No es un rodillo, es una motosierra

la tala

La mayoría absoluta conseguida por el PP tanto en la Comunidad de Madrid como en el Ayuntamiento de la capital ya no actúa como un rodillo, aprobando cualquier ocurrencia de Díaz Ayuso y Martínez-Almeida, si no como una motosierra: más de 460 hectáreas serán deforestadas en toda la Comunidad, además de la tala indiscriminada de árboles en la ciudad de Madrid solo por no tener que cortar el tráfico durante las obras de ampliación de la Línea 11 de metro. Definitivamente, en Madrid vale más un coche que la salud pública.

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Aspecto de los más de treinta alcorques en el Paseo de las Delicias tras la tala de los árboles que los habitaban hasta hace pocas semanas / Foto: LLA

Genet

Talar árboles en vez de cortar el tráfico. Lo han leído perfectamente. Así es la consideración del actual equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid hacia el derecho de la ciudadanía a disfrutar de algo de verde en las asfaltadas calles que nos ven (sobre) vivir. El alcalde José Luis Martínez-Almeida (PP) no ha tenido empacho en cesar fulminantemente a su Jefa de Patrimonio Mundial, Carmen Rojas: parte de los árboles talados o por talar se encuentran en el llamado Paisaje de la Luz, primera ubicación de Madrid declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.

Plátanos con más de 40 años, cedros del Himalaya de más de 20 metros… ¡Que le corten la cabeza!, parece gritar una y otra vez el alcalde, subido a la atalaya que le confiere su exigua mayoría absoluta, pero mayoría al fin. Y estos árboles consiguen ser protagonistas casi diarios en algunos medios de comunicación al estar ubicados en el Paisaje de la Luz. No corren tanta suerte las decenas de ejemplares talados en Madrid Río o los treinta y tantos plátanos sacrificados en el Paseo de las Delicias. Una vía que asemeja más una autopista, con sus cuatro carriles desgarrando Madrid desde Legazpi hasta Atocha. Mucho humo, mucho ruido.

Almeida se jacta de que Madrid, a enero de 2024, ha conseguido tener «los mejores datos de calidad del aire de la serie histórica». Lo que no dice Almeida es que Madrid cumple por los pelos los estándares de salud europeos: un máximo 40 microgramos de dióxido de nitrógeno por metro cúbico (en 2030, este deberá ser de 20mg/m3). Pero la OMS (Organización Mundial de la Salud) ya establece este límite en 10 mg/m3. Así que, claramente, Madrid sobrepasa con creces el máximo establecido por la máxima autoridad en salud humana (excepto en los distritos del Pardo y en el todavía pulmón verde que representa la Casa de Campo).

LA céntrica plaza de santa ana también será una víctima de almeida: más de la mitad de sus árboles serán talados para ampliar un parking subterráneo privatizado recientemente

Pero no se trata solamente de la calidad del aire que los árboles ayudan a mantener. Se trata también, como ya han sostenido científicamente decenas de estudios, de salud mental. La naturaleza, aunque sea domesticada y acorralada por el ritmo frenético de nuestras ciudades, nos ayuda a sentirnos mejor, a bajar el ritmo y a conectar con nuestro interior. Ver verde nos ayuda. Ver solo asfalto y edificios nos perturba profundamente.

Almeida no respeta ni siquiera las plazas emblemáticas de la capital. Como adelantó ElDiario.es, la céntrica plaza de Santa Ana, cobijo del Teatro Español, será también una víctima: para ampliar el párking subterráneo que alberga y que Almeida acaba de privatizar, el Ayuntamiento ha dado permiso para talar 28 de sus 54 árboles.

La zona norte de la Comunidad, objetivo principal

Sorprendentemente, la propia Comunidad de Madrid que impulsa la deforestación de al menos 460 hectáreas en los municipios de Alcobendas, Pozuelo, Torrelodones y San Sebastián de los Reyes, asegura en su página web: «La ley 8/2005 prohíbe la tala, el arranque o abatimiento, de árboles con más de diez años de antigüedad o veinte centímetros de diámetro de tronco al nivel del suelo que se ubiquen en suelo urbano. En aquellos casos en los que la tala sea la única alternativa viable se deberá solicitar la autorización al ayuntamiento competente».

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Imagen de una zona verde al norte de la Comunidad de Madrid. /Foto: LLA.

Más sorpresas (o no): todos los municipios mencionados pertenecen al norte de la Comunidad de Madrid, la zona de la comunidad con más renta, y las zonas deforestadas serán usadas para la construcción inmobiliaria. Como el caso de Alcobendas, donde las 220 hectáreas que se deforestarán serán ocupadas por una urbanización con unas 8.600 viviendas llamada Proyecto Valdegrande. Los números marean. Los beneficios que se llevarán unos cuantos, también.

la zona al norte de la capital siempre ha sido la más cotizada justamente por albergar grandes áreas verdes y zonas protegidas…hasta ahora

Es una pescadilla que se muerde la cola: la zona norte de la Comunidad, la Sierra, ha sido siempre la más cotizada por albergar grandes zonas verdes, parques naturales y zonas protegidas. Así que a los promotores inmobiliarios les interesa construir en el norte de Madrid, donde los adosados y chalés se pagan el triple que en el resto de la geografía madrileña. Pero para llevar a cabo su especulación se están cargando justamente lo que hizo distinta y cotizada esta parte de Madrid.

Por supuesto, tanto los promotores de estos proyectos como los equipos de Gobierno de los municipios afectados, siempre del PP, venden el futuro de toda otra manera. Para el concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Alcobendas, Jesús Montero, y tal y como recogía El País el pasado 22 de enero, «no están justificados los argumentos de algunos vecinos para oponerse a este desarrollo, pues va a crear grandes equipamientos, espacios libres y viviendas sociales».

Siendo generosas, chocan aquí dos visiones opuestas de lo que significa desarrollo. Una, la que considera nuestras ciudades como un mero producto al que gestionar bajo las leyes del marketing neoliberal; la otra, la que ya tiene claro que el desarrollo, entendido como mantener las ciudades como lugares habitables y saludables, debe ir en dirección contraria a las leyes del mercado y poner, de una vez por todas, a las personas y al entorno natural en el centro de las políticas públicas.

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