Madrid redescubre el ‘novecento’ figurativo de Rosario de Velasco

Rosario de Velasco

Identidades

Esta es la historia extraordinaria de una búsqueda y de un reencuentro. Una búsqueda, iniciada a través de las redes sociales, de la obra pictórica y de las ilustraciones originales de la pintora e ilustradora Rosario de Velasco (Madrid, 1904 – Barcelona, 1991), desperdigadas en centenares de colecciones particulares. Y el reencuentro con una de las pintoras figurativas más reconocidas durante los años ’20 y ’30 en España, pero totalmente desconocida para el gran público contemporáneo de nuestro país.

El artífice de la búsqueda y del reencuentro es su sobrina nieta, la periodista Toya Viudes de Velasco, y los cómplices imprescindibles han sido el gestor cultural Miguel Lusarreta y dos museos: el Thyssen-Bornemisza, que acoge la primera retrospectiva de Rosario de Velasco del 18 de junio al 15 de septiembre, y el Museo de Bellas Artes de Valencia, donde se podrá ver del 7 de noviembre al 16 de febrero de 2025.

Rosario de Velasco
‘La matanza de los inocentes’, 1936. Óleo sobre lienzo. Museu de les Belles Arts de València.

Núria Ribas / @nuriaribasp

Hubo unos años en España que, aunque ahora nos parezca increíble, las ideologías personales eran superadas por el amor a la cultura, a la creación, al progreso. Unos años, la denominada Edad de Plata, heredera de las primeras ventanas abiertas por cuatro valientes a finales del siglo XIX, en la que las mujeres tuvieron mucho que decir. Mujeres que partían de estatus sociales acomodados la mayoría de las veces, pero también mujeres que escaparon de sus orígenes rurales para estudiar, progresar y ayudar a cambiar las cosas en Madrid y Barcelona, principalmente.

Mujeres que obviaban las diferencias irreconciliables para centrarse en lo que en ese momento importaba: la modernización de España con los derechos de las mujeres como punta de lanza. No todas pensaban igual -sobre todo en el plano religioso – pero fueron capaces de crear espacios de encuentro y de formación, de libertad al fin y al cabo, como el Lyceum Club. Luego vendría el golpe de Estado fascista y estallaría la Guerra Civil. Y allí se cercenó esperanza alguna. Como siempre, las mujeres se llevaron la peor parte. En ambos lados.

A las mujeres de educación y talante conservador pero que apostaron en los años ’20 y ’30 del siglo pasado por su libertad personal, creativa y artística en vez de ser el ángel del hogar que el destino les deparaba, tampoco les fue bien una vez aniquilada la II República por la dictadura franquista. Rosario de Velasco (Madrid, 1904 – Barcelona, 1991) fue una de ellas.

Casada con el médico que la salvó del fusilamiento por parte del bando republicano en la cárcel Modelo de Barcelona durante la Guerra Civil, De Velasco pagó por partida doble: aunque había sido amiga y compañera en su momento de figuras progresistas como María Teresa León, Carme Karr o Maruja Mallo, en las recientes recuperaciones de mujeres artistas pre-Guerra Civil (como el fenómeno de Las sin sombrero por parte de Tània Batlló) De Velasco no entró nunca. Puede que por falta de interés en su obra a partir de los ’40, que no se incardinó dentro de las vanguardias abstractas, puede que por la etiqueta de falangista que la acompañó toda su vida.

«Rosario era falangista al inicio porque le cuadraba con su inquietud religiosa, no porque fuera franquista. Al contrario, a pesar de haber nacido en una familia profundamente conservadora, en su juventud ella ya es muy abierta de mente, no tiene ninguna intención de casarse y se dedica en cuerpo y alma a la pintura, a su arte. Su estudio era su paraíso». Quien pone los primeros puntos sobre las íes es Toya Viudes de Velasco, sobrina nieta de Rosario de Velasco. Llevaba 30 años con la idea de recuperar la obra de su tía abuela rondándole por la cabeza. «Claro que sabía que el Reina Sofía tiene en su colección permanente un cuadro de Rosario, Adán y Eva, al igual que el Bellas Artes de Valencia con su La matanza de los inocentes. Incluso en el George Pompidou se expuso alguna obra suya durante un tiempo. Pero aquí, en España, no la conoce nadie».

