ILUSTRACIÓN
Afortunadamente, las clasificaciones clásicas y reducionistas en el arte van desapareciendo. Encontrar las líneas que separan la instalación de la escultura o la performance del teatro, por ejemplo, es una tarea casi imposible, además de vana. Todavía es más vana la insistencia en etiquetar lo que el canon ha querido mal llamar ‘obras menores’ y ‘grandes obras’.
Por eso, hoy ponemos el foco en la ilustración, que, a menudo, y muy injustamente, olvidamos o situamos en planos que no le corresponde.
Descubrir el trabajo que hoy están haciendo algunos ilustradores es entrar a formar parte de una aventura que no defrauda, al contrario, sorprende por cuanto tiene de novedad, de impulso renovador y de riqueza plenamente artística. Esto es lo que sucede con Luis Alves (Lisboa).
Agustín Laguna / @agustinlagunalopez
Alves, portugués afincado en el centro de Madrid desde hace años, ha desarrollado un mundo reconocible, propio, individual. Formado como diseñador gráfico, su trabajo transita hacia un universo muy personal que lo lleva a dedicarse plenamente a la ilustración. Trabaja para varias revistas, ha sido responsable de portadas discográficas y carteles de conciertos y ha expuesto en distintas galerías tanto en nuestro país como en Portugal.
Uno de sus méritos es que consigue de una forma sutil y a la vez arrolladora, llena de fuerza, adentrarnos en sus propias experiencias, sus mitos y sus pasiones. Así nuestra mirada se convierte en la suya y se produce una maravillosa metamorfosis con la que nos hace hábiles para disfrutar de la belleza de lo que nos rodea.
Uno de sus méritos es que consigue de una forma sutil y a la vez arrolladora, llena de fuerza, adentrarnos en sus propias experiencias, sus obsesiones, sus mitos y sus pasiones
Sus obsesiones, confiesa, lo envuelven todo. Como su amor vital por la música, que todo lo tiñe. En ocasiones casi se puede escuchar cómo se mezclan los sonidos africanos y las notas de la Norte América clásica, del soul o del jazz en un buen número de sus ilustraciones. Son retratos de músicos o cantantes afros, rescatados y transformados desde su particular mirada y su destreza como ilustrador.
La ciudad, el hábitat que nos rodea, esos paisajes urbanos de calles empinadas tan lisboetas pero también madrileñas. Muchas veces, Alves plasma esas calles cuando están vacías para mostrarnos que, aun así, rezuman vida e invitan al paseo.
O la memoria, esa infancia supuestamente perdida pero que sigue marcando irremediablemente nuestra forma de ver el mundo.
Explosión de color
Cualquiera de estos tres temas principales que atraviesan la obra de Alves tienen un denominador común claro: el color.
Luis Alves creció en un barrio lisboeta, en las afueras de la capital lusa, donde el gris de los adoquines se contaminaba con el llamativo color de los trajes africanos de sus vecinos. Cabo Verde, Guinea-Bissau, Angola o Mozambique inundaron su retina y sus oídos y sembraron en él lo que después aflora en su trabajo, una pátina que consigue hacerlo atractivo y fresco.
Por si el inagotable colorido de las telas africanas fuera poco, Luis Alves es capaz de enriquecer aún más la explosión de los sentidos que suponen sus dibujos con la belleza de la cerámica portuguesa. Y la trae ante nosotros con una vitalidad casi insultante. El trabajo de tantos siglos atrás se renueva, se actualiza y nos hace caer en la cuenta, una vez más, de que la belleza, si lo es, perdura más allá de las modas y de los hombres. Los cobaltos, los óxidos, los verdes se apropian del papel, se extienden por la imágenes y lo transforman todo en novedad.

Los patrones que él interviene, invirtiendo fondos, repitiéndolos en ritmos continuos, segmentándolos y encapsulándolos en nuevas geometrías le sirven, de nuevo, para que lo antiguo, lo usado, cobre nueva vida, nos dé la posibilidad de descubrir lo que de otro modo ignoraríamos.
Los cobaltos, los óxidos, los verdes se apropian del papel, se extienden por la imágenes y lo transforman todo en novedad
Y ese proceso es el que también utiliza con la fotografía, con imágenes que al autor le cautivan y que las sucesivas capas de su creatividad transforma y convierte en objetivos que nos enamoran, nos atraen y nos obligan a pararnos e ir descubriendo elemento por elemento, pincelada tras pincelada la urdimbre de su maravilloso universo.
*Para saber más: podeís encontrar a Luis Alves en Instagram: @luisboa.art







