ENTREVISTA

Nunca hemos ocultado que en La Plaza Invisible tenemos especial cariño hacia la generación de 1980 (es decir la de Carmen Palomo Pinel, Víctor Herrero de Miguel o Margarita Leoz, nacidas todas en aquel año).
Para ir ampliando la nómina, teníamos verdaderas ganas de recibir a Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1980), y la publicación simultánea de su segunda novela, Me fui como una tormenta (en la editorial bilbaína Consonni) y de su nuevo libro de poemas, El piar de los pájaros y el goteo del agua que cae del techo (que vuelve a aparecer en la Bella Varsovia, tras la mudanza del sello a Barcelona), nos ha dado el pretexto perfecto para convocarla.
Ambos libros están consagrados a la figura de aquella artista total que fue Louise Bourgeois, cuyo espíritu contagia e inspira a Herrera Peralta para emanciparse, en principio, de todo cliché, y ofrecer libros híbridos e inclusivos que mezclan registros literarios y contienen fotografías, excursiones fuera del libro, digresiones personales o el propio making of. Ambos suponen un paso adelante en la curiosa obra literaria de la autora, hecha no sólo fuera de España sino al margen de las líneas estéticas actuales.
Juan Marqués / @jmarquesmartin

P: Tus dos nuevos libros, a pesar de pertenecer, en principio, a dos géneros literarios diferentes (aunque ninguno de ellos se presenta de una forma muy ortodoxa: el de poemas incluye secciones en prosa informativa y el de narrativa resulta muy poético y hace incursiones en el ensayo o en el diario, aparte de incluir fotografías), son claramente complementarios. Que se hayan publicado tan simultáneamente, ¿responde a una intención o ha sido una oportunísima casualidad?
R: Responde, claramente, a una intención. Ya tenía fecha prevista de publicación para el poemario en el calendario de 2025, acordada con mi editora de La Bella Varsovia, que había aceptado el manuscrito cuando le hice llegar el libro. El año pasado, cuando hice llegar la novela al equipo de consonni, al aceptar su publicación, les avisé de que se trataba de un proyecto que iba de la mano del poemario. Fue entonces cuando los dos equipos editoriales comunicaron y se coordinaron para que ambos libros salieran con fechas de publicación próximas para que pudiéramos también hacer posteriormente la promoción de forma conjunta, ya que ambos libros forman un díptico, una especie de trenza, un ejercicio de escritura y de bordado común. Pueden leerse por separado, pero se complementan entre sí. Comunican, cantan, imaginan, juegan y preguntan, juntos.
P: ¿Y estás de acuerdo con eso que decía de la heterodoxia genérica, del relativo baile de registros, discursos o incluso formatos que se da dentro de cada libro, así como en la conversación que entre los dos construyen?
R: Sí, totalmente de acuerdo. Para este proyecto me parecía importante jugar con la investigación académica que hay detrás de ambos libros; con mi voz poética, que es esa con la que me siento más cómoda; con el diario, por lo político, por lo doméstico; la fotografía, porque me permitía la continuación del relato; o el vídeo, por la capacidad de la imagen o las posibilidades del silencio. La combinación de todo me permitía crear con una cierta libertad, buscada de forma intencionada, aún a pesar de ser consciente de que ello podía dificultar posteriormente la publicación de los libros. Sorprendentemente, esta combinación no frenó la publicación, creo que enriqueció el proyecto.
P: Tu interés (por no decir obsesión) en la obra y en la figura de Louise Bourgeois viene de años atrás, y le habías dedicado no libros enteros, como ahora, pero sí otros textos, y estaba presente en alusiones, referencias, citas… ¿Qué crees que le puede decir la vida y el trabajo de Bourgeois al mundo de hoy?, ¿cuál es su legado principal?
De Bourgeois me interesó siempre su tesón y su resistencia para seguir creando a lo largo de su vida a pesar de ese silencio exterior y de la ausencia de reconocimiento
R: Louise Bourgeois es más conocida por el gran público principalmente por sus esculturas y sus instalaciones artísticas, y también es esa parte de su obra la más abordada por la crítica. Sin embargo, fue una artista polifacética que también escribió, dibujó, grabó, bordó, compuso canciones… Como muchas otras artistas, creó prácticamente en la sombra a lo largo de toda su vida hasta que a la edad de setenta y un años el MOMA de Nueva York le permitiera un reconocimiento internacional que no le llegó en su país natal, Francia, hasta diez años más tarde. Es inconcebible la cantidad de mujeres que crearon a lo largo de la Historia y que fueron silenciadas, fuera cual fuera la disciplina artística, como siguen siendo inconcebibles las dificultades actuales a las que nos seguimos enfrentando las creadoras.
