Luisa Castro: «El lenguaje nos usa mucho más que nosotros a él»

Luisa Castro
Luisa Castro
Luisa Castro, en ‘la plaza invisible’, el espacio casi secreto en las entrañas de la colonia Pico del Pañuelo. / Foto: J.M.

La plaza invisible que da nombre a nuestra sección de poesía existe. Su nombre oficial es el de Glorieta de San Víctor, y es un extraño, luminoso y poco madrileño espacio que queda en medio de la llamada colonia de Pico del Pañuelo, un curioso y muy amarillo triángulo, descacharrado ya pero todavía bonito, que se construyó hace casi cien años para alojar a los trabajadores de Matadero y sus familias.

Se trata de una plaza a la que no da ningún portal, y nadie, por tanto, vive en ella. No hay locales, no hay terrazas, no hay columpios, no hay ningún banco donde sentarse, apenas pasa nadie por allí. Es un lugar secreto, pero no es anodino: al contrario, tiene mucho carácter, y nosotros nos hemos propuesto ir llevando a ella toda la poesía viva que nos gusta. Incluso los/as poetas que quieran verse reseñadas/os tendrán que pasar y posar por allí. Pero hoy estrenamos género dentro de La plaza invisible, un nuevo rincón de este espacio, que estará dedicado a entrevistas, encuentros, conversaciones.

Para comenzar por todo lo alto, hemos tenido el lujo de recibir a Luisa Castro (Foz, Lugo, 1966), quien, aparte de una próxima novela, va a publicar inminentemente un nuevo poemario, Un amor antiguo, que aparecerá primero en el original gallego y en primavera en castellano, y que viene a añadirse a su poesía completa, publicada en 2020 bajo el título general de La fortaleza.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

P: Hace ya tres años, en 2019, y bajo el imponente título de La fortaleza, se publicó tu poesía reunida. ¿Qué sentiste al ver ese volumen? ¿Vértigo, orgullo, insatisfacción…?

R: Lo que sentí fue un cierto extrañamiento. Vamos cumpliendo años y vamos distanciándonos de aquello que hicimos al principio, y casi nos parece la obra de otro. Y para ser de otro, ¡no está mal! [risas] Quiero decir que me parecen cosa de «otro» a quien yo podría aún leer hoy. Eso ya es mucho. Y por otra parte sentí agradecimiento por los lectores que han ido visitando mis libros durante estos años, y quise editarlo precisamente por eso, para mantener mis libros vivos para potenciales lectores. Me encantó verlo editado, la verdad es que los libros de Visor son elegantes por sí solos, y me ha servido para conectar con lectores mucho más jóvenes, esencialmente.

P: ¿Por qué ese título?

R: El título, La fortaleza, tenía para mí varios sentidos. Para empezar, es una virtud moral, pero pensaba sobre todo en su significado más literal y obvio, de fortaleza o castillo, construcción defensiva, lo que al fin y al cabo es la poesía para mí, un lugar en cierto modo de amparo y fuerza, como lo es el lenguaje en su función poética, creativa. Es, además, lo que mi apellido significa a la postre. Por eso, porque reunía esos diferentes sentidos, lo elegí. Y también porque me gusta mucho el poeta irlandés W. B. Yeats y ese título me recuerda a un poema suyo titulado La Torre, donde reflexiona sobre la edad y el paso del tiempo. Es también por ese lado un pequeño homenaje implícito.

P: Desde fuera tus libros de poemas parecen bastante diferentes entre sí, no sé si estás de acuerdo. Y, si es así, no sé si es consciente, no sé si es algo buscado eso de que cada libro tenga una melodía distinta. Y no me refiero, por supuesto, al idioma en el que eligieras escribirlo, sino a ritmos, temas, puntos de partida o de vista, influencias, espíritu…

R: Sí, yo también noto que mis libros son muy diversos entre sí, como si los escribieran personas distintas, pero al mismo tiempo creo que hay un hilo común que los une, y la verdad es que no sabría definir ese nexo de unión. Podría decir que la polifonía o el ventriloquismo me habitan de forma natural, una especie de múltiples desdoblamientos que se ponen en marcha de forma automática cuando me pongo a escribir y que forman parte de mi misma esencia, y en esto creo que algo tiene que ver el que yo sea una persona bilingüe, en cierto modo disociada, alguien que además no procede de un mundo o un ambiente literario y que siento que es al único al que pertenezco. Un escritor no deja de ser alguien que se da muerte a sí mismo para nacer de otra manera y en otra parte. Con este desdoblamiento y distanciamiento de partida se ponen en marcha y se accionan mecanismos de duplicidad que confieso que no domino. En el fondo es la vieja idea barroca del gran teatro del mundo, y de la expresión lingüística y literaria como representación actoral. Ya ves, mi último libro habla precisamente de eso, todos somos esos Actores vestidos de calle. Con lo que eso supone de adentrarse en esos infiernos del «actuar», del «performar» que es la vida.

«un escritor no deja de ser alguien que se da muerte a sí mismo para nacer de otra manera y en otra parte»

P: Tras La fortaleza publicaste Actores vestidos de calle, y por otro lado se ha reeditado Baleas… Vistos retrospectivamente, releídos todos tus «hijos», ¿sientes un cariño especial por alguno de ellos?

