La libertad es una librería

Luis García Montero

EDITORIAL

El poeta, filólogo y director del Instituto Cervantes Luis García Montero recibió esta semana el XX Premi Blanquerna que otorga la Generalitat de Catalunya a través de su Delegación en Madrid. Así de entrada, puede parecer un premio menor, pero nada más lejos de la realidad si se tiene en cuenta por qué alguien es merecedor de este galardón: por reforzar los lazos entre ciudadanías, por apostar por el diálogo y la verdad por encima del ruído y los bulos. En los tiempos que corren, esto bien merece un premio.

Luis García Montero
Luis García Montero, recibiendo el XX Premi Blanquerna / Cortesía Generalitat de Catalunya

El Premi Blanquerna lo han recibido desde presidentes del Gobierno como Adolfo Suárez hasta empresarias como Esther Koplowitz, pasando por el seleccionador nacional de fútbol Vicente del Bosque, la Residencia de Estudiantes, Federico Mayor Zaragoza, Iñaki Gabilondo o, el primero de todos ellos, Fernando Lázaro Carreter. Todas y todos han preferido el diálogo y la empatía hacia el otro que los gritos, insultos y bulos. Luis García Montero, el poeta, también.

Pero como no se cansa de señalar el CIS en cada encuesta que publica, parece que van ganando los de los gritos, insultos y bulos.

Hoy, 20 de noviembre, todo un Tribunal Supremo ha dado la razón a un señor que ha confesado delinquir y a otro que ha confesado inventarse la información que propaga; y se la ha quitado a otro señor, un Fiscal General, que se ha mantenido firme en la defensa de la institución que representa. Hoy. Cuando se cumplen cincuenta años de la muerte del dictador Francisco Franco.

Por eso es tan de justicia poética, nunca mejor dicho, que el Premi Blanquerna haya venido a balancear tanto lado oscuro para dar un poquito de luz (hasta Rosalía la busca) a través de los versos de un poeta (García Montero), de la palabra dicha de un monstruo del escenario (Josep Maria Pou) y de los acordes de un grande que no se cansa de cabalgar (Paco Ibáñez).

La palabra como instrumento, la palabra como conjuro ante las moiras que arrebatan ‘verdad’ y sumen en el desconcierto a una ciudadanía que ya no sabe qué creer, qué escuchar. Entre las tinieblas, la tarde luminosa del Premi Blanquerna. Destellos lanzados desde donde cada uno prefiera por Gil de Biedma, Àlex Susanna, Josep Espriu… y, sobrevolándolos a todos, Joan Margarit.

Debemos volver la mirada a Margarit y grabarnos a fuego uno de sus mejores versos:

«La llibertat és una llibreria – La libertad es una librería».

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