‘Suma noche’: la luz es una espada

Blanca Morel

Al caer la noche sobre La Plaza Invisible, surge una poesía un poco más bruja de lo habitual, un sortilegio todavía más apartado y secreto. Y ésa fue la hora que eligió Blanca Morel (Madrid, 1970) para visitarnos, en coherencia con el tema y con el tono de su último libro.

Suma noche, publicado en Barcelona por Godall Edicions en la primavera de 2025, es el notable resultado de un experimento: el de pasar seis días y seis noches sumergida en una oscuridad total, una penumbra sin metáforas. Morel se encerró sola, sin teléfonos y sin una sola luciérnaga de luz, y escribió con un nictógrafo este libro singular.

Blanca Morel
La poeta Blanca Morel, nocturneando en La Plaza Invisible. / Foto: J. M.

Juan Marqués / @jmarquesmartin

José Bergamín dijo una vez que, en literatura, «no hay nada peor que lo hecho adrede», y eso es algo con lo que en principio, y particularmente en lo que respecta a la poesía, yo tiendo a estar de acuerdo: eso de los proyectos en verso es algo que despierta mi desconfianza, porque parece que se encomiendan menos a la inspiración que a un cronograma, un plan, un mapa… Y la poesía es un poco la impugnación de todos los planes, lo contrario del cálculo, la abolición de los calendarios, la anulación del espacio…

Pero precisamente esto último, tratar de sumergirse en la ilusión de vivir fuera del reloj, fuera de los planos, es lo que se diría que intentó la poeta Blanca Morel (Madrid, 1970) cuando se le ocurrió encerrarse durante un tiempo indeterminado (que acabó siendo de seis días y seis noches) «en un pequeño apartamento junto al mar».

Lo explica ella misma en la nota prologal: aunque veremos, al acabarlo, que el libro está finalmente datado en Madrid el 12 de octubre de 2023, fue entre 23 y el 28 de junio de ese año cuando tuvo lugar un experimento personal que también pasó por pintar a oscuras. «No había persianas y empapelé las ventanas con papel negro». Lo hizo sola, sin pantallas, en silencio, tras haber acopiado algunos pocos alimentos suficientes. Y lo hizo, dice «sin expectativas», es decir, sin proponerse escribir un conjunto de poemas,«simplemente me dejé llevar por el impulso de sumergirme en las tinieblas».

hay cierta ilusión de salvajismo, de volver atrás en el tiempo y en la evolución hacia formas de vida más instintivas, acuciantes y elementales, aparte de peligrosas y deliberadamente irracionales

Si en su anterior libro, Polvo (publicado en León por la editorial Eolas en marzo de 2023), Morel se detenía en «la belleza de ser traspasada por la luz», es ésa una hermosura que queda arrinconada, pues, a pesar de que desde el encierro la autora escucha a veces a la gente pasear hacia la playa, la única luz que la va a bañar a ella es la que se abre cuando ya no soporta el apetito: «una mujer abre la / nevera // el mundo se / ilumina».

En esa noche que dura una semana habrá, por supuesto, poemas escritos a las cuatro de la tarde, pero para ella todo es pronto un no-tiempo confuso en el que duerme cuando tiene sueño, come cuando tiene hambre, se ducha a tientas cuando le apetece y vaga por la casa a trompicones, familiarizándose con las esquinas, los objetos, las alturas.

El verano permite además la permanente desnudez, y eso, aparte de dar lugar a una de las páginas más inspiradas del libro («permanezco desnuda / hay un poder en no protegerse»), contribuye a que conforme se avanza en la lectura se adivine una creciente animalización, que ella identifica con una loba, y que haya cierta ilusión de salvajismo, de volver atrás en el tiempo y en la evolución hacia formas de vida más instintivas, acuciantes y elementales, aparte de peligrosas y deliberadamente irracionales.

poco a poco, se va deshaciendo la propia identidad («soy madre e hija de mí»), poco antes de que, previsiblemente, también falle el lenguaje y, como el propio libro admite, «las palabras se descoyuntan»

De hecho, diría que aquí se renuncia a la razón por lo mismo por lo que, muy al principio, se renuncia a contemplarse en un espejo ciego: no tiene sentido. Mucha más información se obtiene de aguzar el oído y escuchar lo que viene de fuera: «no puedo ver lo inmenso y oscuro / pero yo amo de lo oscuro al que escucho cantar». Y esa especie de metamorfosis queda confirmada o consumada cuando se decide acabar el encierro, lo cual vale por decir que se decide acabar el libro: «esta noche abriré la madriguera / la oscuridad me está echando». El pequeño apartamento humano se ha convertido en una guarida carnívora.

También, poco a poco, se ha ido deshaciendo la propia identidad («soy madre e hija de mí»), poco antes de que, previsiblemente, también falle el lenguaje y, como el propio libro admite, «las palabras se descoyuntan», dando lugar a páginas de puro significante, sin significado o, cuando menos, de significado difícil de descifrar, puro aullido ya. Si no supiéramos que el libro se escribió con un nictógrafo, parecerían esas páginas finales el resultado de un puro tecleo azaroso en el ordenador. Pero era más convincente la teoría metapoética anterior, no tanto la práctica: «el poema nace en lo oscuro / y florece en la luz / o en ella se quema».

Y en todo caso, al fin y al cabo a la poesía le sucede lo mismo que a la fotografía, por sucederle lo mismo que a la propia visión: «la luz siempre irá en tu busca / la luz es una espada / la oscuridad te dará cobijo si no tienes miedo de su cuerpo de oso / el alcance es inmenso / la luz es una espada / corta la oscuridad / y el filo de la luna corta el párpado íntegro de las tinieblas». Al parecer no hay forma de escapar de la luz.

*Epílogo de Emilia Conejo, autora admirada -y reseñada- en La Línea Amarilla.

Blanca Morel

 

la que ama no conoce el infierno

el infierno es de la que ama y desea ser amada

 

entre dos aguas

amando y deseando

 

sedienta es

la noche oscura

 

*Ficha bibliográfica: Blanca Morel, Suma noche, Barcelona, Godall Edicions (col. Alcaduz, nº 19), 2025 (mayo). Epílogo de Emilia Conejo.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Deja un comentario!
Por favor introduce tu nombre