Irene Solà: “Primero hay un interés por la palabra y su potencial, y luego, aparece el tema”

Irene Solà

Todos la identificamos enseguida con la mejor narrativa, porque Irene Solà (Malla, Barcelona, 1990) es la autora de tres novelas que la han convertido en una referencia internacional (primero Els Dics, de 2018 [Los diques, en castellano en 2021], después ese fenómeno formidable que fue Canto jo i la muntanya balla, de 2019 [Canto yo y la montaña baila] y finalmente, de momento, la magistral Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres, de 2023 [Te di ojos y miraste las tinieblas], pero allá al fondo, en los orígenes de su bibliografía, está la poesía, sosteniendo y fecundando todo lo que vino y todo lo que pueda seguir llegando.

Para hablar de aquel primer libro y responder a algunas preguntas sobre su filosofía de la poesía, Irene Solà tuvo la generosidad de salir por unos días de su famosa concentración, apartarse de su escritura, subirse a un tren y acercarse hasta La Plaza Invisible, un acontecimiento con el que celebramos por todo lo alto la publicación número 100 de la sección de crítica de poesía de La Línea Amarilla.

Irene Solà
La escritora osonenca Irene Solà / Foto: Ignasi Roviró

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Allá por el remoto 2012, “cuando la Tierra estaba desordenada y vacía”, como decía el clásico, “y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”, una ineditísima Irene Solà de veintipocos años ganó el Premio Amadeu Oller de poesía, y aquel menudo pero apabullante ramillete de poemas se publicó bajo el impactante título de Bèstia en una tímida y discreta tirada de la editorial Galerada.

Fue algún ejemplar de esa edición el que muchas y muchos buscamos cuando sucedió lo de Canto yo y la montaña baila, pero ya había desaparecido del paisaje cualquier copia, seguramente agotadas por quienes dos años antes habían podido leer Els dics (que también apareció con su galardón: el Premio Documenta de 2017).

El caso es que la Bèstia catalana original se quedó agazapada allí, en el corazón de su bosque, hasta que reapareció, vertida al inglés por Oscar Holloway y transformada en Beast, en Shearsman Books, en la localidad de Swindon. Después llegó en la ciudad de Ancona la traducción al italiano (Bestia, traducida por Cecilia Monina para Italic Pequod) y por fin, en 2022, diez años después de su primera vida, nuestro querido Unai Velasco trajo hasta el castellano a la Bestia para las prensas de La Bella Varsovia.

Fue entonces cuando pudimos comprobar la belleza, la gracia, la libertad, la inteligencia, la malicia bonita, la provocación, la curiosidad, el temblor y la puntería de los brevísimos poemas de Irene Solà, de espíritu realmente selvático, rompedores, hermosos y traviesos.

Allá abajo reproducimos cuatro, especialmente adorables, pero hay que buscar y merecer el libro entero.

P: ¿Qué encuentras hoy al releer o recordar Bèstia, quince años después de su escritura?

R: Me sorprende y a la vez me resuena este libro. Lo escribí hace mucho tiempo, han pasado muchas cosas, temporalmente estoy lejos de ese momento, pero a la vez me siento muy cerca de la voz, del tono, de los juegos, de las imágenes. He estado participando en reediciones y traducciones del libro recientemente, y siempre que regreso a él lo disfruto.

P: ¿Has seguido escribiendo poemas desde entonces? ¿Habrá libros de poemas en tu bibliografía venidera o sientes que Bèstia quedará como una excepción, una curiosidad para empezar una obra literaria?

R: No estoy escribiendo poemas hoy en día. El proyecto en el que estoy trabajando ahora mismo está cogiendo forma de novela. Pero no sé donde me llevaran las siguientes investigaciones. Y me interesa este no descartar, este no saber.

