‘Libro mediterráneo de los muertos’: la estación de la noche

María Ángeles Pérez López

Tras merecer el Premio de la Crítica de 2022 por su Incendio mineral (en el que nos hacía saber, inolvidablemente, que «el fuego alguna vez fue un animal», la profesora María Ángeles Pérez López (Valladolid 1967) llega a La Plaza Invisible de La Línea Amarilla con nuevo libro (y nuevo premio) bajo el brazo, un libro herido, duro, fuerte.

Con este valiente Libro mediterráneo de los muertos ha obtenido el VI Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, por lo que ha sido coeditado por Pre-Textos, en Valencia, y la Fundación Centro de Poesía José Hierro, en Getafe.

María Ángeles Pérez López
La profesora y poeta María Ángeles Pérez López, contra pared amarilla de nuestra Plaza Invisible / Foto: J.M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Sucede muchísimas veces que, ante un ejercicio de poesía arriesgada, admiro la intención, el esfuerzo, la buena idea… pero me deja frío el resultado. Aprecio la ambición que hay en el libro, pero es imposible no ver que lo que de hecho queda es una calamidad. Si te explican el proyecto (y aunque lo de «proyecto» siempre suena regular…), te encanta; si desciendes a las palabras, es difícil llegar hasta la página 8.

Lo cual, por supuesto, no quiere decir que no haya que seguir intentándolo. La poesía es un horizonte que a veces se alcanza, una utopía que muy de vez en cuando se consigue, una especie de promesa que nos mantiene despiertos, vigilantes, a la espera de que surja una voz como la de María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967), que es, definitivamente, una de mis poetas españolas favoritas, una de las miradas que, por su originalidad, por su sinceridad, por su calidad, más sinceramente me creo. Ella es una mujer que observa siempre la realidad desde lugares poco habituales, y que sabe decirla de un modo que nos hace sentirnos o sabernos concernidos.

hay en la poesía de Pérez López un afán explorador, experimental y metalingüístico mucho más activo y claro que el que hemos solido tener en la literatura española

Es profesora de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, y se nota mucho, pues seguramente su vocación lectora le ha llevado a ese trabajo, y esa ocupación profesional, a su vez, ha modificado o coloreado de alguna forma su vocación y por tanto su obra, en un bucle ascendente: como en el caso de Esperanza López Parada, Erika Martínez o Laura Montes Romera, también expertas en la poesía de «el otro costado» de nuestro idioma, hay en la poesía de Pérez López un afán explorador, experimental y metalingüístico mucho más activo y claro que el que hemos solido tener en la literatura española.

Cada libro suyo trae siempre algo nuevo y algo siempre difícil. Difícil a veces por su reformulación de caminos habituales, como su libro Diecisiete alfiles (Abada, 2019), formado por haikus, o por sus aventuras literarias, como sus Interferencias (La Bella Varsovia, 2019), tal vez el libro más claramente «social» de los suyos, en donde barajaba poemas muy conocidos de poetas ilustres con noticias de la prensa, estadísticas o titulares sobre violencia machista, desempleo, precariedad juvenil o tauromaquia.

Uno de aquellos poemas de Interferencias, titulado Ancho mundo, hablaba sobre la tragedia de los inmigrantes, la intemperie de los que cruzan desiertos, la tragedia de quienes se ahogan ante las costas italianas o españolas…, con lo cual se adelantaba el impulso temático que principalmente ocupa ahora este Libro mediterráneo de los muertos, un libro extraordinariamente valiente desde su título, que apela a antecedentes literarios tan remotos como literalmente fundamentales, fundacionales, sagrados.

Acabo de recurrir a esa etiqueta habitual de poesía social, y no sé si arrepentirme: creo que lo de María Ángeles Pérez López no es tanto una cuestión de creer en la utilidad de la poesía como de estar convencida de su fuerza, de su capacidad testimonial.

La suya, desde luego, es abrumadora, aunque nazca de una fragilidad, o de una pena, o de la rabia que produce la injusticia, ver que a poquísimos kilómetros de nosotros culmina un desastre que tiene mucho más de trágico que de épico, aunque aquí se le quiera buscar el lado sublime, no para embellecerlo sino para homenajearlo, para levantar un firme monumento de palabras a la memoria de los que de ese modo mueren.

Son sólo ocho poemas, pero largos, y están dispuestos en prosa, pero con una métrica cuidadísima e instintiva que viene avisada desde el título, también un endecasílabo. La música de María Ángeles Pérez López es de las más reconocibles de nuestra poesía contemporánea, y tiene esa cosa inexplicable que hace que unas formas conocidas, un ritmo forjado hace siglos, una melodía muy común en el idioma suene de una forma personal, sólo suya. (Se puede comprobar en el fragmento que reproducimos abajo).

