‘Escala (Poesía, 1991-2023)’: sostener la eternidad

Ernesto Pérez Zúñiga

Apartándose por un momento de sus altas responsabilidades como subdirector de Cultura del Instituto Cervantes, Ernesto Pérez Zúñiga (Madrid, pero Granada, 1971) se ha acercado hasta La Plaza Invisible a recoger una carta.

Se trata, en realidad, de una reseña, pero inventamos el género de la reseña epistolar para celebrar Escala. Poesía 1991-2023, la primera antología de su poesía, todo un balance o una recapitulación que fue publicada en Granada justo hace un año, en abril de 2023, a cuenta de la editorial Sonámbulos Ediciones.

Ernesto Pérez Zúñiga
El poeta Ernesto Pérez Zúñiga, casi de incógnito, merodeando por nuestra Plaza Invisible / Foto: J.M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Querido amigo Ernesto,

yo quería escribir una reseña, escribirte una reseña, pero me he sentado algunas veces a ello y no me salía el tono, no encontraba la soltura para hablar de tus cosas. Todo me quedaba como espeso, atascado, raro. Así que prefiero escribirte a ti, directamente, con confianza, y no al mundo, con excesiva responsabilidad, con algo así como auto-expectativas. Que hable el afecto y no lo académico, que la filología diga menos que la amistad.

(¿Te ha pasado alguna vez? Uno se sienta a redactar algo y está como sin inspiración, sin ideas, sin gracia…, y entonces decide ponerse a despachar correo y responder y e-mails y todo empieza a fluir fácilmente, se escribe bien, se consigue a la primera exactamente lo que uno quería o necesitaba decir. Veremos si pasa ahora.)

Va a hacer enseguida un año que apareció la primera antología de tu poesía, y la he andado estos meses picoteando, hojeando u ojeando, y ahora por fin leyendo. Y me he encontrado, claro, lo que ya anuncia el título, Escala, en una de sus posibilidades, la que no tiene que ver con lo ascendente o con lo musical sino con la reducción: tu obra poética quintaesenciada en una parte que sin embargo la recoge o la contiene por entero, que refleja todos sus tonos y todos sus caminos. Eso es una antología, dirá alguien, pero sólo ocurre si se hace bien, o cuando no se repudia nada de lo hecho, cuando no se quiere ocultar o rectificar nada, sino que se asume con mayor o menor satisfacción (con mayor o menos representación) todo lo que uno fue.

esta antología es pura coherencia. No puede o no debe ser de otro modo si se quiere reflejar una vida real, una evolución verdadera

Tú has sido aquí inflexible con tus primeros libros, rescatando pocos poemas, y sin embargo aportas muchos inéditos, y es natural que así sea. No es que nos sintamos alejados de nuestros primeros poemas, es que de hecho están lejos, es una realidad, van quedando atrás, y entiendo por tanto que no es que te encuentres más seguro o más cómodo con lo que de nuevo, sino que de hecho te encuentras en ello, y no tanto en lo remoto. Os pasa a todos, casi siempre, y hay pocas cosas más fáciles de explicar.

Sea como sea, recorriendo tus poemas, recorriendo tu obra, recorriendo esta versión de tu vida…, yo encuentro todo lo que encontré en sus momentos en cada una de las entregas, y es esa variedad temática y formal que no da cuenta de una dispersión sino de una curiosidad universal, no falta de personalidad poética o de seguridad literaria sino el testimonio de una búsqueda constante. «Sólo quien cambia es fiel a sí mismo», decía el poeta sueco Wolf Biermann, y me encanta citarlo al hablar de las famosas etapas o épocas de los creadores, cuando se les acusa de dar demasiados tumbos. Si cambiamos de trabajo, y de ciudad, y de casa, y de pareja, y de sombrero, y pasamos del cola-cao al té…, ¿no vamos a cambiar de temas y de tonos?