De Bourgeois me interesó siempre su tesón y su resistencia para seguir creando a lo largo de su vida a pesar de ese silencio exterior y de la ausencia de reconocimiento (tampoco tuvo un estudio propio hasta muy adentrada la edad adulta y combinó la creación con el espacio y los materiales domésticos dentro de la casa, un elemento importante en su creación). El hecho de encontrar en el arte una especie de refugio, un lugar en el que sentirse a salvo, frente a la violencia del mundo o la soledad, me interrogó desde el principio. Cuando me adentré en el conjunto de su obra y comprendí que gran parte de su materia creativa se encontraba en el pasado, y más particularmente en su infancia, descubrí nuevos puntos comunes.
P: Puntos comunes entre ella y tú, ¿quieres decir?
R: Sí. Yo entiendo la escritura como una forma de comunicación conmigo misma y con los demás, pero también como un espacio de libertad que no hallo en el mundo y las circunstancias en las que vivo. La libertad creativa de Bourgeois me parece maravillosa, muy atractiva. Los ejercicios de justicia que realiza a menudo con su materia creativa, con frecuencia basada en acontecimientos concretos de su vida, a través de la ironía y el humor, pero también, y sobre todo, con una inteligencia indiscutible y una innegable belleza (acompañadas con frecuencia de un mensaje político), me recuerdan a la humildad, la inteligencia y el humor de una de mis poetas preferidas: Wisława Szymborska. Bourgeois fue una mujer y una artista inteligente y muy sensible en cuya obra descubrí historias sin palabras y poesía por todas partes. Supongo que fue todo un conjunto lo que me terminó obsesionando, además de que en algunos aspectos de su vida fui encontrando todavía más similitudes.
P: ¿Cuáles?
R: Pues el desplazamiento o el exilio voluntario; el bilingüismo; el mal du pays, como dicen los franceses, que se parece a la saudade o a la nostalgia por los territorios, los paisajes y las personas que nos acompañaron durante la infancia; los estudios en la Sorbona y los años de París; la creación en la sombra; no seguir las modas; el arte como una especie de exorcismo; la exploración de las relaciones personales y familiares; la mirada crítica, la escritura política, el cuestionamiento de las representaciones tradicionales o de las figuras de poder…
P: Y, quedándonos sólo ya con el libro de poemas, El piar de los pájaros y el goteo del agua que cae del techo, ¿qué lugar dirías que ocupa en tu obra? Sé que casi ningún libro es un libro más, pero ¿qué tiene éste de especial para ti? ¿Crees que con esto cambia o empieza algo?
R: No tengo ni idea. La última vez que un periodista me hizo esta pregunta, hablando de uno de los poemarios anteriores, dije que creía y esperaba que se cerrara un círculo, pero después terminé reescribiendo sobre el duelo. No sé qué pasará después, pero creo que éste es el libro de poemas más valiente y arriesgado que he escrito, por su formato y por el contenido.

P: Yo diría que con este díptico, especialmente con El piar…, has podido llegar a algo así como un punto de no retorno en tu poesía, al menos en lo formal: quiero decir que, ahora que has podido publicar un libro con fotografías en color, y con bastante libertad tipográfica, y hasta con códigos QR, y casi casi con bordados… ¿no se te ha pasado por la cabeza que tal vez en el futuro te cueste encontrar editoriales que estén dispuestas a (o sean capaces de) seguirte en esas necesidades? ¿O consideras que el futuro de la poesía va más bien por ahí, cada vez más interdisciplinar y hospitalaria con otros discursos?
R – Ojalá la poesía, la literatura, el arte fueran cada vez más hospitalarios con otros discursos. Si me cuesta encontrar editoriales que estén dispuestas a seguir publicándome en el futuro por el formato del poemario, los libros se quedarán en el cajón, pero nunca trabajaré en ningún proyecto literario respondiendo a modas, pensando en las bases de un premio o en las premisas de ningún proyecto o empresa editorial. No entiendo la escritura sin la libertad de creación, ya bastante nos falta en la vida real y en lo cotidiano. Ahora bien, no sé si todos mis próximos proyectos poéticos seguirán la misma línea formal en el futuro. En este caso necesité lo interdisciplinar porque el poema me reducía demasiado, porque trataba de observar un gesto, el de la escritura y el del bordado, y me sentí incapaz de utilizar un sólo género para transmitir a los lectores lo que estaba buscando primero y descubriendo después.
