Exactamente un año después de su publicación, en enero de 2024, Juan F. Rivero (Sevilla, 1991) nos trae hasta La Plaza Invisible Raíz dulce (Editorial Candaya), su tercer libro, y también aquel con el que, según se acaba de anunciar en diciembre, ha merecido el Premio Ojo Crítico de Poesía.
Si no existiera Alejandro Simón Partal, en la poesía española no habría nadie con un porte tan principesco, casi de modelo, como el de Rivero, pero lo verdaderamente regio y modélico es su obra, como demostró en 2020 con Las hogueras azules, un libro que nos acompañará mientras vivamos.

Juan Marqués / @jmarquesmartin
«No hay nada más hermoso / que ser frágil / en un mundo infinito»: son los tres versos finales del Poema para los techos de una cueva, uno de los grandes textos de la poesía española contemporánea, y son ya como un mantra, tan sencillos y perfectos, porque la sencillez (relativa) y la perfección (absoluta) era lo que dominaba en Las hogueras azules, el libro que Juan F. Rivero (Sevilla, 1991) publicó en junio de 2020 y que nos va a alumbrar y calentar ya para siempre.
Tres años y medio después, en enero de 2024, Rivero ha regresado con un libro que es radicalmente distinto, lo cual, aunque suene paradójico, era casi previsible. Rivero ha de ser a la fuerza un poeta inquieto, inconformista, explorador, autoexigente… y tras demostrar en aquel libro milagroso hasta qué punto es virtuoso con las métricas tradicionales, con las estrofas orientales (en las que es experto) o con los símbolos eternos, ha decidido (o tal vez ha necesitado) desplazarse a un sitio literario muy diferente.
El tiempo, que no sólo es la patria natural de la poesía (muy por encima del lenguaje) sino su tema principal, adquiere en este libro una flexibilidad insólita
Lo que nos propone en Raíz dulce es algo mucho más narrativo que acaso también se anunciaba en Las hogueras azules, en aquellas líneas en prosa en las que se decía que «la vida me ha enseñado a ser paciente, a contemplar las cosas con la altitud del tiempo»…
El tiempo, que no sólo es la patria natural de la poesía (muy por encima del lenguaje) sino su tema principal, adquiere en este libro una flexibilidad insólita, pues hay poemas fechados en 2026 (como, por ejemplo, ese que reproducimos completo abajo), en un juego que no es nada caprichoso sino el resultado de una reflexión que uno intuye casi angustiosa de tan profunda. Y esa fecha futura, de paso, introduce explícitamente en el libro algo que sin rodeos podemos considerar ficción directa y reconocida en un libro en el que el autor vierte mucha realidad, mucha experiencia privada, mucha vida exterior convertida en poesía.
Como sucede en la novela Lo demás es aire, de Juan Gómez Bárcena, o en la película El árbol de la vida, de Terrence Malick, o, al parecer, en muchas otras obras de ficción que yo no conozco, aquí se propone en algunos momentos un tiempo vertical, en el que simultáneamente ocurren muchas cosas en un mismo espacio. «No hay más que un gran segundo del Paleolítico a ti» se dice en el sublime Poema final, y esa concepción de lo temporal justifica su ductibilidad.
En poesía somos muy conscientes del pasado, estamos no sólo condicionados sino un poco obsesionados con él, pero no sucede así (o no tanto, o no del mismo modo..) con el porvenir. En este libro sí hay, digamos, suficiente generosidad cronológica como para estirar la imaginación y la mirada y trasladarse más allá en el calendario, del mismo modo que se echa la vista atrás para contar de un modo nuevo, hermosísimo y tremendamente lírico (a pesar de su forma, principalmente narrativa, o memorialística, o a veces metadiscursiva) una historia del pasado que es trágica y bonita a la vez.
El gesto de este libro es narrativo, pero el impulso es plenamente lírico. Sea como sea, el argumento de Raíz dulce, por exponerlo de un modo intolerablemente simple, es la enfermedad y la muerte de una mujer con la que el yo poético (y muy probablemente también el autor del libro, aunque eso no importa demasiado a efectos literarios) mantuvo una relación amorosa tiempo atrás, en Sevilla, cuando ambos eran adolescentes, es decir, en el tiempo de las mayores revelaciones.
Ésa sería la sinopsis llevada hasta la desnudez extrema, pero con esa trama se pueden hacer miles de variantes, optar por miles de opciones. La que ha encontrado Juan F. Rivero a lo largo de los años en los que fue concibiendo y dando forma a su historia es estremecedora en lo que a un tiempo tiene de crónica, de reportaje, de novela, de libro de poemas, de conversación, de ensayito de teoría de la literatura, de making of y hasta de autopsia. No es el levantamiento de un cadáver, sino el rescate de alguien que vivió, con algo incluso de resurrección. Lo dice él mismo: «la poesía restituye».
Hay muchos momentos fulgurantes en el libro, grandes citas o consideraciones encendidas barajadas con tiradas de versos escritos en un lenguaje coloquial juvenil. Pero lo que predomina en el recuerdo (y se confirma en la relectura, un año después) es el conjunto, el vivo objeto literario que Rivero ha construido, y en el que, si se me permite el neologismo, hay un insólito ejercicio de auto-erudición bien entendida.
En ‘Raiz dulce’ no sólo se sirve un extraordinario ejemplo de poesía, y un amor del todo, sino un hondo y sereno trabajo de reflexión trascendente sobre lo que la mejor poesía puede llegar a implicar
Me refiero no sólo al aparato final de notas, en las que el autor da cuenta del enorme caudal de cultura presente en el libro que acabamos de terminar, sino a todas las citas que andan encartadas (y a menudo comentadas) a lo largo de las páginas, tanto en los epígrafes de los poemas en verso, como absorbidas entre las líneas de los poemas en prosa, como, sobre todo, en esas páginas de luto en las que, blanco sobre negro, se comentan citas de Valéry o de Celan, o se va reflexionando sobre el propio texto, ofreciéndose una cara B del libro con textos relacionados, descartes e importantes explicaciones complementarias.
Cuando decimos que de la poesía, en realidad, no deberíamos decir nunca nada, y que las contracubiertas, las reseñas, las presentaciones o las entrevistas no sólo sobran clamorosamente sino que resultan infinitamente antipáticas, lo decimos por libros como éste, que no se dejan explicar, sólo leer y releer. Aquí no sólo brilla la pura poesía, sino su conciencia, su consciencia. En Raiz dulce no sólo se sirve un extraordinario ejemplo de poesía, y un amor del todo, sino un hondo y sereno trabajo de reflexión trascendente sobre lo que la mejor poesía puede llegar a implicar.

EL BOSQUE DEL DOLOR
Si en el inmenso bosque del dolor
naciese un árbol
sembrado en otra vida, hace ya mucho,
por mí,
si el implacable ascenso
a la memoria
se truncara y volviesen
los fantasmas que he sido,
si me fuera algún día
sin las palabras puestas
y aunque llamaseis no os supiese contestar,
recordad que hubo un tiempo
en el que fui feliz
y en que amé como un niño todas estas cosas
en su camino hacia la destrucción.
*Ficha bibliográfica: Juan F. Rivero, Raíz dulce, Barcelona, Candaya (col. Poesía, 31), 2024 (enero). Epílogo de Chus Pato.