Irene Solà
La Plaza Invisible haciendo visible a la indómita Irene Solà / Foto: Oscar Holloway

P: Cuando publicaste aquellos poemas eras muy joven, pero me da la sensación de que la frescura y el moderado gamberrismo literario de aquellos versos no tenían tanto que ver con tu edad, con una juventud real, biológica…, como con otras convicciones, con una juventud digamos permanente. Quiero decir que me parece que si escribes poemas cuando tengas setenta años no serán muy distintos.

R: Desde luego me gustaría escribirlos desde un lugar similar, un lugar que en mi recuerdo era de libertad, de exploración, de curiosidad, de honestidad, de intuición, de irreverencia.

P: ¿Consideras que los temas de Bèstia, si es que los había, fueron muy distintos de los que luego has abordado en tus novelas?

R: Creo que antes que temas, en mis proyectos siempre hay unas primeras y primogénitas ganas de explorar, de poner a prueba, de reflexionar, de entender las posibilidades del lenguaje. Hay, creo, primero un interés por la palabra y su potencial, y luego, aparecen los temas, que diría que entonces son abordados de la misma manera, con esas ganas de sumergirme en ellos desde un plano teórico, pero también físico, práctico, de manos sucias.

P: Bèstia sigue dando, ante todo, una gran sensación de originalidad, de renovación, de no tener mucha ascendencia, de ser un poco silvestre. ¿Es así o sí tenías en mente alguna referencia, a algún/a poeta anterior?

R: En aquel momento me habían marcado y me habían hecho sentir que quería escribir, Gabriel Ferrater, Leopoldo María Panero, Mireia Calafell, Laia Martínez i López… También Anne Sexton y Silvia Plath.

P: ¿Y qué poetas te importan o te acompañan más ahora, a la altura de 2026?

R: Añadiría a Maria Callís Cabrera, Jaume Coll, Enric Casasses, Antonina Canyelles, a la poeta húngara Anna T. Szabó, a diversas poetas que descubrí en Inglaterra, Heather Phillipson, Sophie Collins, Penny Goring y Sarah Howe…

P: Bèstia apareció, claro, en catalán, y luego en inglés, en italiano y, por fin, en castellano. ¿Va a haber más traducciones?

R: Están en camino la francesa y la alemana.

P: Finalmente, sucede que el principal secreto de Bèstia estaba en el propio título, tan desafiante. Quizá no quieras revelarlo, pero ¿a qué remite? ¿Al propio libro?, ¿a la actitud literaria invertida allí?, ¿a la «narradora» implícita?

R: A las tres. El libro como animal, como bestia, como ser. Pero también, “bèstia”, al menos en catalán, puede remitir a un animal obediente, dócil, doméstico, en general un cuadrúpedo, que en un contexto de masía se usaría especialmente como animal de carga o para trabajar en el campo. O, a un animal (o persona) salvaje, feroz, bruto y brutal, violento, carnal, visceral… La voz, la actitud, la narradora implícita en Bèstia son a la vez esta “sangre contenida y buena” y esta “boca roja y desagradecida”.

Irene Solà

 

CUATRO POEMAS DE BÉSTIA

1.

Em van arrencar com una ceba,

em van posar nom

i em van foradar les orelles.

[ Me arrancaron como una cebolla,

me pusieron nombre

y me agujerearon las orejas. ]

 

2.

Els records són perillosos

com ossets de pollastre.

En pots tenir un a la dutxa

i relliscar,

a la cuina y cremar-te,

al cotxe i xocar.

[ Los recuerdos son peligrosos

como huesos de pollo.

Puedes tener uno en la ducha

y resbalar,

en la cocina y quemarte,

en el coche y chocar. ]

 

3.

Perdre’t és com anar amb banyador.

[ Perderte es como ir en bañador. ]

 

y 4.

La teva pell suau

xoca contra la meva,

com las plaques tectóniques,

les glaceres,

els dinosaures,

els meteorits,

els camions de carreres.

[ Tu piel suave

choca contra la mía,

como las placas tectónicas,

los glaciares,

los dinosaurios,

los meteoritos,

los camiones de carreras. ]

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