R: ¿Que cuál es mi preferida de todas esas voces o de todos esos trajes? No lo sé. De verdad que prefiero no mirarme mucho al espejo, y con mis libros me pasa lo mismo, cuanto más «míos» son más paso de largo. Aunque por supuesto que tengo una relación afectiva e íntima con todos ellos, y no me gusta detenerme en sus defectos. Si tuviera que elegir alguno picaría un poco de todos. Más que libros en conjunto me gustan algunos pocos poemas que escribí. ¡Ojalá no fuera necesario escribir todo un libro para que te salga un poema decente!

P: Dinos, por favor, tres poetas que hayan sido verdaderamente importantes para ti, fundamentales, constitutivos… y por qué.

R: Me resulta difícil nombrar sólo a tres poetas. Podría decir Rosalía de Castro, Pablo Neruda y W.B. Yeats. Pero también Rimbaud, César Vallejo y Sylvia Plath. O Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y Blas de Otero. En diferentes momentos y al principio sobre todo fue muy importante su lectura. Si tengo que quedarme con tres poetas ahora, desde la perspectiva de todos estos años diría: Hölderlin, Rilke y Saint-John Perse.

P: Tu trabajo te ha llevado a vivir en Nápoles, luego en Burdeos, ahora en Dublín… Es decir, inmersión cotidiana y prolongada en tres idiomas diferentes. Aparte, ya lo has dicho, eres bilingüe desde la cuna, también conoces el catalán… ¿Importa todo eso a la hora de escribir poesía?

R: No sé qué decirte. Obviamente este trasiego, y el cambio de escenarios, personajes, lenguas…, propician y excitan la imaginación pero no sé decir si hay una traducción real de todo esto en lo que hago. En estos últimos diez años he escrito esencialmente dos libros de poesía, Actores vestidos de calle y Un Amor Antiguo [este poemario es nuevo y saldrá pronto, primero el original en gallego, en la editorial Galaxia, y luego en castellano, en La Uña Rota], y en ambos hay cierta tendencia a la poesía contemplativa y cierto uso del lenguaje que, creo yo, pivota entre la reflexión y la imagen, entre lo interior y lo exterior, como una nueva ductilidad de un idioma que se aprende y que intenta describir el mundo que se ve también por primera vez aunque con los ojos y la perplejidad de siempre.

P: En el prólogo a La fortaleza decías que «en general a la poesía hay que llamarla. Y para eso se requiere de una humildad y de un impudor sin límites». ¿Puedes extenderte sobre eso?

R: Pues es que yo creo que la poesía es como un descender a los bajos fondos de la lengua, allí donde las cosas ni siquiera están dichas, donde por primera vez se fundan y se crean, en ese lodo indefinido donde se esconden todavía en potencia pero sin forma y sin prestigio o reputación alguna. Y para hacerlas emerger a la superficie del lenguaje, para traerlas a la existencia y hacerlas presentables yo, efectivamente, creo que se requiere de una inocencia y una pureza sin límites. Es decir, estar desprovistos de cualquier armazón ideológico, de todo tipo de prejuicios, estar exento de todo eso que nos conforma como seres sociales y quedarse en el puro cuero de lo que es ser humano. Los poetas son anteriores a Adán y Eva, o serían sus padres, vaya.

«creo que la poesía es como un descender a los bajos fondos de la lengua, allí donde las cosas ni siquiera están dichas»

P: De hecho, leyendo uno de tus poemas de Baleas e baleas, que salió en 1988, se podría casi documentar que la poesía tiene algo profético, pues dices: «Pasaxes / Fonterrabía / Baiona / Burdeos / Donosti / Guetaria / Zumaia / Orio / Ondarroa / Lekeitio / San Xoán de Luz / Irlanda». No sé: Burdeos, Irlanda… Más que una ruta de pescadores, parecía tu plan de vida, aunque en la versión de La fortaleza no aparece Burdeos.

R: Lo de Burdeos ha debido de ser una errata, ni yo me he dado cuenta de su desaparición. Pero sí, yo también he pensado muchas veces si no habrá algo de profético en la poesía, no sería extraño, a veces a través del lenguaje se manifiestan cosas que conscientemente aún ignoramos, la lengua casi siempre nos usa como instrumento, mucho más que nosotros a ella. Y no sería la primera vez que escribo algo que luego sucede. De hecho, es algo con lo que he jugado mucho en mis novelas, desde la primera que publiqué.

Y con los poemas también he tenido alguna experiencia parecida. Por otra parte yo procedo por línea materna de una familia de videntes, muy escépticos, eso sí, incrédulos y renegados si quieres pero videntes malgré eux. Y bueno, que yo esté ahora en Irlanda encaja a la perfección con mi imaginario. Irlanda forma parte de mi horizonte mental desde siempre.

P: Por último, ¿qué poetas te gustan más, entre los que han surgido en los últimos años?

R: Intento estar al día pero, la verdad, es imposible. Hay demasiados libros publicándose cada día. Las afinidades electivas me acercan a la gente más joven y a la poesía más experimental. Me gusta María Salgado, Ángela Segovia, Berta García Faet, pero también poetas más discursivos como Ismael Ramos, Gonzalo Hermo o María do Cebreiro. Miguel Ángel Curiel es un poeta que me emociona y también Olga Novo, por decir algunos nombres.

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