La poeta Carmen Palomo Pinel (Madrid, 1980), profesora de Derecho Romano, llega hasta La Plaza Invisible con un octavo libro que comprime y expande los temas y tonos de los otros siete, escritos o al menos publicados en muy pocos años.
Publicado en Madrid por la editorial Visor, estas Ramas de mirto en la ciudad eterna merecieron el accésit del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, concedido por la Diputación de Segovia.

Juan Marqués / @jmarquesmartin
Carmen Palomo Pinel (Madrid, 1980) responde a ese tipo de poeta, nada infrecuente, que, tras haber atravesado toda la juventud en un «maravilloso silencio», por decirlo con la célebre fórmula de Cervantes, de repente se descubre y publica muy seguido, de forma casi confusa de tan atropellada, un enorme caudal de versos, como si los hubiera acumulado durante años y, llegado el momento adecuado, le molestaran en el cajón.
Pero, a diferencia de lo que suele suceder con ese tipo de autores (en este ámbito nuestro hay que tener muchísima cautela con los «humildes»…), sucede que Palomo Pinel es buenísima, toda una revelación. No sé si ha escrito durante toda su vida y ha ido guardando o si, por el contrario, ha encontrado en los últimos años una fecundísima veta de inspiración, pero el caso es que su irrupción en el panorama es una gran noticia, y a pesar de lo fulgurante que ha sido presenta además una progresión muy significativa.
Yo jamás aludo en mis reseñas a los premios, no los menciono ni aunque se trate del Pulitzer, pero en este caso sí es revelador el hecho de que los ocho libros que ha publicado hasta hoy han aparecido con su correspondiente galardón. La cosa comenzó en 2016, con un primer aviso que, visto en perspectiva desde hoy, parece como un adelanto, un tanteo del propio horizonte, y después, desde 2019, se han ido superponiendo en cinco años los otros siete títulos, no sólo de calidad creciente sino de cada vez mayor visibilidad, hasta llegar a certámenes más codiciados y editoriales más anheladas.
Una de las virtudes poéticas más espectaculares de la literatura de Palomo Pinel es la maestría a la hora de escribir poemas híper-breves, algo mucho más complicado de lo que demasiada gente cree
Aunque implique sacrificar más de la mitad del espacio de esta reseña al repaso bibliográfico (pero va a tener también algo de antología…), merece la pena recapitular y repetir que la obra de Palomo Pinel empezó en 2016, cuando ganó el I Premio Francisco de Aldana, que fue publicado en Santiago de Chile, por la editorial Hebel, en una extraña edición bilingüe italiano-español. Allí se leía que «Somos reyes de un mundo conquistado / pero al final, / amamos y morimos siempre en Roma».
En Las costuras del hambre, de 2019 (Granada, Esdrújula. II Premio Esdrújula de Poesía), aparte de más motivos romanos literarios (Ovidio) o mitológicos (Minerva), se dice que «La vida es todos los tropos / porque decir es decir siempre de menos / y decir es decir siempre de más» o, aún más sublime, que «La verdadera Historia / se escribe con la sangre de los pobres / como tinta invisible. / Y de esa historia no sabemos nada».
Una de las virtudes poéticas más espectaculares de la literatura de Carmen Palomo Pinel es la maestría a la hora de escribir poemas híper-breves, algo mucho más complicado de lo que demasiada gente cree. En Un silencio habitado, de 2021 (accésit del VII Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador y publicado por la Diputación de Salamanca), hay una Reminiscencia que dice: «Ciertas cosas sólo se comprenden / con en a través de / la oscuridad // porque son la herida de la luz». Y una Epifanía impactante: «Todo lo que existe / tiene forma de llave».
En 2021 ganó con Dido el XXXII Premio Nacional de Poesía José Hierro. Publicado por el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, tal vez sea su libro más unitario hasta hoy. Nos remite de nuevo a la mitología romana, y a temas ovidianos por antonomasia, y se dice que «Lo real revela sus secretos / sólo cuando lo besas» (algo que tiene un eco o incluso una variante en el libro que reseñamos hoy: «La realidad guarda secretos que revela / sólo cuando es amada»).
