarse un poco a medias.
la lírica de castro es un discurso muy suyo hecho de palabras encendidas y apegadas a una bonita épica personal, a esa pequeña grandeza de los soñadores, los trotamundos, los nostálgicos, los iluminados, los caballeros andantes…
Antón Castro es, hasta hoy, autor de siete libros de poemas, publicados entre 2010, cuando se destapó por fin como trovador contemporáneo en Vivir del aire, hasta este recién terminado 2024 en el que nos ha convocado En el centro del jardín.
Entre uno y otro fueron apareciendo El paseo en bicicleta (2011), Seducción (2014), El musgo del bosque (2016), Vino del mar (2019) y El cazador de ángeles (2021), publicados siempre en Zaragoza, esa ciudad a la que llegó un poco por casualidad hace cuarenta y cinco años y que ha hecho plenamente suya, convirtiéndose en la persona de referencia de la cultura, el principal divulgador, el periodista de raza (por ser un apasionado vocacional) que es siempre el primero en enterarse de todo y el primero en difundirlo y celebrarlo.
Lo contó en Cariñena, que era una memoir, y también una novela de educación, y además su libro más irresistiblemente hermoso, una miniatura redonda y perfecta. Castro llegó a los campos zaragozanos para trabajar en la vendimia en el verano de 1978, y desde entonces ha hecho un poco lo mismo: agarrar con avidez todo lo que puede, exprimirlo con cariño y beberlo con ganas, y después contarlo a todo el mundo, a través de los periódicos, con una generosidad que muchas veces linda con la temeridad y de la que muchos, casi todos, nos hemos beneficiado.
Y también su poesía es generosa, pues muchas veces las páginas andan consagradas al recuerdo, el aplauso, el reconocimiento de personas que estuvieron muy próximas, o a escritoras, músicos, pintores, bailarinas… a las que se vio de refilón pero se había admirado mucho. En el caso de En el centro del jardín, hay evocaciones de Carmen Martín Gaite, o un relato epistolar relativo a Miguel Labordeta, o un obituario de Jane Birkin junto a otro del poeta y profesor leonés José Luis Rodríguez García, otro hijo adoptivo de Zaragoza que hizo mucho por el alma invisible de la ciudad.
A pesar de ser yo un fanático del orden cronológico, creo que el día en el que se reúna toda la poesía de Castro habría que optar por lo temático, hacer un gran bloque con todos esos perfiles, y otro con cuentos fantásticos u oníricos (aunque «la vida no es fácil ni en los sueños», según se afirma en ese poema que reproducimos completo abajo), y otro con viajes o anécdotas personales (reales o inventadas, eso no nos importa demasiado y además, en el caso de Antón, me parece que están especialmente imbricadas), y otro con escenas más o menos eróticas, y otro sobre asuntos gallegos, y otro monográfico sobre cosas aragonesas.
Ése es un poco su mundo que, de un modo mucho más desarrollado que fragmentario, ha ido desplegando en todos sus proyectos literarios, y que, insisto, tiene tal vez su síntesis en Cariñena, un libro breve que es al mismo tiempo un libro total, una precipitación de todo lo que le ha importado, un informe de todo lo que había vivido y una ilusión de todo lo que le esperaba a partir de ese viaje tan improvisado como en cierto modo definitivo.
‘en el centro del jardín’ Son destellos de talento y belleza a los que está bien acostumbrado desde hace mucho el lector de Castro
«El corazón en desorden», se lee en un verso de En el centro del jardín, y se alude a «tu forma dulce de mirar el fuego», o se habla de una ceramista que «inventa fósiles para el futuro» y, en otros sitios, de «el carbón de las fantasías» o de «el jazz de las hojas», y, en un precioso final, se opina que «duele la terquedad del destino […] y vamos por el mundo casi a solas, / como fantasmas que persiguen sombras / y no se atreven a encontrarse»…
Son destellos de talento y belleza a los que está bien acostumbrado desde hace mucho el lector de Antón Castro, pedacitos de vidas y de historias que merecen ser grabados de algún modo, terreno ganado al gran océano. Y consuela saber que mientras escribo esto andará Antón abismado en algún otra leyenda, encandilado con algún viejo poema, tarareando una canción o impresionado con una fotografía…, y que todo eso, algún día, será reciclado y refundido en otros textos, y en mas poemas, porque, pase lo que pase en la realidad o en el mundo, por aquí no se deja de soñar.

ANSIEDAD
Ella vivía en su corazón ansioso
y en las redes sociales, donde se proyectaba
y enviaba mensajes, cartas, gritos.
La vida no es fácil ni en los sueños.
Amaba furiosamente: con pasión,
con un entusiasmo adolescente,
con la contradicción de la sangre
y con el temor de un adiós inesperado.
Le gustaba vivir al filo, sobre el alambre
y la tiranía de la carne estremecida.
Poseía una gran fantasía: cualquier
dolor podía mitigarse con amor,
con el afán invencible de querer,
con el afán de agitar
deseo carnal en el otro.
Y su última epístola al mar,
contra la amenaza del naufragio,
no deja lugar a dudas: ha colgado
una colección fotográfica, intemporal,
de amantes, de diverso origen,
que hablan, se acarician, se confiesan
se entregan y hacen del gesto
y de la bella conversación un refugio,
ese lugar no físico ni mental, casi onírico,
donde todo es probable_ los besos,
la piel abierta al delirio, el éxtasis,
la salida al mar que no se acaba,
la fusión química y corporal de las almas.
Justo lo que ella ansía.
*Ficha bibliográfica: Antón Castro, En el centro del jardín, Zaragoza, Olifante, 2024 (29 de julio). Solapa de José Luis Melero.







