Qué, cuándo y dónde del arte conceptual

La Casa Encendida muestra dos exposiciones hasta el próximo mes de abril en las que el arte conceptual es la clave. Os lo contamos pero, más allá de la reseña de ambas muestras, nos preguntamos: ¿qué es el arte conceptual?

Leticia Palomo / @bypalomo

Dokoupil. Sin título (Pompas), 2017

Hubo un momento en que el arte conceptual se instauró en nuestras vidas, en las instituciones culturales, en las academias de Bellas Artes, en las galerías de arte, en nuestras revistas, y en nuestras cabezas. Aquí o allí, si viviste en el siglo XX sabes que hubo un punto de arranque, si lo tuyo es el siglo XXI, eres parte del concepto.

Dokoupil, la rebelión contra el conceptualismo es la exposición de La Casa Encendida que podemos ver hasta el 12 de abril en las salas B y C, donde el artista checo nos invita a ser cómplices de su expresividad lúdica. Con una pregunta formulada a los presentes en la inauguración “¿qué obra de mi exposición os parece más fea?”, Dokoupil se sitúa en las antípodas del concepto, pero también del objeto artístico, para albergarse en el lugar que a él le gusta, en su propia diversión pictórica llena de pompas de jabón, humo de cabos de velas y otros instrumentos con los que experimentar sobre la verticalidad del lienzo.

En el otro plato de la balanza, en las salas D y E, y hasta el 26 de abril, los jóvenes creadores de Generación 2020 muestran su inquietud por un presente que parece conducirnos a un futuro poco halagüeño. En esta vigésima edición de Generaciones Javier Arbizu, Elisa Celda, Oier Iruretagoiena, Gala Knörr, Claudia Rebeca Lorenzo, Miguel Marina, Cristina Mejías y Nora Silva, transitan entre el concepto y el objeto aún con timidez, tratando de encontrar un lenguaje que encaje con ese futuro al que tememos.

El reto que el artista lanza a la sociedad

¿Cuál fue el comienzo del arte conceptual? Es conveniente hacerse este tipo de preguntas cuando uno vive inmerso en una tendencia social o cultural. Por un lado, para valorar imparcialmente lo que se tiene entre manos. Por otro para apreciar más lo que ha adquirido el estatuto de cotidiano.

El arte conceptual es el reto del artista al espectador. El artista conceptual emerge de una herencia artística objetual para exigir la implicación del que se encuentra allí, ante su obra, ante el objeto transmisor de una idea. Cuando el objeto no es el único protagonista, se genera un diálogo intelectual entre el artista y el espectador, donde el espectador debe transcender la experiencia estética objetual.

Evidentemente la idea es parte imprescindible del arte, y los artistas conceptuales no descubrieron algo nuevo. Sin embargo, en los años 60 del siglo XX la cuestión ideológica bullía en las calles del mundo entero y las exigencias sociales alcanzaban una repercusión cada vez más grande. Mientras, la tendencia mayoritaria en el arte, el expresionismo abstracto, no estuvo a la altura de las circunstancias y en general no fue  capaz de encauzar esas inquietudes.

Los artistas conceptuales necesitaban romper con una inercia que duraba más de un siglo. Romper las fronteras de un objeto artístico que se había vuelto tiránico. Poner el acento sobre el proceso preparatorio de la obra final y establecer un diálogo político y social. En aquel momento se quiso matar al objeto artístico, para que a su costa creciera el concepto puro. El arte quiso ser vida y salir a la calle.

Los máximos exponentes del arte conceptual que suelen citarse son Joseph Kosuth, Piero Manzoni, Marina Abranović, Vito Acconci, Barbara Kruger, Yayoi Kusama, etc., documentando como padre ilegítimo a Marcel Duchamp. La transgresión de Duchamp ejerció como inspiración de una generación de artistas por todo el mundo, que comenzaron a discernir sobre el mero concepto.

De aquí surgieron corrientes expresivas, como el land art, el body art, el process art, la performance, el arte povera, el minimalismo… Joseph Beuys, uno de los más puros creadores de arte conceptual, decía en una entrevista en 1979 sobre este tipo de expresión artística: “Es un tipo de vehículo, ya sabes. Es una especie de hacer, difundir ideas, eso es lo que pienso. Se extiende la idea. Debes preocuparte por la información y yo personalmente trato de hacer que la información esté disponible no solo por escrito… también trato de trabajar con imágenes, con fantasía, con bromas, con humor. Acelera la discusión del problema de una nueva sociedad… así que trabajo partiendo de la idea del arte como el medio más importante para transformar la sociedad“.