Por otro lado, cada poema lleva su curioso aparato de notas, donde se amplían intuiciones e informaciones, se reconocen citas o deudas y, en fin, se deja claro que ese apéndice no es un anexo dependiente del principal, sino parte central, sin jerarquías, del texto, y, aunque contienen a veces declaraciones de admiración muy difíciles de compartir, es a veces en esas notas donde encontramos algunos de los momentos más inspirados del libro.

La poesía de María Ángeles Pérez López es mucho menos feliz que su autora, menos divertida, desde luego menos graciosa, pero igual de inteligente, igual de sensible, igual de noble y bondadosa

Hay algo decididamente orgánico en este libro. Pérez López no se arredra ante el uso de palabras difíciles (cutículas, testículos, tórax, cráneo, laringe…), y hay muchos animales, que remiten a África pero que están enfocados desde un punto de vista, una vez más, más bien hispanoamericano: guepardos, cocodrilos, leones. Hay dentelladas, degollamientos, amontonamientos, heridas, dolor, y todas las palabras elegidas conspiran para esa sensación de peligro o de fango que se arma, no hay diferencia entre lo que se dice y cómo se dice. «La tumba no es el mar sino el lenguaje», leemos, «está todo braceando en el lenguaje».

La poesía de María Ángeles Pérez López es mucho menos feliz que su autora, menos divertida, desde luego menos graciosa, pero igual de inteligente, igual de sensible, igual de noble y bondadosa. Es enorme la seriedad con la que ella aborda y asume lo poético, y cuando sucede hay que callarse y asentir, sus palabras son un sortilegio que conmueve, que mece y a la vez sacude, y que daña para hacernos mejores.

El éxito de este libro, todo lo que consigue, es más admirable en cuanto recordamos cuán inmenso era su riesgo, cuánta la dificultad de partida. Y la ovación ante el Libro mediterráneo de los muertos ha de ser tan cerrada como el mundo que construye, inclusivo y generoso y vigilante y justiciero pero casi con un idioma propio. Tan potente y tan simbólico y tan solemne como la bocina de un barco que sonase en alta mar en honor de los desaparecidos.

María Ángeles Pérez LópezPARTITURA DE LOS DESPLAZAMIENTOS [fragmento]

[…] Cuando las uñas se desplazan, como los continentes, invitan al afuera, son afuera. ¿Qué significa “afuera” si eres agua? El océano todo lo vuelve en sí. Arrecife y caparazón vacío, como cuando decimos “caballito de mar” pero desaparecen las praderas, la velocidad respirada en el belfo, la cualidad carnal de lo indomable. El caballito, en su diminutivo, se entrega sin cerviz, sin desamparo. Una miniatura de juguete para que el océano no sea tan bronco. Y córneas que parecen de juguete en personas cautivas bajo el agua.

Porque el océano todo lo vuelve de sí. Cada coral disuelve su alboroto, entrega el nombre apresurado de su propio color como si no hubiera al menos diez pigmentos mezclándose, como si todo no fuera mezcla en todo, como si la conciencia misma del color no fuera un modo extremo del idioma. Amor en el azul, verde, violeta. Fluorescencia que atrae al plancton entre la oscuridad pero no sabe llamar a los ahogados.

[…] Hay personas sumergidas en silencio que repiten su nombre sin cansarse. ¿Cómo es que esos nombres no logran emerger? ¿Es también por sus ondas, su color? Si la estructura feliz del arrecife segrega nombre propio entre tanto factor de simetría, ¿cómo es que esos nombres no logran emerger? Los cuerpos se han hundido, arrastran los pulmones abrasados, voluminosos, heridos por la asfixia y el pavor pero ¿y sus nombres? ¿Se han vuelto parte misma del océano? ¿No logran desprenderse y emerger? […]

Cuando las uñas se desplazan, ¿dicen ‘éxodo’? ¿Conocen las largas migraciones aunque no se desprendan de ti? ¿Deshilan el manto terrestre? Al desplazarse el Atlántico no deja de crecer. En las manos se oprime lo real. ¡Pero el cuerpo es también el océano! ¿O hemos olvidado que el agua nos recorre? Somos sima, palabras abisales, llanuras y anémonas de mar. La grava incorregible que danza en el amor. Tal vez de pose al fondo de los bronquios la llave esquiva de los carceleros. Ante ella los nombres no logran emerger. […]

*Ficha técnica: María Ángeles Pérez López, Libro mediterráneo de los muertos, Valencia / Getafe, Pre-Textos / Fundación Centro de Poesía José Hierro, 2023

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