‘Kilimanjaro’: el honorable placer

Eva Tur

Una legendaria montaña africana o un «faro encendido donde me da igual estrellarme» son poderosos espacios simbólicos para dar cuenta de un reencuentro con una misma, un auto-rescate, una curación.

Publicado en Palma de Mallorca por la editorial Sloper en enero de 2024, Kilimanjaro es el segundo libro de Eva Tur (Ibiza, 1976). Con ella, estrenamos marzo en La Plaza Invisible.

Eva Tur
La poeta ibicenca Eva Tur, entre los claroscuros de La Plaza Invisible / Foto: J.M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Un hombre recién separado pregunta a la que hasta pocas semanas atrás era su mujer si le podría poner una lavadora… Esa situación tan de película de barrio, entre divertida e indignante, es lo que sucede en los dos primeros versos del segundo libro de Eva Tur (Ibiza, 1976), pero no da en absoluto el tono del conjunto sino que de algún modo justifica el viaje imaginario, literario y hasta fantástico que en Kilimanjaro, desde su título, se da.

Porque esa situación, tan cotidiana y a la vez tan estrafalaria, tan hogareña cuando ya no hay un hogar, tan inoportuna y tan reveladora de las limitaciones o expectativas de cada cual, es, por una parte, el punto final definitivo a una historia terminada, y, por otra, el catalizador de un proceso de liberación personal que hace que quien habla pueda comenzar a elevarse, ligera, como la mujer del Chagall de la cubierta.

Siempre me ha gustado eso de recurrir a topónimos lejanos, eufónicos y exóticos como metáfora de una situación prosaica e insatisfactoria o, más habitualmente, como declaración de un anhelo («Antarctica starts here»…, cantaba por ejemplo John Cale para presuntamente retratar la precariedad emocional de alguien hundido). Aquí hay que esperar hasta el último poema del libro para darse cuenta de que el Kilimanjaro funciona como metáfora doble («Todo es dulce y familiar / y duplicarse / es un acto de fe», se dice en otro sitio):

«Mi Kilimanjaro era todo el hielo adentro, / en mi garganta, formando estalactitas, / pasadizos laberínticos, / bosques de esparragueras que crujían. // Mi Kilimanjaro / es ahora un sol que quema y me desnuda, / la sal que deshace mi dolor, / la sal / sazonándome los días».

Del desamor del comienzo al reencuentro con una misma del final, simbolizado de forma clásica en la soledad y la desnudez ante el mar, hay muchos poemas explícitamente animales, donde los cuerpos se buscan, se persiguen, se enzarzan, se lamen o se frotan

Como todo el mundo sabe, o cuando menos intuye, la desnudez es algo que hay que merecerse, y aquí queda claro que para llegar a esa segunda estrofa, tan balear y liberadora, ha de haberse hecho un esfuerzo grande, una ascensión metafórica que tiene antecedentes en la obra de Tur, a pesar de su brevedad.

En Planeta Tigre (enero de 2021), el celebrado debut de la ibicenca (llegó a conocer una reimpresión en septiembre de 2022), había un poema titulado La expedición en el que un yo parecido al del segundo libro asegura que «Busco un sherpa, uno / de nombre Jueves, / que me indique la forma / de llegar a la cima. […] Dirá cómo debo desprenderme / de termómetros que saben: el clima / de nuestra habitación, palabras incendiarias / y días de felinos»

Pero el proceso relatado en uno y otro libro son distintos, porque el de hoy es notoriamente más erótico. Del desamor del comienzo al reencuentro con una misma del final, simbolizado de forma clásica en la soledad y la desnudez ante el mar, hay muchos poemas explícitamente animales, donde los cuerpos se buscan, se persiguen, se enzarzan, se lamen o se frotan.

El que reproducimos completo abajo (tanto en su versión original en catalán como en la traducción de la propia autora) serviría para ilustrar ese amor afanoso, que en otras páginas asume la forma aún más gráfica y directamente sexual de «el honorable placer / que creas con las manos cuando / me coges por las nalgas y llegamos / al faro encendido donde me da igual estrellarme», o bien de «las palabras más / salvajemente armónicas / que jamás se habían oído / y mi pulso se desprendió del cuerpo / y me moví de nuevo / sacudiendo las caderas / en una pulsión antigua».

Todo ese desatamiento llega tras la decepción inaugural, y tras cierto abatimiento que se expresaba a través del pesimismo («No habrá más amores, / ni tampoco brotes tiernos que nazcan / entre cardos»). Así que en ese sentido Kilimanjaro es literalmente la historia de una ascensión, de una escalada que alcanza exactamente los «5895 metros de altitud» (que es como se titulaba el último poema, totalmente citado arriba).

Esa conquista de la cima (convertida en orilla) culmina un proceso en el que también se ha homenajeado el imaginario mediterráneo a través de la gastronomía (ver especialmente el poema Cuajada con miel, tan sensitivo y hedonista también, aunque a la busca de otros placeres: «Nuestras madres son aquello que nos cocinaron»…) o de la familia (Ver Diplopía). La recuperación de una misma, el auto-rescate, tiene muchas esquinas, y «Si invocas el deseo, / me verás en su interior, lamiéndolo».

Eva Tur

EN CUERPO Y ALMA

Perdidos en la arboleda blanca

bebemos del arroyo y arañamos en la nieve

comiendo hojas tiernas.

 

Ha cesado la lluvia.

 

Permanece

una presencia animal. Somos

 

dos mamíferos buscándose

en la distancia, que se miran mientras corren

y se acercan con miedo.

 

Te esperaré de nuevo otra noche

en el sueño de los ciervos.

 

En el pelo y en la piel

nos reconoceremos.

 

EN COS I ANIMA

 

Perduts dins l’arbreda blanca

bevem del rielol i gratam la neu

menjant fulles tendres.

 

La pluja ja ha aturat. Resta

una presència animal. Som

 

dos mamifers resseguint-se

a distància, mirant-se mentre corren,

atracant-se amb por.

 

T’esperaré de nou una altra nit

en el somni dels cérvols.

 

En el pèl i en la pell

ens reconeixerem.

 

*Ficha bibliográfica: Eva Tur, Kilimanjaro, Palma de Mallorca, Sloper (col. La Noche Polar, 137), 2024 (31 de enero). Epílogo de Anna Gual.

 

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