‘Penumbra de mí en la noche’: el gemido de la vida

Marisa Martínez Pérsico

Profesora de Literatura en la Università degli Studi di Udine, Marisa Martínez Pérsico (Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1978) es una poeta apasionada, fecunda, vitalista, atenta y soñadora, y tiene además la virtud de desplegar distintos registros poéticos en sus distintos títulos.

El último de ellos es Penumbra de mí en la noche, publicado en Neuquén por Tanta Ceniza Editora. Dividido en dos breves secciones, hay aquí verdadera introspección, un trabajo de zapa en una misma que convive con poemas más volcados al mundo, con recuerdos familiares o con elegías pendientes, versos que reaccionan ahora ante pérdidas remotas. Hoy, en La Plaza Invisible.

Marisa Martínez
Aires argentinos soplan por La Plaza Invisible con Marisa Martínez Pérsico / Foto: J.M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

En el principio fue Principios y continuaciones, de octubre de 2021, que no era desde luego su comienzo sino más bien un séptimo libro, pero que para mí supuso una revelación, un libro lleno de hallazgos y de cosas muy bien dichas. Por ejemplo, este Liang Kai medita sobre papel de arroz:

«No me gusta escribir mientras te miro / porque entonces / te hablaría de mí. / Lo que busco es mancharme con tu tiempo. / Lo que quiero contigo / es partir este vidrio de las horas: // para hablar del bambú / es indispensable / convertirse en bambú».

Después llegó a mis manos Finlandia (el sexto, también de 2021 pero de abril), que en buena medida, tan próximos en el tiempo, exhibía un registro bastante diferente, un punto más narrativo, pero de nuevo excelente, como en este apunte de sabor benedettiano:

«Vos y yo / queríamos cambiar el mundo / pero ya no encontramos / el ticket de devolución. // Ahora sabemos / que la vida / se define en su punto de fractura / y la construimos / en el hueco que se forma».

Y ahora, rebotando a través de un montón de intermediarias entre las imprentas de Tanta Ceniza, en Neuquén, y mi casa, he podido leer Penumbra de mí en la noche, un libro que, bajo esa casi-epanadiplosis que figura en el título, propone de nuevo un gran cambio, y que tal vez contribuye a hacer pensar que Marisa Martínez Pérsico (Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, 1978) es de esas poetas que asumen una nueva voz en cada nuevo libro.

no hay amargura en estas palabras, no hay derrotismo…, pero eso no excluye una relativa y elegante tristeza como paisaje general de fondo, cierta melancolía vitalista, si es que se me puede admitir esa probable contradicción

Aquí, eso sí, regresa un poco al frío de Finlandia, pues una nota primera nos informa de que «este libro fue escrito durante una residencia de escritura creativa […] que tuvo lugar en Visby, isla de Gotland, Suecia, en abril de 2024». Y, si bien hay después alguna nota local que da oportuna cuenta de esa estancia («Cuando sube la marea, / las gaviotas de Visby / abren las alas hacia lo alto / desafiando al mar / sin descuidar la piedra»), lo que yo diría que en general encontramos aquí es una primera sección («Intuición que piensa») en la que la poeta mira sobre todo hacia dentro, en una aventura fundamentalmente íntima, y un segundo bloque («Cita cantada») en el que mira más alrededor, o hacia el pasado, o incluso parece reaccionar ante la actualidad.

Con significativos guiños a san Juan de la Cruz («Me escapé / de donde no sabía / para llegar contigo / a donde tampoco sé»…) y a veces con adjetivos un tanto comprometidos («una alondra rotunda», esa «hoguera inerme» en el poema que reproducimos completo abajo…), en este libro no hay anécdotas sino verdadera introspección, un trabajo de zapa en una misma que conduce a diagnósticos memorables: «A veces tengo miedo / de moldear el corazón / por el lado de las armas. // Ver espejos quebrados / por las piedras que yo misma / lancé // y reconocerme».

Tanto en lo que respecta a lo privado (como su reconocida vocación de extranjería: «no finjas / más, te hechiza lo lejano»…) como a lo social (que en este libro tiene paradas en asuntos ecológicos o en el «anhelo de escuchar / un alto el fuego»…), sigue valiendo lo que dijo el poeta Hugo Mujica en el prólogo a Finlandia, donde supo ver que Martínez Pérsico se sitúa siempre «lejos del nihilismo de la queja».

hacen falta voces así, torrenciales y apasionadas, ajustadas y conscientes, locuaces e inspiradas, imaginativas y vigilantes, sinceras y deslenguadas

Es así: no hay amargura en estas palabras, no hay derrotismo…, pero eso no excluye una relativa y elegante tristeza como paisaje general de fondo, cierta melancolía vitalista, si es que se me puede admitir esa probable contradicción. Y diría que es una ambigüedad deliberada, activa: «Porque otra nieve caerá / mortal o bella, / malabarista enmascarada y silenciosa / llamando a tu ventana / con el gemido de la vida». También en esa línea esté el poema titulado Leontine, una elegía que estaba pendiente, versos que han sabido reaccionar ahora ante pérdidas remotas, concretamente la de su amiga Noelia, fallecida a los catorce años, hace más de treinta [es el texto que Martínez Pérsico nos lee en el vídeo-poema incrustado en esta reseña].

Dado que al menos dos tercios de sus nueve libros de poemas (incluido éste) son difíciles de conseguir en España (y eso afecta incluso a algún título publicado aquí), la poesía de Marisa Martínez Pérsico va reclamando una buena y amplia antología (por no decir un primer acopio completo). Habría mucho que comprobar en esa reunión o en esa selección y, seguro, mucho que disfrutar, porque hacen falta voces así, torrenciales y apasionadas, ajustadas y conscientes, locuaces e inspiradas, imaginativas y vigilantes, sinceras y deslenguadas…, volcadas todas en libros como los suyos: son libros vivos, son libros encendidos, son libros que pelean por nacer y que, cuando lo hacen, nacen con muchas capas.

Marisa Martínez Pérsico

 

LINAJE MÍNIMO

Acabemos la noche –dijo la casa familiar.

Quiero ver la agonía de la luna

reflejada en el vidrio.

Nos quede el luto para un dolor pasado,

la buena cicatriz de una ventana.

 

Ay de quien ose

traducir una canción difícil

en maleza mojada.

Ay de los frágiles de fe.

 

Pero un día alguien heredará la casa.

Y mirará con ojos de indiferencia

los rincones vacíos.

Y arderán porcelanas ancestrales

en la hoguera inerme de su vigilia

como músicas de un camino a seguir.

 

Un día alguien renovará la casa

y en vez de mirar a las estrellas

notará las colinas peladas por el polvo,

la sequía de Dios.

 

Y ordenará:

vayamos hasta el fondo de la sangre,

para derramarla.

 

*Ficha bibliográfica: Marisa Martínez Pérsico, Penumbra de mí en la noche, Neuquén (Argentina), Tanta Ceniza (col. Piel de las Arenas, nº 12), 2025 (agosto). Ilustraciones de Romina Berenice Canet. Contracubierta de Daniel Calabrese.

DEJA UNA RESPUESTA

Deja un comentario!
Por favor introduce tu nombre