Juana Doña o el viaje hacia el feminismo de una luchadora nata

Juana Doña. Republicana, comunista y feminista. Madrid, 1918 - Barcelona, 2003

La ‘segunda dama del comunismo español’ abrió su campo de lucha durante su exilio en Francia. En los años 70 publicó Mujer (1977) y Desde la noche y la niebla. Mujeres en las cárceles franquistas (1978).

Núria Ribas / @oikit

Juana Doña. Republicana, comunista y feminista. Madrid, 1918 – Barcelona, 2003

Nació en 1918 en Lavapiés (Madrid) y murió en 2003 en Barcelona. Pero sus últimos 25 años de vida y de lucha – con ella no cabía una sin la otra- transcurrieron en Arganzuela (Madrid), en la calle Juan de Vera, en el barrio de Delicias. Hoy, cuando las recientes elecciones generales nos han dejado un aumento estremecedor de la extrema derecha en el Parlamento, recordamos a Juana Doña, probablemente una de las mujeres que más y mejor encarnaron el espíritu republicano desde las filas del comunismo primero e incorporando el feminismo en la última etapa de su vida.

Su amigo y prologuista de dos de sus libros, Manolo Vázquez Montalbán (que murió solo unas horas antes que ella pero a miles de quilómetros, en el aeropuerto de Bangkok) dijo de ella que era “la segunda dama del comunismo español”. Mucho menos conocida que La Pasionaria, Juana Doña tuvo claro desde muy joven (a los 14 años se afilia a las juventudes comunistas)  qué era la lucha de clases y cuál era, según su punto de vista, el camino para conseguir un mundo más justo, más igualitario.

Falta mucho para que cambie el mundo, y yo me moriré sin verlo, pero con la idea de que cambiará. Pensar de otra manera sería reconocer que toda mi vida había fracasado”, declaraba en una crónica en El Mundo a propósito del XVI del PCE solo un año antes de morir. Y reconocer el fracaso o rendirse ante la más absoluta adversidad nunca estuvo en los planes de esta mujer vivaz, autodidacta, tenaz y orgullosa. “Yo soy una chica del Sur, del Sur de Madrid. Ya de niña vivía en Lavapiés, barrio de chisperos, obreros, de proletariado”.

Incluso cuando le conmutaron la pena de muerte a la que fue sentenciada por el régimen en 1947 por 30 años de prisión – se asegura que por mediación de Eva Perón, de viaje a esa España oscura – no se mostró satisfecha ante las autoridades franquistas. No tenía motivo, les espetó: sus compañeros de juicio no corrieron la misma suerte y son fusilados en el cementerio de Carabanchel. Juana ya tenía mucho callo en el alma. Antes, había perdido a su hija Lina a los seis meses de meningitis y Franco había fusilado a su marido y amado, Eugenio Mesón, también militante comunista y luchador antifranquista, con solo 25 años. Y había pasado por la huída de Madrid, el campo de concentración y diversas detenciones ya con su segundo hijo, Alexis, nacido en febrero de 1938, tres años antes del fusilamiento de Eugenio. (Por cierto, Alexis Mesón Doña aparece como personaje en la novela de Almudena Grandes Las tres bodas de Manolita).

Tras la conmutación de la pena de muerte, Juana pasará 18 años en las cárceles franquistas. Jamás dejó la lucha, incluso dentro de los penales, donde empezará a tomar conciencia de la desigualdad de género que existe también entre las filas comunistas.

En 1961 es puesta en libertad. Parte hacia Francia donde contacta con el PCE allí establecido. Juana iniciará dos nuevas facetas: su lucha con el movimiento feminista –sin abandonar nunca la órbita comunista – y una producción literaria que publicaría a partir de la restauración de la democracia en España. Mujer (1977); Desde la noche y la niebla. Mujeres en las cárceles franquistas (1978); Gente de abajo. No me arrepiento de nada (1992); y Querido Eugenio. Una carta de amor al otro lado del tiempo (2003).

Libros escritos desde esta Arganzuela en la que pasó las últimas dos décadas de su vida, en ese sur de Madrid en el que aseguraba que “se iba a morir”. Libros que nos ayudan a recuperar esa memoria histórica que nunca deberíamos haber empezado a perder. Para no repetir errores y como respeto al sufrimiento de tantos y tantas que, como Juana Doña, fueron fieles a sus ideales a pesar de todo, a pesar de todos.

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