¿Por qué bailamos?

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MONOGRÁFICOS CULTURA O BARBARIE / LA DANZA: EL ORIGEN

Cuando el Homo Sapiens pisó la Tierra, lo hizo bailando. Y no fue el único. Las abejas bailan para transmitirse información, las hormigas se comunican mediante determinados movimientos y ciertos pájaros, peces e insectos macho repiten por instinto coreografías de apareamiento y de amenaza. Pero, ¿por qué baila el ser humano?

danza homo sapiens

Mar Peñarroja Paz /@marpenarroja

El primer contacto con la danza de la coreógrafa, bailarina y cineasta china Wen Hui (1960) fue para interpretar las «danzas de lealtad», números que difundían el pensamiento de Mao Zedong. Pero su idea de la danza cambió en los años noventa, cuando llegó a Nueva York: «Podías bailar en el tren, en la calle, en todas partes. No necesitabas luces, ¡todo valía!». ¿Responde Hui a la pregunta con su experiencia? ¿Es el baile una estrategia política? ¿O es tal vez una herramienta de liberación?

Sin duda es a esta última pregunta a la que dan respuesta algunas de las popstars actuales. Desde la puesta en escena de Tate McRae, para quien la música es una excusa para el baile, hasta Karol G, quien con su título Yo perreo sola, utilizaba el sugerente baile del perreo para empoderar a la mujer. Es evidente, pues, que el baile adquiere connotaciones y significados diversos en la sociedad actual pero, ¿ha sido siempre así?

¿Es el baile una estrategia política? ¿O es tal vez una herramienta de liberación?

Tal vez Karol G y Tate Mc Rae no vayan tan desencaminadas en la finalidad que le asocian al baile. El arqueólogo israelí Yosef Garfinkel divide la evolución de la danza en el ser humano en cinco fases o estadios cronológicos. La primera es el apareamiento. Fuerza, coordinación y salud: las tres cualidades esenciales para la supervivencia y, por consiguiente, para la reproducción. Como pájaros, peces, insectos y simios, el humano empleó el baile como estrategia reproductiva, pero fue más allá. ¿Qué significa que un hombre saque a bailar a una mujer?, ¿son el can-can, el pole dance, el go-go y el striptease simples espectáculos? Mientras que dichos animales bailaban en solitario para atraer a una pareja potencial, los humanos complejizaron este instinto primitivo y crearon, junto con la idea de comunidad, el baile en grupo, convirtiéndolo en una demostración física de las normas, ritos de paso y jerarquías de una comunidad. Esta es la segunda fase de la historia de la danza.

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En Tanzania, el pueblo masái es conocido por el Adumu, baile donde los hombres, para demostrar su fuerza y valor, compiten por realizar los saltos más altos y elegantes; en Corea del Norte se celebra, con coreografías de bailarines perfectamente sincronizados, el Festival de culto al líder Airirang; en la Alemania nazi, la gimnasia rítmica representaba el ideal de cuerpo ario y, en los bailes cortesanos del Renacimiento y del Barroco era siempre la pareja de mayor rango social quien los abría. Pero, precisamente por esta asociación, el baile también ha servido (y sirve) para contrarrestar la norma social. Ejemplo de ello son las coreografías y flashmobs contra la violencia machista organizados anualmente por el colectivo internacional 1 Billion Rising o las «coreografías de resistencia» de Folklorazo Queer y los Voguing shows de las Drag Queens. En efecto, la danza ha sido – como todo arte –  asociada a la capacidad de cuestionar la realidad, pero también de trascenderla. Y es con esta voluntad que aparece la tercera fase de la historia de la danza: el ritual.

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Flashmob en Córdoba / Foto: Harvey Barrison

Hace aproximadamente 100.000 años, fueron enterrados en Es Skhül y Jabel Qafzeh (Haifa, Israel) los cuerpos de varios neandertales. Cerca de los cuerpos había conchas que, atadas alrededor de los tobillos, se usaban como sonajas: los vivos habían bailado para los muertos. Pero la relación entre el baile y la trascendencia es aún más antigua.

los bailes chamánicos son uno de los principales representantes del baile ritual, además de una de las prácticas religiosas más antiguas. El objetivo de estos era establecer puentes entre el mundo terrenal o humano y la dimensión espiritual o celestial mediante el trance

Originados en el paleolítico y tradicionalmente practicados en Siberia, Asia Central, el Amazonas, Corea y Norte América, los bailes chamánicos son uno de los principales representantes del baile ritual, además de una de las prácticas religiosas más antiguas. El objetivo de estos era establecer puentes entre el mundo terrenal o humano y la dimensión espiritual o celestial mediante el trance, un estado mental imbuido por el consumo de sustancias alucinógenas y  el movimiento corporal hasta la extenuación. Esta práctica, que puede juzgarse – a pesar de ser aún vigente – como arcaica, ha sin embargo evolucionado hasta adaptarse por completo a la realidad actual: desde los ’60, al chamán se le llama discoteca. Un trance político, reivindicativo y contracultural que encuentra en el tecno (y encontraba en la ruta del bacalao) un medio para escapar del mundo terrenal.