«Me encuentro a veces / cuando paso la escoba por el piso / la piel muerta de Dios, / las uñas que se corta, / arena, mucha arena, / los fragmentos de un mapa. // Pensaba que el poema tenía por misión / revelar el secreto, / mas no: / el poema es la tierra / que se echa sobre él. / Lo convierte en tesoro», En tu espalda el desierto
En Madre de cenizas (Gijón, Gravitaciones, 2022. I Premio Gravitaciones de Poesía), un libro que, sin ánimo por mi parte de hacer humor negro, estaba iluminado por el incendio de la catedral de Notre-Dame, se sabe ver que «Hay ánforas que guardan todo lo que soñaste. / Las creímos perdidas para siempre / pero dolor adentro, infancia adentro, / todavía se pueden recobrar».
También de 2022 es En tu espalda el desierto (Diputación de Soria. XLI Premio Leonor de Poesía), en donde se leía este poema: «Me encuentro a veces / cuando paso la escoba por el piso / la piel muerta de Dios, / las uñas que se corta, / arena, mucha arena, / los fragmentos de un mapa. // Pensaba que el poema tenía por misión / revelar el secreto, / mas no: / el poema es la tierra / que se echa sobre él. / Lo convierte en tesoro».

Y, por fin, en este mismo 2024 ha sido la ganadora del Premio Juan Gil-Albert con Ser mirada (Valencia, Pre-Textos), donde, en un final de poema magnífico, entiende que «A veces no pienso que el lenguaje sea incapaz, / sino que, simplemente, es todo un caballero / que sabe echarse a un lado».
El que nos trae aquí es, pues, el octavo libro publicado por la madrileña, pero ya hemos ido hablando de él, porque, desde el mismo título, vuelve a traer los que claramente pueden considerarse temas y formas de su obra. Repasemos:
– mucha mirada hacia atrás, hacia la Antigüedad, ampliamente entendida (Palomo Pinel es profesora de Derecho Romano en la Universidad CEU San Pablo)
– poemas epigramáticos de tan breves, directos y rotundos
– tentaciones experimentales (eso no lo hemos dicho, pero en varios de sus libros hay audacias estructurales, acuñación de neologismos, poemas que se escriben en las notas al pie…)
– tendencia a la sentencia
– sinceras declaraciones de fe y de confianza en el Cielo (y, por coherencia, un tono predominantemente hímnico, agradecido, celebrativo…)
– insistencia en los misterios del silencio o de lo invisible
– apego goloso a las etimologías
– un erotismo muy leve, muy sutil, que apenas ocupa palabras pero que claramente asoma, y lo hace como queriendo asomarse más
– querencia por los asuntos esenciales, ampliamente glosados (memoria, conciencia, familia, maternidad, cultura…), o una presencia no especialmente hostil de la muerte.
El poema que reproducimos completo abajo es una muestra sobresaliente de la sabiduría de un libro que, en otras páginas, suplica «Que, por favor, lo inesperado venga», que recomienda «Jamás despreciar nada. // Tener la realidad entera como hija» o que exclama «Qué alegría tan pura la de orar / por quien no sabrá nunca que lo hiciste».
La conciencia de la carencia es otro de los temas recurrentes de Palomo Pinel («Es tan sólo el presente lo mortalmente inalcanzable»), pero está matizada por el placer, pues aquí se apuesta en muchas ocasiones, en muchas estrofas y de muchos modos por saborear lo que no se tiene, por disfrutar lo que se anhela tanto o más que si se poseyese, lo cual puede servirnos de remate: «Porque amo las palabras, sobre todo, / por aquello que no pueden decir. / Pues lo que no se nombra es lo que más existe».
REI VINDICATIO
La lengua de la infancia que sabe hablar con Dios
como con las hormigas.
La lámpara con forma de elefante
que rompí y aún sigue iluminando.
El vértigo solar del tobogán.
Los ojos azules de la pureza de Mario.
Los labios morados de la enfermedad cardíaca de Mario.
La tutora entrando en la clase
aquella mañana de la adultez sobrevenida
para decir Mario nos ha dejado.
El dolor que, sin embargo,
es mejor que la nada.
El dolor que abre el mundo.
El mundo abierto. Las ganas todavía de vivirlo.
Creer que me querías.
Tanta filosofía que no pude estudiar.
Mis abuelos.
Todo esto reivindico como propio.
Lo que perdí es lo único
que ya para siempre será mío.
*Ficha bibliográfica: Carmen Palomo Pinel, Ramas de mirto en la ciudad eterna, Madrid, Visor (col. Visor de Poesía, 1238), 2024 (14 de septiembre). XXXIV Accésit Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma.