«Durante los años ’30, su producción fue muy relevante y tuvo mucha presencia dentro del grupo de artistas jóvenes de ese momento, influenciados por la nueva objetividad y por el novecentismo italiano», confirma Elena Rodríguez, conservadora del Museu Thyssen-Bornemisza y comisaria técnica de la exposición que podrá verse desde este 18 de junio al 15 de septiembre en el museo madrileño. «No era para nada una desconocida, para nada. Y luego, además, tenía esta faceta de ilustradora gráfica, con una obra maravillosa».

De Velasco ilustró cuentos que se publicaban en la prensa de la época, como la revista Estampa, por ejemplo, y muchas de las obras que produjo la editorial Hijos de Santiago Rodríguez en Burgos, entre ellas varias publicaciones de María Teresa Léon, también de Carme Karr.

Rosario de Velasco
‘El pájaro azul’, 1927. Dibujo para la cubierta del libro ‘Cuentos para soñar’, de María Teresa León. Acuarela sobre papel

«Como ilustradora es muy versátil, se adapta muy bien al texto y tiene un estilo que puede ir desde un post-simbolismo a cosas muy art decó, muy de los años ’20, de la mujer de la época moderna. También podía ser de trazo muy sencillo, como lo que produjo para ilustrar el volumen de Karr, Cuentos para mis nietos, dibujos más sencillos, más naïf. Los dibujos originales son de una calidad extraordinaria», explica Elena Rodríguez. «Rosario estaba muy presente en los circuitos artísticos del momento, era muy ‘exportable’ y estaba bastante presente en la crítica de la época. Además. perteneció a la Sociedad de Artistas Ibéricos, expuso con ellos dentro y fuera de España. Tenía una trayectoria consolidada».

Todo eso lo sabía de sobras su sobrina nieta, Toya Viudes. Lo había mamado desde pequeña, a pesar de que recuerda que Rosario nunca quiso hablar de esa época: era una negación absoluta de la pérdida total de su obra. «Cuando la acusan de falangista al estallar la Guerra Civil, Rosario huye a Barcelona con lo puesto. Su obra queda desperdigada y su estudio, abandonado», explica Toya. «Así que si quería llevar a cabo el proyecto rumiado durante tres décadas tenía un grave problema: no sabíamos dónde estaba el grueso de su obra».

En febrero de 2023, y con la ayuda inestimable del gestor cultural Miguel Lusarreta, Toya viudes lanza una petición en redes para que cualquier persona que tenga en su poder una obra de Rosario de Velasco o conozca su paradero se ponga en contacto con ella

Y ahí empieza una de las historias más asombrosas de los últimos años en materia de recuperación pictórica. En febrero de 2023, y con la ayuda inestimable del gestor cultural Miguel Lusarreta, Toya lanza una petición en redes para que cualquier persona que tenga en su poder una obra de Rosario de Velasco o conozca su paradero se ponga en contacto con ella. Objetivo: organizar una muestra retrospectiva de Rosario de Velasco y reivindicar su nombre y su legado artístico.

«Un año después habíamos ubicado más de 300 cuadros e ilustraciones de mi tía abuela», cuenta entusiasmada Toya Viudes. «Ha sido increíble. Pero el remate fue cuando, por iniciativa de Miguel Lusarreta, le proponemos a la Thyssen la organización de la muestra y…¡aceptan!».

«Cuando llegó al museo esta propuesta a través de los comisarios, Lusarreta y Viudes, nos interesó mucho porque Rosario de Velasco era una pintora muy conocida de la época», confirma Elena Rodríguez. «Con esta exposición pretendemos redescubrir y poner en valor el trabajo de una de las grandes artistas del arte español de la primera mitad del siglo XX».