Treinta años después de su muerte, un documental recupera la figura de Beuys (2017)

Así, la seducción total que ejerce el arte conceptual es la de prestar el poder del lenguaje a todo aquel que tiene algo verdaderamente interesante que decir. A aquel que se sumerge en una idea y en su programación para hacerla emerger en la superficie corpórea por medio de la materia del objeto. En palabras de la artista contemporánea Mercedes Bautista: “Entiendo el arte como conocimiento e influencia en los cambios sociales que son necesarios. El arte ayudará al cambio que necesitamos de paradigmas y de des-construcción de un sistema que nos aniquilará como especie, si seguimos en él”.

Pero con el tiempo y la lógica evolución del arte, también surgió el rechazo frontal de la sociedad y otros artistas.

Hasta que llegó el mercado

Quizá uno de los elementos más importantes del arte conceptual es el de su intención de transformar la sociedad. Nacido en una época de crisis del sistema social, el arte conceptual picó muy alto, anhelando liberar al artistas de las cadenas del mercado y al espectador de la mediación inútil, posibilitando un diálogo libre y sobre temas que a ambas partes interesaban. Sin embargo, el mercado del arte tuvo la habilidad de engullir este pastel complejo y reprogramarlo.

Cuando Nueva York se convirtió en el corazón palpitante del mundo del arte a finales de los años 80 nació una nueva concepción del mismo. Había nacido el gran negocio. La mercantilización del objeto artístico, así como su aproximación hacia las zonas de luces de neón de la publicidad, convirtió al mundo del arte en un sector hipermercantilizado, expuesto a la farándula y la exageración programada.

El arte conceptual perdió sus alas de Ícaro. Como diría Dokoupil en la presentación de su exposición en Madrid, “cada artista ofrece una promesa moral con su trabajo. Cuando yo estudiaba arte, los artistas conceptuales prometieron presentar la idea en su forma más pura pero con el tiempo se convirtieron en envoltorios vacíos, repetitivos, en puro formalismo. La concesión a la comercialización y, por lo tanto, al mercado del arte degradó el objeto del arte, convirtiendo las obras en simples mercancías. Eso me resultaba frustrante. De ahí mi rebelión contra el conceptualismo”.

Visto como un arte elitista y parejo al comercio, surgieron varias corriente críticas, auténticos “odiadores” del arte conceptual y de su relación con el mercado. Billy Childish y Charles Thomson declararon a finales de los 90 su aversión a la Young British Artists (YBA), y por ende a todo el arte conceptual, por medio del Manifiesto Stuckista, una auténtica carta de amor a la disciplina pictórica, especialmente a la pintura figurativa.

El grupo de guerrilla surgido de este movimiento son los Art Hate. Este colectivo protesta contra un arte secuestrado por la élite de la política y las universidades privadas, con lo que el rendimiento económico es grande, pero no así el rendimiento artístico. En su punto de mira están artistas como Damian Hirsts o Tracey Emin, a los que tachan de auténticos especuladores económicos. No solo en Gran Bretaña existe ese odio al arte. Aquí, en nuestro país, el Hartismo implosionó en Galicia, rota la paciencia de Mariano Casas, Carmen Martín y Miguel-Anxo Varela, y se ha convertido en un movimiento internacional cuyas premisas son propias del stuckismo.

En fin, el mundo y el arte giran en una elipse donde toda tendencia llega a un fin marcado por su propio agotamiento y el impulso de lo nuevo-antiguo. Si el arte conceptual nació como reacción a la falta de concepto en el arte históricamente precedente, y con la clara intención de ser accesible a todos, por el camino perdió la esencia, y se ha convertido en aquello que quiso romper. Paradójicamente sus detractores comienzan nueva andadura utilizando las premisas del arte que se agotó en la anterior elipse y que el arte conceptual vino a renovar.

La duda que surge es si el arte conceptual podrá enderezar la dirección errática tomada y recuperar el propósito inicial, siendo un lenguaje artístico legítimo y al alcance de muchos, libre de sospechas, de fanfarrias y de banalidad.

Para saber más, os dejamos el trailer de la película sueca The Square, una reflexión sobre la banalidad del mundo del arte en nuestros días. Director: Ruben Östlund

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