‘No hacer pie’: cada brazada era un naufragio

Marina de Cabo

Mientras llueve con pre-navideña calma sobre las piscinas de Madrid, suena de fondo Un soplo en el corazón de Family (… «tiene azul el corazón / de nadadora»…) y releo muy contento el primer libro de Marina de Cabo (Palma de Mallorca, 1979), o, más exactamente, sus dos primeros libros, o, mejor aún, su primer libro doble, pues se trata del premiado (y maravillosamente titulado) Deixar de fer peu (editorial Sloper), y su inmediata traducción, No hacer pie (Isla Elefante). Es la última visitante de La Plaza Invisible de este 2024.

Marina de Cabo
Posar en La Plaza Invisible es una cuestión de actitud. La poeta Marina de Cabo, ejerciendo / Foto: J.M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

Esto de pasar de estar inédita a tener en las manos dos libros tan bien editados (las fotografías de ambas cubiertas son realmente buenas, aparte de oportunas) es todo un salto estupendo, y un salto de cabeza, en realidad, pues en poesía hemos leído libros monográficos de todo tipo (sobre montañas, sobre tauromaquia, sobre todas las ciudades del mundo, sobre una muerte, un amor, una mudanza, un divorcio, sobre fútbol, sobre comida…) pero yo no conocía, creo, un conjunto de poemas sobre piscinas.

A pesar de mi desconfianza, en lo que a la poesía se refiere, ante los proyectos, ante las ideas o ante los propósitos, por simpáticos que sean, este libro me ha vencido y me ha convencido y me ha caído muy bien, pues es autoexigente en lo textual, y no tiene nada de frívolo en su enfoque, aunque el tema pudiera dar lugar a derivas veraniegas, vacacionales y ociosas. Aquí Marina de Cabo no mete con cautela un pie, a ver qué pasa, sino que se lanza al vacío en plan balconing, con decisión, segura de sus intenciones.

No son poemas fáciles de citar, porque no son fáciles en ningún sentido, y tampoco son, por tanto, sencillos de extractar, pues no se dejan mutilar: no hay ‘frasecitas’ que aislar, no hay aforismos emboscados, no se persigue exactamente la belleza, sino crear cierto clima en poemas de en torno a ocho o diez versos o proponer entretenimientos o, mejor, desafíos

Lo que sí que hay aquí es un poquito de mitomanía, pues toda la tercera sección, titulada Otras apneas, está consagrada a homenajear o cantar piscinas de escenas famosas de la literatura o el cine o, en el caso de David Hockney, la pintura (y, en el de Mark Spitz, del deporte). Pero también ese bloque trae su sorpresa, ya que culmina, en el último poema del libro, con una preciosa y emocionante elegía a la madre fallecida, que, lejos de fotogramas y de paralelismos y de marcos, «sueña con lo que escribo / sin saber sobre qué escribo»

Por mi parte, he asentido y he sonreído más en los dos primeras partes, Aerobia y Anaerobia, que es en donde creo que Marina de Cabo despliega una poética mucho más novedosa, valiente y personal. Son generalmente poemas breves, sorprendentes, muy originales, que tienen un poco el efecto de una piedra lanzada al agua, impacto y consecuencias, ruptura de lo estable y ondas concéntricas.

No son poemas fáciles de citar, porque no son fáciles en ningún sentido, y tampoco son, por tanto, sencillos de extractar, pues no se dejan mutilar: no hay frasecitas que aislar, no hay aforismos emboscados, no se persigue exactamente la belleza, sino crear cierto clima en poemas de en torno a ocho o diez versos o proponer entretenimientos o, mejor, desafíos. Así, por ejemplo, el poema titulado Cromatismo del naufragio, donde sencillamente se listan siete posibilidades de las casi infinitas que propone el Pantone, de modo que, si uno tiene la suficiente curiosidad de entrar en el juego, se comprueba que la gama va del azul-piscina-plácida al inconfundible rojo-sangre (un poco previsible gracias a la cita de Agatha Christie que sobrevuela el poema).

El asunto piscinero permite también algunas tentaciones autobiográficas no ocultas (que también, seguro, las habrá), sino bastante abiertas. Así, por ejemplo, parece reflexionarse sobre la propia maternidad en Piscina cubierta: «En la piscina ventral / me buceabas. / Rotabas como un astro / de íntima gravedad»… Y, huyendo en una página de la tiranía del verano, aparentemente imprescindible al hablar de chapuzones y de cloro, está esa hibernal Piscina vacía que, completa y bilingüe, reproducimos abajo (y hay algo tremendo en aguantar la respiración mientras se camina por una piscina drenada).

Es una especie de poema-fotografía, y no es el único del libro, de modo que hay también, por ejemplo, un autorretrato (que no un selfi…) de la autora nadando con catorce años («Cada brazada era un naufragio: / tratabas de hundir tu niñez / timidez»…), de igual manera que los recuerdos del pueblo se yuxtaponen a las reflexiones sobre la geometría o de la domesticación que también puede despertar la contemplación de esas obras que Agustín de Foxá consideraba «tramos de río».

No deja de ser curioso, por último, que una balear dé (digamos) la espalda al mar y se fije en esas pozas urbanas e higiénicas que muchos consideraríamos un melancólico sucedáneo del océano. También se puede rastrear ahí, me parece, una actitud, una tendencia a pensar más en lo humano que en el paisaje, más en la cultura que en la naturaleza, pero también, si me apura, más en el tiempo que en el espacio. Es lo que tiene la profundidad, y Marina de Cabo ha querido claramente llegar hasta donde cubre.

Marina de Cabo

PISCINA VACÍA

 

Era enero nuestro refugio.

Buceábamos en la piscina vacía

con abrigo de tweed y aletas de goma.

Las serpientes de luz hibernaban.

Aguantábamos la respiración.

Un brote de hiedra

partía un azulejo

-galleta china de la fortuna-

y trepaba en sentido inverso.

 

PISCINA BUIDA

 

Era gener el nostre refugi.

Bussejàvem a la piscina buida

amb abric de tweed i aletes de goma.

Les serps de llum hibernaven.

Aguantàvem la respiració.

Un brot d’heura

trancava una rajola

-galeta xinesa de la fortuna-

i grimpava en sentit invers.

 

*Marina de Cabo, Deixar de fer peu, Palma de Mallorca, Sloper (col. La Noche Polar, nº 141), 2024 (7 de febrero).

*Marina de Cabo, No hacer pie, Palma de Mallorca, Isla Elefante (nº 14), 2024 (17 de marzo). Traducción de la autora.

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