El escritor japonés Haruki Murakami (1949) publicó, en 1988, la novela Baila, baila, baila, segunda parte de La caza del carnero salvaje. En la novela, el protagonista, periodista freelance, se encuentra perdido: su vida parece no estar conectada con nada. Y el único que puede darle un sentido es el hombre carnero, un personaje que habita entre la vida (efímera) y la muerte (perpetua) y que se encarga de que ambas obedezcan a un determinado propósito. «Baila», le dice al periodista el hombre carnero, «no dejes de bailar mientras suena la música. No pienses por qué lo haces. No le des vueltas ni le busques significados. En realidad, no significa nada. Si te pones a pensar, las piernas se detienen». Para el japonés, el baile es un agente de unión y de cambio. Llega así el baile profesional.

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El comercio y la economía junto con los núcleos urbanos y los reinos consolidaron la división del trabajo; aparecían, entre el 3.500 y 3.000 a. C. los bailarines profesionales. En sus orígenes dedicados al entretenimiento de nobles, reyes o faraones, ampliaron su espacio de actuación a la representación de ideologías, comunidades e intereses económicos. Un ejemplo: en Irlanda, entre finales del siglo XIX y principios del XX, las danzas tradicionales fueron reinterpretadas como símbolos identitarios por los movimientos nacionalistas. Otro ejemplo: en Grecia, la práctica de los bailes tradicionales forma parte del plan de estudios en una reivindicación de su clásico pasado glorioso. Pero no todo baile es folklórico (ni tampoco candidato a convertirse en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad). La rumba cubana, por citar un caso, se ha convertido en un atractivo para turistas que buscan una experiencia «auténticamente latinoamericana», y el flamenco andaluz vende imanes y disfraces por toda España.

El baile posmoderno: TikTok

En efecto, en la actualidad el baile, adaptados a las nuevas realidades, sigue manteniendo sus usos primitivos, pero ha adquirido también nuevos significados, esencialmente políticos y, sobre todo recientemente, económicos. El baile, como para Murakami, no es solamente una analogía del cambio y del movimiento sino, también, una herramienta para un fin. Esta transformación es cada vez mayor en las redes sociales y los medios de comunicación. No solo el ballet, celebrado como la danza por excelencia, ha ido dejando espacio a otras formas de baile como el hip-hop, el urban o los bailes de salón, sino que ha emergido una nueva manera de entender el arte de la danza: TikTok.

la industria musical produce sus canciones pensando en la posibilidad de desglosarlas en clips. Estos, coreografiados en TikTok, viralizan no solo al bailarín sino también al cantante

La plataforma transformó la industria del baile. Bailarines profesionales y amateurs comparten coreografías que, copiadas por otros usuarios, terminan por convertirse en tendencia. Sin embargo, esta transformación del mundo del baile ha llegado también a la industria musical, que produce sus canciones pensando en la posibilidad de desglosarlas en clips. Estos, coreografiados en TikTok, viralizan no solo al bailarín sino también al cantante.

Porque, en realidad, ¿qué es el baile sin música? Gustav Mahler (1860-1911), compositor austrohúngaro (hoy checo), aseguraba que él, mediante la música, expresaba aquello que con palabras no sabía decir. Deryck Cooke, en su obra The Language of Music? (1959), entendía la música como la palabra de la emoción y John Blacking (1928-1990), etnomusicólogo británico, en su libro How musical is man (1973) afirmaba que «no sería descabellado suponer que la música fuera una característica específica del hombre». En realidad, lo que estos autores afirmaban al hablar de la música es lo mismo que se afirma al hablar de la historia del baile: que el ser humano necesita comunicar y que, cuando las palabras no le bastan, busca otro medio de expresión. Are we human or are we dancer?,  se preguntaban The Killers en 2008.

Al fin y al cabo, ¿no fue la percusión corporal el primer intercambio no verbal?

* Para saber más: Bailando contra todo y a pesar de todo. Estado de la cuestión de la danza en España.

*Agenda: ‘Tentativo’, en Matadero Madrid/ ‘Norma’, Mercat de les Flors

 

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