Pilar Aymerich, la mirada honesta a pie de calle

Pilar Aymerich

El Círculo de Bellas Artes, en colaboración con La Fábrica y el Centre d’Art Tecla Sala, nos regala por fin la primera retrospectiva de la fotógrafa catalana Pilar Aymerich (Barcelona 1943).

Galardonada con el Premio Nacional de Fotografía 2021, el jurado -formado entre otros por el director de PhotoEspaña y la directora del MACBA- reconoció en el trabajo de Aymerich «una obra que germina desde una noción ética en la que la fragilidad es el punto de partida de una narración fotográfica». Y remataban: “Aymerich posee una trayectoria en el ámbito de la fotografía a pie de calle desarrollada a partir de la década de los setenta, que plantea cuestiones acuciantes en la realidad social y política tardofranquista, que aún hoy son de relevancia».

Pilar Aymerich
Autoretrato de Pilar Aymerich / Foto: Pilar Aymerich

Margarida Gual / @margaridagual

Corrigiendo lo que a todas luces era un incomprensible silencio, tres instituciones entre Madrid y l’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) organizan la primera retrospectiva de una de nuestras fotógrafas más pegadas al realismo cotidiano. Memoria vivida es el título de la exposición sobre la obra de Pilar Aymerich que hasta el 7 de enero podemos disfrutar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Son 154 fotografías ordenadas cronológicamente desde finales de la década de 1960 hasta 2007.

En esta cronología profesional y vital, es imposible desligar a Aymerich del teatro. No solo por formación (Aymerich inició su andadura en la mítica Escola d’Art Dramàtic Adrià Gual, fundada por el maestro Ricard Salvat, la escritora Maria Aurèlia Campany, y donde tuvo como compañeros nada menos que a Fabià Puigcerver, escenógrafo, director teatral y fundador del Teatre Lliure, al dramaturgo Josep Maria Benet i Jornet y a la que sería su amiga para el resto de sus días, la escritora y columnista Montserrat Roig), sino también como una escuela de cómo ‘mirar’ lo que sucedía a su alrededor y cómo armar la composición de sus fotografías.

Aymerich nunca se ha desvinculado del hecho teatral Como objeto de sus trabajos, pero sobre todo trasladando la estructura teatral a su manera de entender la fotografía

Porque se palpa, salta a la vista, que Aymerich nunca se ha desvinculado del hecho teatral. Como objeto de sus trabajos (especialmente los montajes del Teatre Lliure), pero sobre todo trasladando la estructura teatral – arranque, clímax, desenlace – a su manera de entender la fotografía: Aymerich se anticipa al momento culminante de sucesos que su cámara capta, como las numerosas manifestaciones que ha cubierto a lo largo de su carrera. Se mimetiza con el entorno para poder captar lo que nadie observa a simple vista, pasa desapercibida como fotógrafa, trabaja desde la discreción y, básico en todo su trabajo, es sumamente respetuosa con quien fotografía. Si la máxima de Susan Sontag de que «todo uso de la cámara implica una agresión» es cierta, Aymerich no la ha perdido de vista nunca y ha sido y es una de las fotógrafas más respetuosas a la hora de hacer su trabajo.

Inicios autodidactas con una Voiglander bajo el brazo

Tras su formación teatral en Barcelona, Aymerich se traslada una temporada a Londres, ciudad en la que realmente descubrirá su interés por la fotografía. Le pide a su padre que le mande cuanto antes una cámara Voiglander que poseía la familia y con ella viaja hasta Francia para dejar de ser autodidacta y aprender la técnica de laboratorio con un tío suyo, fotógrafo exiliado en el país galo. Justo cuando los adoquines vuelan en París, regresa a Barcelona para dedicarse profesionalmente a la fotografía. Era 1968.

Son pues más de cincuenta años recogiendo a través del visor manifestaciones, huelgas y movimientos ciudadanos. Una temática nada casual para una fotógrafa que siempre ha abordado su trabajo desde una perspectiva social y feminista, atravesada por una insobornable ética periodística. Representativas, en este sentido, la serie de imágenes con la que cierra la retrospectiva: Brujas, retratos de mujeres con el torso desnudo pertenecientes al mundo sindical y a la militancia de izquierdas. La serie nace de la pregunta: ¿Quiénes son hoy las mujeres que quemarían en la hoguera?

Pilar Aymerich
Imagen de algunos de los catálogos que recoge la retrospectiva sobre Pilar Aymerich / Foto: M.G.

Esta concepción del mundo y de la fotografía ha impregnado, como no podía ser de otra manera, su modus operandi a la hora de realizar retratos, algunos de los cuales podemos ver en la exposición del Círculo de Bellas Artes. Un modo de abordar al retratado que parte de conversaciones previas, generalmente relajadas, con el sujeto a retratar. Aymerich genera momentos previos de conexión y respeto precisamente para neutralizar esa «agresión» que representa fotografiar a alguien. Un respeto que se observa en detalles, como la situación que toma la fotógrafa frente al fotografiado: Aymerich suele colocarse a la altura de los ojos del otro. Se sitúa a su altura y, a la vez, nos lo acerca un poco más a quienes miramos ese momento captado por la cámara.

la fotógrafa barcelonesa siempre ha abordado su trabajo desde una perspectiva social y feminista, atravesada por una insobornable ética periodística

En la retrospectiva del Círculo, y que viajará a l’Hospitalet de Llobregat en septiembre de 2024, queda al descubierto esa manera de mirar, esa manera de explicarnos el mundo de Aymerich, a través de algunas obras que se exponen por primera vez, como Viajera a La Habana, un proyecto del año 2007 realizado mano a mano con la historiadora Isabel Segura.

No perdérsela. En Madrid, hasta el 7 de enero de 2024 y en l’Hospitalet de Llobregat, a partir de septiembre de 2024.

Pilar Aymerich
Uno de los retratos que conforman el proyecto inédito ‘Viajera a La Habana’ /Foto: M.G.

 

 

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