La guerra de Irak y la contemplación atenta del universo («Extiendo mis brazos hacia las termitas del cielo / y las palmas de mis manos se engastan con estrellas»), una enmienda iniciática al Padre Nuestro y las lecturas infantiles de La isla del tesoro, Dante y el erotismo, la mitología y la metafísica y la mística, cierto humor y mucho (mucho) amor rebozados en la fecunda harina de san Juan de la Cruz, recuerdos y fantasías, estrofas que remedan las clásicas -no tanto en sus formas como en sus estribillos y mudanzas-  y largas tiradas en prosa que ya venían casi anunciándose desde algunos viejos poemas largos, flirteos con los clásicos y guiños a las vanguardias… Lo dicho: pura coherencia. No puede o no debe ser de otro modo si se quiere reflejar una vida real, una evolución verdadera.

De todos modos, si te escribo yo esta carta es porque tú nos has escrito otras a todos, como esas que se incluyen entre los inéditos (y reproducimos aquí abajo la que más me gusta). No sé si en eso de titularlas cartas hay tanta polisemia como en la escala, igual te estás refiriendo a las del Tarot…, pero yo quiero leerlas como epístolas porque todos los poemas tienen algo de eso, modestas botellas que se lanzan al amor para no se sabe qué lector, humildes misivas al futuro, encíclicas secretas para quién.

tus palabras muchas veces, desde los títulos, traen ese tono, más sublime que solemne, un poco en busca de lo sagrado pero siempre que a la vez resulte próximo, inflamado pero inmediato, trascendental pero nuestro

Tú siempre has tenido mucha conciencia del comienzo («Estoy creando el mundo»…), mucha filosofía de lo que nace, y creo que te tomas cada poema como tal, algo que no destroza el silencio sino que lo completa, que no mancha el blanco sino que lo resalta. Y tus palabras muchas veces, desde los títulos, traen ese tono, más sublime que solemne, un poco en busca de lo sagrado pero siempre que a la vez resulte próximo, inflamado pero inmediato, trascendental pero nuestro. Y no es que toda tu obra poética pueda concentrarse en una antología, en plan metonimia, es que –multum in parvo– se podría apretar en un solo poema, porque todo está en todo: «no esta noche, no una noche más, todas las noches». Y a veces se es más significativamente misterioso cuanto más cotidiano, aunque pueda no parecer tal: «mi corazón te inyecta como un cine».

Tú crees en el alma, claramente, y crees en los cuerpos, y traes todo al papel. Estos poemas siguen vivos porque se vive mucho en ellos, se sufre y se goza, se reza y se bromea, se engendra y se muere constantemente en un tiempo que tú quieres circular pero que a menudo parece más bien vertical, y está bien que así sea. Yo no soy religioso, como sabes, pero lo religioso importa, la pequeñez, la postración, el sentido de la plegaria, la gratitud, la piedad por todo y la alegría mezclada con el miedo: «Sabrás que regresaron los ángeles dormidos / a iluminar el campo de batalla»

Querido amigo Ernesto, te mando un abrazo grande. Enhorabuena de corazón por esta buena Escala, en donde tanto importa el corazón, precisamente: «Desde el mango del mundo se nos ve como rotos en la tela de un paraguas. El mundo gira. Canta bajo la lluvia».

[P.D.: He sabido que exactamente mañana, viernes 5 de abril de 2024, defiendes tu tesis sobre Vallé-Inclán y lo dionisíaco. Te doy ya la enhorabuena, querido doctor, y esperamos ese ensayo resultante, como esperamos tus futuras novelas y que estos poemas inéditos alcancen su propio libro. «Yo soy / aquella casa donde nunca he llegado»…: que todas estas cartas, que en tantos sentidos son tú, lleguen a los buzones adecuados.]

 

Ernesto Pérez ZúñigaCARTA XXV

Vivimos muy poco tiempo en las edades

para saber el final de nuestra historia.

Y estoy atento a la lluvia que he esperado despierto.

El viento agita el ciprés

y remueve los olivos.

 

Poco más está en mi mano:

despertar de mí,

sostener la eternidad

de un instante fugitivo.

Los historiadores analizan

tensas rectas enfiladas

en el interior de un círculo.

De ninguna de esas rectas

veremos el fin.

Pero el círculo es nuestro.

 

*Ficha técnica: Ernesto Pérez Zúñiga, Escala. Poesía 1991-2023, Granada, Sonámbulos, 2023. Prólogo de Andrés Soria Olmedo.

DEJA UNA RESPUESTA

Deja un comentario!
Por favor introduce tu nombre