‘Préstame tu voz’: la luz que cruza

Lola Mascarell

A La Plaza Invisible le sucede como al Reino de los Cielos: muchos son los llamados, pero muy pocos los elegidos. Y desde el principio supimos que, en cuanto sacara nuevo libro, nuestra querida Lola Mascarell (Valencia, 1979) sería una de las convocadas a salvarse.

Tras tres preciosos libros de poemas y una novela que ha tenido una notable repercusión, Mascarell regresa con Préstame tu voz, un libro atravesado por su reciente maternidad y que ha sido publicado en Barcelona por Tusquets.

Lola Mascarell
La poeta valenciana Lola Mascarell visita nuestra Plaza Invisible /(Foto: J.M.)

Juan Marqués / @jmarquesmartin

«Resulta más fácil ver la realidad si le pones el nombre adecuado», creía hace tres años la narradora de Nosotras ya no estaremos, la primera y única novela hasta hoy de Lola Mascarell (Valencia, 1979), y lo cierto es que si algo no le podría discutir nunca a nuestra amiga es no sólo el apego a esa realidad sino la extrema precisión de sus poemas, la claridad radical de sus palabras, lo cual no impide que su poesía sea, por otro lado, profundamente misteriosa.

Se trata, digamos, de una normalidad sobrenatural. Los de Mecánica del prodigio (Pre-Textos, 2010), Mientras la luz (Pre-Textos / Centro Cultural de la Generación del 27, 2013) y Un vaso de agua (Pre-Textos, 2018) fueron, ya desde sus títulos, libros que apuntaban en una dirección que en realidad no se dirige a ningún sitio que no sea el inmediato, casi más vertical que horizontal, pura celebración de lo cercano.

El tema de la luz (que es una obsesión muy explicable de los valencianos), el paisaje y quienes lo habitan (pájaros, árboles), el recuerdo frecuente de la infancia, a veces algún tema familiar, menos frecuentemente lo amoroso o erótico, las noches en silencio del verano, la simple observación de sí misma en diferentes situaciones o la intuición de cómo será la nada, el vacío, la muerte… han sido los temas de Mascarell. Como han sido los temas de tantos poetas que nos importan y que, alérgicos a quimeras, experimentos, bromas o peroratas, se centraban en lo más próximo y si acaso en lo más íntimo para manifestar en general, conscientemente o no, una enorme gratitud, una felicidad serena y sencilla, muy fácil de compartir.

El tema de la luz, el paisaje y quienes lo habitan (pájaros, árboles), el recuerdo frecuente de la infancia, a veces algún tema familiar, menos frecuentemente lo amoroso o erótico, las noches en silencio del verano, la simple observación de sí misma en diferentes situaciones o la intuición de cómo será la nada, el vacío, la muerte… han sido los temas de Mascarell

Son temas a los que se vuelve en las primeras páginas (y en otras…) de este nuevo libro, Préstame tu voz (un título que procede de un fragmento de El infinito en un junco, el fenómeno editorial —y cultural— de Irene Vallejo), pero mira por dónde, la vida todavía tenía reservadas sus sorpresas, y al llegar al séptimo poema, titulado sin rodeos Encinta (y que es un poema que dialoga con los versos de Nadando, de Mecánica del prodigio) ya se anuncia el fenómeno, o el tema, o la novedad… que va a atravesar todo este cuarto libro (y que en realidad se adelantaba en la viñeta de la cubierta, dibujada por el pintor y también poeta José Saborit): mientras la poeta va y viene por una piscina, «Mis brazos van buscando el adelante, / ese lugar exacto / donde ahora estás tú / y que no es ningún sitio. // Tú en el agua y yo en ella: / la vida es esta masa / de agua superpuesta / a la que ya has nacido. // Y ya es irreversible, / ya eres tiempo».

Si una niña viene a poner patas arriba nuestra vida, ¿cómo no va a revolucionar nuestra escritura? Si la vida y la poesía van normalmente de la mano, lo hacen de un modo especialmente difícil de burlar en casos así, cuando hay un nuevo foco, tan potente, iluminando los días y alterándolos, o cuando sucede algo tan transformador y definitivo.

Basta con leer varios títulos del índice para comprobarlo o intuirlo, explícitos como el citado Encinta, o Placenta, Primer mes o Madre, o sugerentes como Inventar el mundo, Creación del mundo, Unidad en ti, Adventicia, Insomnio u Ojalá, o incluso como ese maravilloso Tiempos superpuestos que reproducimos completo abajo.

En la novela citada arriba se lee también que «una de las cosas más importantes en esta vida es estar convencido de que se tiene una misión». No es que esta maternidad lo fuese, pero todos los padres y madres del mundo sabemos bien que, una vez que se produce, se transforma efectivamente en un cometido, el más importante, la tarea más sublime, la única encomienda que de ninguna manera puede salir mal.

Y a Lola Mascarell, como hubiera cabido prever, le ha quedado perfecto el desafío, tan difícil, de volcar al molde de los versos el proceso del embarazo, el parto, la lactancia o la crianza sin caer en tópicos (o sólo en los necesarios), sin más afectación o misticismo de la cuenta, y desde luego sin caer en la cursilería o en el babeo y prohibiéndose caer en lo relamido, en lo obvio o incluso en lo aleccionador, como hacen otros y otras al hablar de sus descendencias.

Pero lo decía Tomás Segovia en sus diarios: «El amor lo es todo en la vida, pero no es toda la vida». La llegada de Lucía lo cambia todo, pero no es todo, y en este libro Mascarell sigue aferrada y atenta a lo de siempre, lo suyo, ese territorio literario colectivo que ella ha sabido personalizar a lo largo de una trayectoria al alza y ya consagrada. O mejor: el nacimiento de la niña no es sino una demostración especialmente trascendente de algo que ya se sabía: en un poema dedicado a Juan Vicente Piqueras se entiende que «Escribir poesía / es cuidar un jardín / donde sólo germina lo que muere», o en otro, flirteando con las rimas (algo nada frecuente en la obra mascarelliana), se traduce desde el idioma de ciertas flores que «Lo que dice el jazmín / en su lengua remota / es que no hay más nación que este perfume, / ni otra patria que ahora».

No hay más patria que ahora. Quedémonos con eso, es decir, con esto. Con todo esto.

Lola Mascarell

TIEMPOS SUPERPUESTOS

La luz que cruza ahora la ventana

y llega hasta tu pie

y atraviesa la cuna

y avanza por el suelo del salón

no procede del cielo

que custodia la escena desde atrás:

esa luz que ahora toca

el milagro minúsculo del dedo

meñique de tu pie

procede de mi infancia

y avanza sin retorno

hacia ese lugar

donde yo ya no estoy,

pero te espero.

 

*Ficha técnica: Lola Mascarell, Préstame tu voz, Barcelona, Tusquets, 2024.

DEJA UNA RESPUESTA

Deja un comentario!
Por favor introduce tu nombre