La comprensión de la muerte para los más pequeños con Wolf Erlbruch

Imagen de 'el pato y la muerte', cuento ilustrado de Wolf Elbruch

El pato, la muerte y el tulipán, un tema tabú pocas veces explicado

En tiempos de coronavirus nuestros peques están enfrentándose a una situación inédita incluso para los adultos que les rodean. Además del confinamiento y el estrés que perciben en nosotras, en algunos casos tendrán que enfrentarse a la muerte de seres queridos sin poder vivir un duelo que consuela. En el momento en que los más pequeños pierden a alguien cercano no entienden los razonamientos que el adulto puede llegar a utilizar para asimilarlo, y menos en los tiempos que corren. Los cuentos nos pueden ayudar a preparar el terreno, tanto para ahora como para un futuro. Hoy os acercamos El pato, la muerte y el tulipán, de Wolf Erlbruch, un cuento ilustrado editado por Barbara Fiore, que explora la simbiosis que en realidad representan vida y muerte. Recomendado a partir de los 9 años.

Elena Llera (@quintapared) / Núria Ribas (@nuriaribasp)

Imagen de ‘el pato, la muerte y el tulipán’, cuento ilustrado de Wolf Elbruch

El pato, la muerte y el tulipán (Bárbara Fiore, 2007) trata exactamente de lo que nos adelanta el título: el encuentro de un pato con la muerte un día cualquiera y su conversación aparentemente intrascendente. Nuestros dos protagonistas representan las dos caras del ciclo vital. El pato simboliza la vida (incluyendo la ingenuidad de que no se acabará) y la muerte, obviamente, lo que su nombre contiene de manera sencilla e incluso dulce. El diálogo que establecen será el centro de la obra, carente de escenarios que puedan distraernos de sus palabras y donde el estilizado pato y la aniñada muerte, caracterizada con un vestido que esconde la mayor parte de su cuerpo, dialogan y se plantean cuestiones de índole casi filosófica.

Una historia completa y circular

El planteamiento de la historia corresponde a la presentación de la muerte en la vida del pato, quien le hace preguntas al no entender por qué aparece ahora si no está enfermo. Una vez asume y transforma en cotidiana la presencia de la muerte, ambos llegan incluso a realizar algunas actividades juntos, como bañarse o comentar las leyendas que giran en torno a la muerte.

Pasarán unas semanas en armonía hasta que el pato siente una oleada de frío y le pide a la muerte que le abrace, momento en el que deja de respirar y fallece. La muerte lo lleva a un estanque y le coloca una flor encima a modo de despedida, la cual resalta en el pecho del pato a medida que éste se va haciendo más pequeño, casi acunado por las aguas que lo alejan. El libro se cierra con la imagen de la muerte paseando, con otros dos animales a su alrededor: el ciclo de la vida.

Las imágenes del libro son casi todas del pato y de la muerte dialogando o llevando a cabo diversas actividades, aunque gráficamente hay algunos detalles que merecen la pena ser destacados. La flor que la muerte lleva consigo desde el primer encuentro puede parecer accesoria, pero cuando fallece el pato entendemos que es una manera delicada de decir adiós por parte de la muerte a aquel que deja la vida. El vestido que lleva recuerda a la prenda de un niño, grande y a cuadros, casi como un uniforme escolar, así como los zapatos y los guantes que esconden sus huesudos pies y manos, concentrando todo el impacto de la imagen en su cara, una calavera exquisitamente dibujada que, a pesar de ser inevitablemente tétrica, refleja una leve sonrisa que no la hace tan terrorífica.

Algunos de los elementos que intervienen en sus actividades aparecen levemente representados (el estanque o el árbol) de manera delicada y fugaz. El fondo de todas las ilustraciones (salvo una) será blanco. La excepción llega ante la muerte del pato, cuando el fondo se torna azul y el impacto de los personajes aumenta al mostrar un mayor contraste y un cambio de estado. Ese azul será el mismo del estanque donde se posará el cuerpo del pato y se irá para siempre, hilando de nuevo así los elementos que han aparecido y que nos muestran una historia redonda.

La sencillez como marca de la casa

Wolf Erlbruch es el creador de una prolífica serie de álbumes ilustrados marcados por la sencillez y la síntesis narrativa. Galardonado en 1993 con el Premio de Literatura Infantil por su obra El milagro del oso, entre sus obras más destacadas podemos mencionar las editadas por Bárbara Fiore, como el poético El viaje de Olek (2007) donde colabora como ilustrador, o la historia sobre la búsqueda de la identidad en El oso que no estaba (2015) que escribe e ilustra.

Erlbruch ha sabido hacer algo muy difícil al traer a la muerte hasta nuestra cotidianidad e incluso dulcificarla. Pero sobre todo ha logrado mostrar que la vida es un proceso donde cada etapa es igual de importante y complementaria con las demás. Con esta obra se puede intentar que los niños entiendan la vida y el duelo por una muerte de manera más natural y, en el mejor de los casos, incluso minimizar el impacto de la pérdida de un ser querido.

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