Una obra vanguardista, hija de su tiempo

¿Qué nos encontraremos en la muestra de la Thyssen? De entrada, treinta pinturas que van desde los años ’20 al principio de los ’40 del siglo pasado —los primeros y los más destacados de su trayectoria artística— y una sección dedicada a su trabajo como ilustradora gráfica.

Pero, sobre todo, conoceremos el estilo depurado de una pintora que, a pesar de todo, no dejó nunca de crear aunque, a partir de los años ’40, ya madre y esposa, de una manera mucho más esporádica, menos metódica y abandonando esa pureza de líneas tan ‘neorrealista’.

«De Velasco es hija de su tiempo», puntualiza Elena Rodríguez, comisaria técnica de la exposición. «Siempre tuvo mucha admiración por el Renacimiento y por los primitivos italianos y eso casa muy bien, y está todo muy imbricado, con esa llamada al orden que viene desde Europa en el periodo de entreguerras, porque es esa propia vanguardia la que revisita el clasicismo. En el caso de la nueva objetividad alemana además, mucho más pegada a la fotografía. Eso se ve muy bien en la obra más conocida de Rosario de Velasco, Adán y Eva. Es una obra mucho más fotográfica, definida, con una factura muy pulida, con unos colores muy ‘lavados’».

Rodríguez también destaca una particularidad de la obra de De Velasco perteneciente a este periodo de entreguerras: «Hay una gran presencia de las mujeres en su pintura. Cuando vemos varones es porque o son miembros de su familia o son encargos». Incluso en su obra más famosa, Adán y Eva (quizás la única reconocida por el gran público pero sin que la mayoría pueda atribuirla a De Velasco), la composición de los dos cuerpos otorga un claro protagonismo a la mujer, en una actitud activa, propia.

Rosario de Velasco
‘Adán Y Eva’, 1932. Óleo sobre lienzo. Museo Nacional de Arte Reina Sofía

Así que todo apunta que esta muestra va a ser un gran descubrimiento para el gran público. Incluso faltando mucha de su obra que todavía no ha aparecido. «Sabemos que hay obras que aparecen en la prensa de la época, que ella presentó a certámenes, y que no hemos conseguido encontrar. Así es que hay que seguir buscando», cuenta su sobrina nieta.

¿Cómo es posible? Rosario de Velasco, tras la Guerra Civil, su matrimonio y su vuelta a Barcelona, ciudad en la que fallecerá en 1991, siguió pintando y llegó a exponer en algunas galerías de la ciudad, como la Sala Parés. Pero cuando los comisarios de la exposición, Viudes y Lusarreta, han intentado dar con ellos, la cuestión se ha complicado. A veces por falta de registro informático de esas décadas de post guerra; a veces por un exceso de celo por parte de los propietarios, como podría ser el caso del grueso de ilustraciones; incluso por desconocimiento de los actuales propietarios que bien pueden encontrarse fuera de España.

En todo caso, la muestra es imprescindible. Con un catálogo escrito a cuatro manos por la profesora, comisaria e investigadora Estrella de Diego y el historiador del arte, director del Instituto Cervantes de Londres y nieto de Rosario De Velasco, Víctor Ugarte Farrerons, la exposición nos recibe con un autorretrato de la pintora madrileña muy primigenio, de 1924, que fue su ejercicio final en la escuela de Bellas Artes. De ahí, cronológicamente, se avanza hasta los años ’40, pasando por una  de las características de De Velasco poco habituales en las pintoras de la época: los cuadros de gran formato, algunos superando los dos metros.

«Y hemos reservado una sala exclusivamente para los libros que ilustró y los originales que se han podido recuperar», concluye la comisaria técnica de la muestra. ¿Habrá segunda parte con su producción posterior a los años ’40? «Nunca se sabe, nunca se sabe».

Rosario de Velasco
Rosario de Velasco (Madrid, 1904 – Barcelona, 1991)

 

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