‘Matar la geografía de los cuerpos de piedra’: un cántaro de vida

Laura Sanz Corada

No nos cansaremos de decir que La Plaza Invisible se fundó principalmente para celebrar, reivindicar y difundir la verdadera poesía joven, las buenas nuevas voces, y eso es lo que también hacemos este jueves.

Porque es con ese espíritu con el que recibimos hoy a la antropóloga Laura Sanz Corada (Aguilar de Campoo, 1993), quien trae hasta este rincón de Legazpi su primer libro, Matar la geografía de los cuerpos de piedra, publicado en Toledo, por Ediciones En El Mar, en noviembre de 2022.

Laura Sanz Corada
Laura Sanz se ha acercado a nuestra Plaza Invisible para hablar sobre su primer poemario / Foto: J.M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Siempre me han gustado los libros sin textos de contracubierta, sin pistas en las solapas, sin nada a lo que agarrarse que no sea el título, el diseño, la intuición. Cuando además se trata del primer libro de una nueva voz poética, hay todavía menos datos, menos información, menos prejuicios (sobre todo cuando, como aquí, no hay el menor rastro de «nota biobibliográfica»). Y si el libro es además exigente en lo textual, no hermético pero sí complejo, nada obvio, entonces estamos ante un desafío, como quien se encuentra ante un jeroglífico de una civilización recién descubierta, sin muchas armas para descifrarlo.

Aquí no se escarba en una estirpe intelectual sino que se busca la espiral de lo que late, lo que nace, lo que llora, lo que reclama alimento o lo que nutre

Y lo que se lee en este primer libro de la antropóloga Laura Sanz Corada (Aguilar de Campoo, Palencia, 1993) son poemas volcados hacia lo natural, hacia lo primitivo y lo fundamental, lo inaugural no en el sentido de la cultura sino, más allá, no la creación del mundo sino el despertar de la vida. Aquí no hay preguntas literarias sino biológicas, no se escarba en una estirpe intelectual sino que se busca la espiral de lo que late, lo que nace, lo que llora, lo que reclama alimento o lo que nutre.

El libro oscila entre la sensación de protección y la de peligro, entre el abrigo y la intemperie, entre el amor y el desamparo… Y en ese sentimiento hay una conciencia muy profunda y muy antigua de cierta cosmogonía femenina, de los vientres, los senos, los regazos y las manos que engendraron y cuidaron para que todo lo que importa en este libro pudiera suceder: «La única medida / es un balbuceo lento / de saliva y hambre / que no permitirá nunca / recorrer / la certeza / y dará igual / porque en el gesto de la lengua / de mí hacia ella hacia vosotras / una comprensión primigenia / nos mece».

Aparte de esa celebración de la fertilidad, hay un afán de limpieza universal para este mundo, un anhelo de orden natural, un deseo de que todas las cosas sean lo que son y todos los seres estén bien, para lo cual, una vez más, se agarra principalmente, por puro instinto, a esa seguridad elemental que brindan las mujeres: «¿no existe un cántaro de vida / en los senos que se hinchan / como globos dulces de infancia»…?

Pero en un libro tan explícitamente orgánico, tan natural, tan húmedo, tan lleno de animales…, hay lugar también para lo más o menos social, como en ese interludio hindú que constituye la serie de poemas titulada Delhi, que de un modo u otro casi se prolonga hasta el final, ocupando la mitad del libro.

Y, sin embargo, tampoco allí, donde el presente o lo geográfico cuenta más, donde se habla de aviones o de idiomas modernos, se desentiende la autora de lo corporal: «Retirarme a un lugar cobijado / o dormir hasta el alimento // existen cosas más placenteras / llevarse el puño seco a la boca / darle la forma exacta de algún origen / también / estirar la mano colocársela / encima de la cara y registrar el gesto / de la incomodidad / no hay nada más placentero / que chocar cuerpo con cuerpo / para aplazar el hambre»

A partir de estos poemas se impone una primera persona que en la primera parte había sido algo más tímida, menos firme, más imprecisa. Y se confirma una genealogía que, por cierto, también pasa de algún modo por las autoras citadas en los epígrafes (Ida Vitale, Ada Salas, Chantal Maillard…).

Y, ante todo, surge la reflexión metalingüística, no yuxtapuesta sino fundida con esa reflexión corporal que, de repente, ya no puede ser entendida sin pensar en el habla (algo que hasta este momento sólo se rastreaba, como mucho, en el apego a los laísmos «ancestrales», presentes en Embalse, el poema que reproducimos abajo). Se trata, primero, de escuchar el mundo o, una vez más, lo vivo: «Atiendo cada crujido del cuerpo / con el bramar de la tierra / es un discurso a pieza suelta / una mancha de nacimiento / tengo que escucharlo / si no es para esto ¿para qué estoy aquí?».

es posible defender que en este libro se expresa de una manera muy personal cuál es el impulso creador

Una vez que se escucha ese discurso natural, ocurre que «el cuerpo se convirtió en fábula». Y ese inesperado salto entre lo tangible y lo simbólico culmina en el final del libro con un paso más allá: «¿Dejaré de buscar la carne / con la que se hacen los cuerpos? / La escritura es la única materia». Al cabo, pues, es posible defender que en este libro se nos cuenta una metamorfosis, o, mejor, se expresa de una manera muy personal cuál es el impulso creador, qué es lo que apremia a la creación y a la literatura, a esa escritura no menos palpitante y viva que los nuevos corazones

Habrá que leer los próximos libros de Laura Sanz Corada, pero es probable que este primer paso responda a un proyecto mayor, que sea la primera piedra de un camino muy premeditado: puesta a fundar una nueva obra literaria, ¿qué mejor que empezar por el principio de todos los principios?

 

EMBALSE

Quien nace donde se cubrió la tierra

con el agua del dios inventado

no esperará nunca la sorpresa

ni un viaje donde esparcir sueños.

Sin embargo quien nace

sobre la tierra sepultada

lo intuye temprano

/ habrá huellas      en el polvo

un lugar desierto donde arrodillarse

en el momento exacto

/ del capricho.

Dila a tu madre dila

nadie vuelve después de la hoguera

no huye igual quien teme que quien desea

/ hablarán de nosotras

con la mesura del mito.

Laura Sanz Corada

*Ficha técnica: Laura Sanz Corada, Matar la geografía de los cuerpos de piedra, Toledo, En El Mar, 2022

*Más La Plaza Invisible: Aquel incendio (Xisco Rojo)Entrevista con Ángela Segovia

 

DEJA UNA RESPUESTA

Deja un comentario!
Por favor introduce tu nombre