P: Has dicho en dos respuestas lo de «las modas», pero también has hecho alusión a tu vida, fuera de España desde hace mucho tiempo. Estás cerca en lo geográfico pero, me temo, muy lejos en casi todo lo simbólico, y también en lo que respecta a los cenáculos literarios. Desde tu casa de campo francesa, ¿cómo se ve la poesía española? ¿Andas atenta o es una ventaja lo de poder aislarte y desentenderte de las líneas dominantes o simplemente existentes?
R: Vivo en el extranjero desde hace casi veinte años, hace muchísimo tiempo que ni la lejanía ni la distribución ni el presupuesto me permiten leer todo lo que me gustaría de la poesía española actual. Voy siguiendo a poetas admirados y comprando sus libros cuando vuelvo de visita para estar con la familia y voy haciendo encargos a mi librería habitual en Jerez, pero esos libros representan una ínfima parte de lo que se está escribiendo. No, no estoy ni atenta ni presente, y es cierto que precisamente por cuestiones de distribución y acceso también leo mucho en francés y a veces en inglés. Tampoco leo sólo poesía (me gusta mucho el ensayo, algunas novelas) ni tengo mucho tiempo libre, así que siempre me parece que estoy desubicada en todo y en todas partes o que llego a menudo tarde a los libros que se van publicando (aunque a los libros nunca se llega tarde, ¿no?).

P: Tal vez podría incluso considerarse que esa distancia es casi una ventaja, en el sentido de que estás más protegida contra la posibilidad del mimetismo. Los poetas que andan cerca acaban escribiendo parecido. Tú, y perdóname la vulgaridad, por favor, puedes ir mucho más “a tu bola”, ¿no?
R: Cerca o lejos, pienso que todos escribimos con el poso de los autores que hemos leído anteriormente. Las influencias nos enriquecen. En cualquier caso, la distancia me permite una cierta independencia o tranquilidad, sí, que supongo que a veces puede ser muy buena para la obra y no tanto para la promoción, precisamente por la lejanía.
P: «Me iré a vivir al campo», decías en el primer verso de «Orry-la-Ville-Coye» (en Quien mire hacia abajo, pierde, de 2013). Se ha hablado muchas veces del poder profético de la poesía. No pensando ya en tu obra, sino en general, ¿dirías que es verdad eso de que los poemas saben cosas que su autor/a ignora? ¿Cuál es tu experiencia al respecto?
R: Ay, sí. No suelo releer mis libros publicados, pero recuerdo versos y no sólo ése, otros también, que fueron premonitorios. Supongo que la poesía es un lugar también en el futuro y no sólo palabras con la certeza del pasado. Qué hermoso dialogar mucho tiempo después con esas palabras, como autora o como lectora, y darnos cuenta de que después de ese tiempo los versos pueden seguir sorprendiéndonos.
P: Mamá era Ilsa Lund al principio de todo, Hay una araña en mi clavícula, Hombres que cantan nanas al amanecer y comen cebolla, ahora El piar de los pájaros y el goteo del agua que cae del techo… También hay títulos breves, claro (Documentum, Provocatio, Caramelo culebra, Un mapa cómo…), pero tienes una tendencia muy llamativa a los títulos largos. Eres un poco, en ese sentido, la Patricio Pron de la poesía. ¿A qué se debe esa fijación?
R: Todos esos títulos largos, excepto uno de ellos, son versos de los libros a los que pertenecen. Un título corto (no diré cuál), una opción última (de la que yo no estaba muy convencida) tras la sugerencia del equipo editorial porque no les encajaba mi primera propuesta mucho más larga. Sé que cuesta retener los títulos largos, que generan confusiones, que dificultan la maquetación del libro, no suelen gustar a los periodistas, ocupan demasiados caracteres en las bio-bibliografías… se salen de la norma, de lo sugerido o de lo más convencional. ¿No te parece eso divertido?
P: ¿A mí? ¡Muchísimo! ¿Y qué será lo próximo tuyo que leamos? ¿Lo sabes ya?
R: No lo sé, tengo algunas ideas en la cabeza pero no sé si terminarán formando parte de un nuevo proyecto literario. De momento estoy tratando de parar, leer todo lo que el escaso tiempo libre que tengo me permite y disfrutar de todo lo bonito que está pasando desde que se publicaron hace escasas semanas estos dos nuevos libros.







