‘Rey ciego’: nos sostiene la debilidad

Pilar Martín Gila

Esa excelente lectora de poesía que es Pilar Martín Gila (Aragoneses, Segovia, 1962), lo cual la ha llevado a escribir algunas de las reseñas más certeras de los últimos años, ofrece ahora un paso más allá en su propia obra.

Publicada en Zaragoza por Nautilus, Rey ciego. Selección de textos poéticos no es una antología, sino más bien una inmersión en materiales inéditos o dispersos que aquí se dan la mano al yuxtaponerse y que, por tanto, dicen algo nuevo, ahondando en los misterios y las revelaciones que la autora lleva siempre a sus páginas. Con ella, La Plaza Invisible se despide de este 2025.

Pilar Martín Gila
La última habitante de La Plaza Invisible de 2025, la segoviana Pilar Martín Gila. / Foto: J. M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

«Lo escondido no es el futuro / sino lo dicho hasta aquí», se leerá en uno de sus poemas, y sin embargo todo lo que ha ido diciendo hasta aquí en su obra Pilar Martín Gila (Aragoneses, Segovia, 1962) es tan secreto y discreto, tan musitado, tan en cierto modo escondido, que merecería una nueva antología que se uniera a La triste figura de las batallas, de 2020, donde ya leímos una primera decantación general de lo conseguido.

En aquel libro tuvimos también una primera selección de los textos que Martín Gila escribe para acompañar la música de Sergio Blardony, que es una línea de su trabajo que ahora, en Rey ciego. Selección de textos, vuelve a ocupar un bloque aparte, concretamente el tercero y último. Pero como para que esas palabras puedan ser plenamente interpretadas o verse de verdad completas han de verse, supongo, en su contexto musical o escénico, prefiero centrarme en las dos primeras secciones, que son además las que más me han impresionado.

Son tres secciones tan radicalmente distintas que cada una merecería su propia reseña, pero lo cierto es que hay sutilísimos hilos de sutura que insinúan o intentan alguna conexión. En la primera, Los idus, se cuenta la convalecencia hospitalaria, la agonía y, finalmente, la muerte de la madre de la voz que habla, que en realidad asiste a todo lo anterior desde una especie de pre-duelo, de fatalidad, de tristeza anticipada y consciente: «Yo no acierto a entrar en esa sombra».

creo que en la poesía de Martín Gila hay cierta conciencia de lo trágico, de lo doloroso, pero es una conciencia habitada no tanto desde el desgarro como desde la curiosidad

Esa parte termina con un poema que es casi una plegaria, una oración dirigida a la propia madre recién fallecida, a la que se le ruega que «no me desampares»… Pero entregados ya a la segunda sección, Afección del sueño (work in progress), nos enteramos de que ese verso era probablemente no una súplica sino, digamos, una cita, un eco o un reflejo: «Soñé que no sabía que me estaba muriendo. Y al abrir los ojos, el techo era de pronto una pantalla enorme donde una paloma esquivaba las luces de la carretera. Estoy tan asustada que sólo sentía el desamparo. Mi madre repetía ‘no me desampares’»…

Al margen de ese minúsculo detalle, las dos secciones cuentan historias distintas desde una misma mirada, o acaso sean más bien dos tramos de la misma historia contados desde sitios diferentes y desde estados de ánimo especiales. No es sólo que en la primera los poemas estén dispuestos en verso y en la segunda en prosa, es que en la primera hay un dolor puntual, causado por la inmediatez de la muerte, y en el segundo hay una especie de letargo constante: los personajes implicados llevan una temporada bebiendo alcohol y eso afecta al sueño del que habla el título del bloque, pero también a sus percepciones, y con ellas a sus relaciones, entre ellos mismos y con la propia realidad: «Si uno no se apoya, el otro se cae. Nos sostiene la debilidad».

Aparte de que el aturdimiento temporal que produce la muerte de alguien querido pueda ser comparable al de la embriaguez, por lo que tienen de desconexión, de pausa, de cierta torpeza, de flojedad, creo que en la poesía de Martín Gila hay cierta conciencia de lo trágico, de lo doloroso, pero es una conciencia habitada no tanto desde el desgarro como desde la curiosidad. Curiosidad panorámica que entiendo que también contribuye a explicar las “visitas” que la autora ha hecho a otras disciplinas, trabajando no sólo en los proyectos musicales aludidos, sino con formato de vídeo o de radio.

Lo de asistir con cierta expectación extra-personal a las cosas que se sabían de antemano lacerantes, como si les ocurrieran a otra, no es una decisión intelectual, pero se intelectualiza, se llena de cultura, hace que se emparente con la tradición, con las tradiciones. Es un modo de pasar los duelos, los sinsabores o las decepciones sintiéndose acompañada de una larga historia de antecedentes y de presagios. Y no sé si eso ayuda, pero eleva.

Nos pasamos la vida a tientas, todos, en el fondo. Y hay un tipo de poesía que expresa ese bracear en el espacio, en el tiempo, en el misterio, en el sentimiento, en el pensamiento o en la falta de sentido último

Se rastrea en estos poemas una especie de auto-orfandad, una búsqueda angustiosa de sí misma no explicable por la vía de la egolatría sino por la de la supervivencia. En su anterior libro, el ensayo La belleza de llevar un niño en los brazos, Martín Gila ha contado que vivió los diez primeros años de su vida en la fonda que regentaban sus padres, y que en ese entretenido y constante vaivén de inquilinos había algo jolgorioso, sí, pero también una enorme confusión, cierta imposibilidad por encontrar el lugar propio, el sitio de la intimidad y el reafirmamiento.

Nos pasamos la vida a tientas, todos, en el fondo. Y hay un tipo de poesía que expresa ese bracear en el espacio, en el tiempo, en el misterio, en el sentimiento, en el pensamiento o en la falta de sentido último. Aquí leemos referencias a cosas tan cotidianas como la limpieza general del hogar o las demasiadas copas bebidas en los bares (los espacios concretos son muy importantes en estos poemas: las escaleras, las habitaciones, los techos…), pero a donde se apunta es haca otro lado: un lugar mental, tan privado que es inextricable incluso para su anfitrión: «Una habitación al extremo, / debajo del paisaje, al lado opuesto / de donde se espera despertar».

Pilar Martín Gila

 

Cada cien años,

hay que quemar los libros.

Es otro comienzo

lo que espero. Destruir

la voz que ha destruido.

Tiene algo de regreso

a los mares. Respirar desde el agua.

Pero bajas al desierto,

con las tablillas en la mano.

Sabiendo la letra

pero ajeno a lo que te aguarda.

 

Cuando arranca el tren,

el abandonado es quien sigue

en la estación. El que espera.

 

*Ficha bibliográfica: Pilar Martín Gila, Rey ciego. Selección de textos poéticos, Zaragoza, Nautilus (col. Capitanas 3, nº 5/11), 2025 (abril).

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